Anoche (sábado) el invierno fue una mortaja helada para los que durmieron a la intemperie. Pero hace un año escribimos exactamente sobre lo mismo: los descastados. La gente que vive en situación de calle ¿Por qué nos repetimos cada año? ¿Es el Día de la Marmota? ¿Caímos en un bucle temporal? ¿Perdimos el agujero del mate?
La hipocresía de todos nosotros frente a las personas que duermen en la calle en el invierno más crudo
En verano llamamos al 911 para que se los lleven y en invierno nos agarra la culpa. Las internas por los nuevos refugios y la tensión entre política e Iglesia
No es raro dar una vuelta al sol, como el clima, y que los problemas no se resuelvan. ¿Qué cambió entonces en esta temporada 2025? Que este año hay elecciones, lo que eriza los ánimos de todo el mundo, y que el invierno será probablemente el más crudo en medio siglo. Entretanto, afuera hay gente que duerme entre cartones, frazadas, trapos, ropa vieja, perros de la calle, algún tacho, y el abrigo que cualquier estructura urbana le pueda dar: un puente, una acequia, un banco de plaza, un pozo, un árbol, una iglesia o la entrada de un banco.
Fueron dos muertes y un comunicado que a la política le dolió en el alma los hechos que pusieron el asunto otra vez sobre la mesa. Nadie lo va a decir. Pero muchos funcionarios se indignaron con el Arzobispado de Mendoza, luego de una comunicación que enviaron el sábado 21, el primer día del nuevo invierno, contando sobre dos personas fallecidas. Porque ambos hombres estaban “institucionalizados”. Uno de ellos venía de Junín, con una familia ubicable. Lo habían “abordado” (así se dice) y no quiso volver con sus hijas. El otro, de Ciudad, acababa de salir de un albergue e intentaban convencerlo para volver a otro. No quiso, por los límites horarios que les imponen -por una cuestión de convivencia- y porque no le dejaban llevar su perro, tan de la calle como él. Neumonía bilateral. Lo internaron en un hospital local y luego lo trasladaron a Tunuyán, donde murió. “No aparecieron congelados en una plaza” dice uno de los funcionarios, que se siente apuntado por la pluma aguda de los curas.
Municipios y gobierno se indignan ante el reclamo, porque es verdad que hacen cosas. El viernes último a las 20.30, con temperaturas de un dígito, aún quedaban 30 lugares disponibles en los refugios oficiales de la provincia: dos administrados por la organización Remar -uno de hombres y otro de mujeres- y uno más de una fundación evangelista, “El Camino”. Son permanentes y abren todo el año. Representan un techo, abrigo y aseo. Habría que colgarles el cartel “hay camas”. Pero no es tan sencillo.
Situación de calle, cada quien es una historia
Cada persona en situación de calle es una historia y un caso particular, y significa un modo distinto de resolver, si es que se puede. Porque no es cierto que todos ellos quieren vivir en la calle.
Sí es verdad que algunas de estas personas son más difíciles de abordar. Hay problemas de salud mental. Los especialistas del Ministerio de Salud tienen bien aleccionados a los funcionarios que deben administrar esta cara de la pobreza: “Nadie que pasa tres días seguidos en situación de calle total llega con sus facultades mentales intactas”, advierte uno de los que toma decisiones. El viernes tomó el teléfono para advertirle al intendente de Guaymallén, Marcos Calvente, que algunas personas se estaban instalando con carpas improvisadas junto a la Virgen que preside la entrada a Mendoza, en el cruce de los Accesos Sur y Este. Guaymallén tiene un equipo social poderoso para atender estos casos.
