El sismógrafo político no supo detectar el terremoto

A los mendocinos todo lo que pase en Chile nos genera un fuerte tinte de familiaridad. Nos hermanan muchas más cosas que los terremotos. Tenemos con los chilenos esa ligazón que se logra con los amigos o con los primos. Por eso es que nos inquieta de manera particular toda la convulsión social generada tras la cordillera, en particular los muertos por la violencia.

Necesitamos entender qué está pasando en un país que, hasta que llegó "la invasión de los alienígenas", era sinónimo de previsibilidad y eficacia.

Las lecturas de los analistas son variadas. Quienes más conocen el paño coinciden en un punto: esto no tiene que ver con extraterrestres. Esta es una movida generada sobre todo desde la clase media para pedir que se los tenga en cuenta o, mejor dicho, para exigir que se los incluya en los beneficios que genera la estabilidad lograda en el país.

De Cristina a Cecilia

No es como dijo Cristina Kirchner una rebelión popular contra el modelo económico que, a modo de política de Estado abierta al mundo, viene sosteniendo Chile desde que se restauró la democracia en 1990.

Ni es tampoco, como sostuvo el chavista Diosdado Cabello en Caracas, un ventarrón bolivariano que viene a poner en vereda a los países que han decidido salir de la lógica populista.

Una de las mejores definiciones la ha dejado Patricio Navia, un experto trasandino en economía: "Los chilenos no quieren cambiar el modelo económico, quieren ser parte de los beneficios". 

La esposa del presidente Piñera, Cecilia Morel, autora de la famosa frase de que la crisis semeja una invasión de extraterrestres, aportó también un dato clarísimo: ha llegado la hora de eliminar algunos privilegios.

Bordón dixit

Con otras palabras, eso ya lo había marcado el embajador argentino en Chile y ex gobernador de Mendoza José Octavio Bordón. Fue cuando expresó que la creciente clase media de Chile está exigiendo nuevas demandas no satisfechas. Y es el mismo desarrollo del país el que ha sacado a la luz estas aspiraciones.

Bordón dio otra clave: si bien el modelo chileno se mantenía en ascenso desde el regreso a la democracia, en los últimos cinco años, y por razones tanto domésticas como internacionales, se ha frenado de a poco ese crecimiento y la política no ha estado demasiado atenta para actuar a tono.

Antes del fuego

Esa falta de previsión es la que explica por qué un alza del 4% en los boletos del metro terminó siendo la mecha que prendió el fuego. Antes de eso hubo alzas en la mayoría de los servicios públicos pero no así en los salarios. Hay cosas que el mercado no ordena. Esa tarea, entonces, es de la política.

Este año la proyección positiva de la economía cayó a menos de la mitad de los porcentajes habituales, lo que es atribuido a las guerras comerciales de China y los Estados Unidos.

¿Que se vayan?

Ponga atención lector/a, a esta definición del ya citado Patricio Navia, que es además profesor en la Universidad de Nueva York: "Las protestas en Chile son por inclusión, no para que se vayan todos y se joda todo".

Este analista agrega que es como si el modelo chileno hubiera llevado a la clase media chilena hasta las puertas del cielo y luego no les hubiera permitido entrar.

Hay varios reclamos de ese sector social que aún no han tenido respuestas a pesar de que vienen de hace largo tiempo. Por ejemplo, los déficits del sistema educativo, los altos costos de la salud, los problemas previsionales o los sueldos que no se condicen con los de una economía competitiva. según reseñó Bordón.

Todo eso parece haberse juntado ahora para producir una especie de tormenta perfecta. Un aguacero fenomenal del que muchos quieren guarecerse y del que otros buscan encauzar la correntada hacia sus propios molinos.

Desde la capital del mundo

The New York Times lo sintetizó con elegancia cosmopolita: En el paraíso también hay revueltas.

El diario norteamericano ha dicho que la desigualdad no es nueva en Chile, pero hasta ahora se había tolerado por la promesa de estabilidad y por la reducción de la pobreza y la expansión del consumo.

Ha sido Piñera el que se ha enfrentado a la realidad más dura: el país vive una desaceleración económica y se ha rasgado la quimera del crecimiento permanente.

"Esa ruptura ha atizado el fuego de la desilusión que ha detonado con ferocidad en estos días", concluye el diario neoyorquino con esa verba poética que permite la lejanía.