Uno de los lugares calientes del problema es la Dirección de Contingencias Sociales de la Provincia. Es la dirección de los desesperados. Reparten unos 1.300 módulos alimentarios al mes. Algunos son para la gente en situación de calle. Esos módulos traen leche en polvo, aceite, azúcar, harina, tres tipos de fideos, sémola, puré de tomates, arvejas, mermelada, arroz, yerba -molida y en saquitos- y té. La comandante de esa nave de salvataje es Priscilla Segura. Cuenta con un equipo de trabajadores sociales de lujo. Muy metido. Muy comprometido con los problemas. Saben hasta el nombre de las familias -cuando las hay- y de los perros de las personas en situación de calle. Por años, vivieron desbordados y apagando incendios. Tienen contabilizadas a unas 250 personas sin hogar, más los que se suman de manera ocasional. “Podrían llegar a 350…”, dice una fuente del Gobierno. Para la Iglesia, son más de un millar. Y la discusión se ha puesto difícil.
El rol político de Monseñor Colombo
Desde la llegada de Marcelo Colombo al Arzobispado, la Iglesia de Mendoza fue adquiriendo un fuerte perfil social. No se guardan mucho -casi nada- en sus opiniones. Son ásperos con la política, como lo es la realidad. Vienen trabajando la situación de los descastados desde la Pastoral Social y la Pastoral de la Calle. Dan de comer, tienen el Patio Callejero y en la Iglesia de la Merced hay dónde tener un desayuno, una ducha, tomar un respiro de la vida más difícil que se pueda imaginar. Por las tardes hay talleres y atienden más de un centenar de personas al día. Son un milagro en sí mismos. Pero en el revoleo de responsabilidades, los intendentes y el Gobierno andan a la defensiva. Colombo es un cuadro político de alto nivel y preside la Conferencia Episcopal Argentina. No es el único hueso duro. Veamos.
“Todos queremos al padre Marcelo. Y todos valoramos lo mucho que trabaja para las personas en situación de calle. Pero el comunicado de la semana pasada fue innecesario, incorrecto. Siempre podemos hablar para resolver las cosas”, dice uno de los funcionarios consultados para esta nota.
Otro es más duro: “Todos les abren los micrófonos a los curas, y eso está bien. Pero cuando les pedimos a ellos que abran los salones parroquiales para albergar a la gente en situación de calle, nos mandaron a decir que no tenían instalaciones ociosas”, dijo otro. Pongamos estas afirmaciones bajo la lupa.
El cura Marcelo De Benedectis es un gran comunicador. Delegado Episcopal para la Pastoral Social, es fuente frecuente, invitado y persona de consulta de medios y periodistas de Mendoza y del país. Además, es una topadora social y humanitaria. Muy probablemente le importe un bledo la preocupación de ningún funcionario ni persona de la política, si hay que atender primero una situación desesperada. Fue el que frenó los desalojos que empezó a hacer la Policía en febrero. Sería un gran candidato para cualquier partido político, de paso. Sí hay que admitir que el comunicado de la Iglesia del sábado 21 pareció destemplado, fuera de tono. Pero consiguió su objetivo final: puso a todo el mundo a bailar sobre las brasas, hasta que aparecieron más camas.
Dos mudanzas, dos problemas
Hubo situaciones que para este invierno pintaban graves. Las quejas de habitantes y comercios de la Ciudad de Mendoza representaron una presión importante para ejecutar dos mudanzas: la Dirección de Contingencias Sociales se mudó desde su antigua sede en la 5ta Sección de Ciudad, a la Avenida San Martín 2520 de la capital, frente a La Alameda y cerquita del cruce con Gutenberg. La otra fue la del refugio de El Camino. Se fueron de la calle Patricias Mendocinas de la Ciudad. Ahora están en Corralitos, Guaymallén. Eso es lejos de la Capital, donde está el principal sitio de supervivencia de las personas en situación de calle.
Por eso el problema social y político es más complejo para el intendente de la Ciudad, Ulpiano “Yayo” Suarez. Los conflictos frecuentes y la gente en situación de calle rondando el Barrio Cívico y la 5ta exasperaron a los vecinos, que a su vez enchufaron a los funcionarios “al inflador” hasta que la situación fue insostenible.
Pero bueno, la Ciudad ya no es un pueblo grande del interior. Es una gran capital con los problemas urbanos que le son propios desde ahora y para siempre. Ello no quita que en la municipalidad están ardidos. Sienten que están heredando una bomba atómica.
Salieron a dar cifras. Abordaron a ciento cincuenta y seis personas este año. Treinta y tres son oriundas de la Ciudad. Cuatro son mujeres de entre 25 y 45 años de edad. En un comunicado, dijeron que “de detectar a mayores de 60 años, el equipo social de Personas Mayores de la Muni articulará con la Dirección del Adulto Mayor de Provincia para incorporarlas en alguna residencia de larga estadía o alquiler temporario que les permita mejorar su calidad de vida y dejar la situación de calle”.
Esto último no es sencillo. No hay muchos particulares dispuestos a alquilar propiedades al Gobierno o los municipios para refugiar a estas personas. Ulpiano Suarez se cargó el problema al hombro, con el Gobierno y la Iglesia. Tampoco tenían mucho espacio para hacer algo distinto que resolver. Como se pueda.
El refugio del Huentala
El otro drama fue que hasta último momento no se contó con el refugio propuesto el año pasado por la sociedad propietaria del Hotel Huentala. El miércoles por la mañana, luego de que se supiera que Yayo Suarez aportaría las instalaciones de un Centro de Integración Comunitaria para un refugio propio de la Ciudad de Mendoza con quince plazas, apareció Ronit Camsen, hija del empresario Julio Camsen, con un paliativo importante: pondrían a disposición otra vez unas instalaciones de la calle Primitivo de la Reta para refugiar a unas cuarenta personas más.
La Iglesia aportará la comida, el municipio la gestión del lugar, los privados a través de la Fundación Huentala lo harán con las instalaciones y habrá una ayuda extra del Ministerio de Seguridad para evitar conflictos: un policía de guardia nocturna. Por las dudas. Cuesta 20 millones de pesos al mes, pero no lo pagará la Ciudad. Las camas son las que había aportado el Liceo Militar General Espejo el año pasado, por un convenio con la municipalidad.
Ese refugio abrió anoche (sábado) a las 20 y las personas que lo utilicen serán previamente censadas y seleccionadas por la Iglesia. Está impecable. Tiene las cuarenta camas que estuvieron armando con personal municipal y de la fundación, cuatro baños completos, sector de duchas, lavamanos con unos espejos enormes, una zona para comer, alfombras y tonos color pastel. Se siente cálido y cómodo. Funcionará de 20 a 11 hasta el 31 de agosto.
Ayer sábado a la mañana se firmó el convenio entre la municipalidad, la fundación y el Arzobispado. El anuncio se mantuvo en reserva hasta la noche del viernes, antes de que el frío empezara a apretar en serio. Anoche (sábado) , 38 personas pudieron dormir en el refugio cuatro estrellas. En el Gobierno recibieron la noticia con los brazos abiertos y algo de desazón. “Nadie quiere ir a los otros refugios después de pasar por el del Huentala”, dicen. Nada es perfecto. El viernes a la noche, en prevención del frío, el Ministerio de Seguridad difundió teléfonos para avisar a quien vea a personas en situación de calle:
En definitiva, todos hacen algo pero nunca alcanza. Y a veces se produce algún paso de comedia. Como la reunión que hubo en el seno de la Comisión de Derechos y Garantías Constitucionales y Peticiones y Poderes presidida por José Luis Ramón, el diputado de las frazadas que pertenece al bloque neoperonista “Consumidores y Ciudadanos”. Citaron a todas las organizaciones, ONG y grupos que trabajan con personas en situación de calle. Pero ninguna de estos refugiados fue parte. A los legisladores habría que organizarles recorridas nocturnas. El problema más grave es de noche.
Iglesia, evangélicos, ONG, organizaciones voluntarias y voluntariosas, gente que sale de noche a compartir una comida caliente o a cocinarles a las personas en situación de calle, los municipios, la Dirección de Contingencias Sociales, los refugios provinciales y locales que hay en Capital, Godoy Cruz, Guaymallén, Las Heras, Junín, San Martín, fundaciones. Todos hacen, aun así el problema crece porque estamos vaciando el océano con cucharitas. En las organizaciones pastorales insisten con que no hay un diagnóstico claro -siquiera- de cuánta es la gente en situación de calle. Por eso hablan de más de mil, según sus conteos.
Beber hasta las 19
La calle es cruda. Una de las operadoras sociales les contó a sus jefes que el miércoles pasaron una hora tratando de convencer a una persona en situación de calle que fuera a uno de los refugios. No pudieron. El hombre -de 58 años- se quejaba de que no le dejaban tomar. Tiene problemas de alcoholismo. Negociaron que tome hasta las 19 y pase la noche sin beber, hasta la mañana siguiente. Fracasaron.
La institucionalización no alcanza a todos. Tampoco son permanentes los puentes que existen. Hay una conexión directa entre Contingencias Sociales y Salud Mental. Algunas personas son detectadas, diagnosticadas y llevadas a El Sauce o al Hospital Escuela de Salud Mental Carlos Pereyra. Pero, en algún momento, los tienen que sacar.
Algunos de los consultados aportan experiencia en gestión social. “El más fácil de abordar es el que se cayó a la calle por problemas económicos. El que perdió hace poco el trabajo, o no pudo pagar el alquiler. Es el que quiere volver”, dice un funcionario. En estos casos, un subsidio para pagar un alquiler por unos meses ayuda, aunque a veces siguen viviendo con estrategias de supervivencia de calle.
Los últimos descastados son algunos presos que acaban de salir de la cárcel y que son rechazados por sus familias, no consiguen trabajo ni tienen dónde caerse muertos, como no sea en la calle. Suelen aceptar los refugios.
Otra de las operadoras que trabaja en una de las áreas sociales afectadas a este problema aporta una visión descarnada: “La gente en situación de calle genera compasión social en invierno. Pero en temporada de calor, si se ponen frente a la casa de algún vecino, te aseguro que llaman al 911”, cuenta. Algo parecido a lo que pasó el último verano, cuando comerciantes y profesionales cercanos a la plazoleta Almirante Brown empezaron a quejarse de hechos de inseguridad.
Las grandes ciudades son el centro de salvación de la gente en situación de calle. “Los hay hasta en Washington; una plaza a pocas cuadras de la Casa Blanca está tomada por homeless”, cuenta un funcionario que estuvo allí en noviembre, con el frío incipiente del otoño norteamericano. Luego cuenta que hay negociaciones imposibles. “A la persona que está en Colón y San Martín, al lado de los Jesuitas, no la sacamos más. Ese no cambia ese lugar por ningún refugio. Ahí tiene su comida diaria con la gente que pasa, cerca de los bancos, el público de la iglesia, el Correo, cerca de los tribunales. Esa esquina es su herramienta de supervivencia”.
Hay historias más complejas. Los casos de violencia de género en familias que no pueden afrontar dos alquileres suelen terminar muy mal y con alguien en la calle. Ya hay tres refugios para mujeres golpeadas ubicados en el Gran Mendoza. Sus locaciones son reservadas, para evitar males mayores con sus ex parejas. Luego, están los excluidos del hogar por la misma razón, que no tienen dónde vivir y caen en situación de calle.
Eso trajo aparejada otra novedad: también hay un refugio oficial -a cargo del Gobierno- para hombres golpeadores que desbarrancaron en situación de calle por no poder afrontar la vida dividida en dos cuentas para pagar. Así de arenosa es la crisis social que nos agrieta. Mucho más profunda de lo que podemos percibir.











