El intendente de La Paz, Fernando Ubieta, lo hará de nuevo. Hace unos días regaló a cada familia del departamento pollo, helado y cajas con comestibles navideños. Esta semana de Reyes sale a obsequiar juguetes a todos los niños de ese municipio. Otra vez casa por casa. Él no discrimina. Regala a todos. A pobres, a ricos, a los de clase media. Les haga falta o no. ¿De su bolsillo? Naaaa. De los fondos públicos.
Sigue el regaloneo, la forma de hacer política del intendente Ubieta
A Ubieta le cuesta creer que eso pueda significar un dispendio de fondos públicos o una intromisión en la vida privada de quienes están en condiciones de hacerse cargo de los regalos de sus hijos. Este es un intendente empeñado en utilizar parte de los fondos de esa comuna "pobre" (el calificativo es de él) para remedar, a escala, claro, y muchos siglos después, aquella mítica multiplicación de peces y panes.
Este jefe comunal peronista es de palabra. Ya nos había adelantado que "volvería a repartir las cajas una y mil veces". Eso lo advirtió con firmeza hace unos días cuando algunos periodistas que buscan la roña se preguntaron si no habría una supuesta mala utilización de fondos públicos en ese acto generoso cuyo único fin, ha bramado Ubieta, fue el de hacer feliz a la gente.
El generoso
De esas "una y mil veces" prometidas con enojo y pasión, la de los juguetes vendría a ser "una", por lo cual aún le queda "mil veces" para hacer felices a los paceños. Pero sucede que ahora nos hemos enterado que en el último Día del Niño ya hubo una entrega similar, que sirvió como prueba piloto. En ese entonces no trascendió quizás por la cuarentena. La pregunta entonces es: ¿no serán entonces 999 la verdadera cantidad de entregas que le faltan realizar al generoso servidor público paceño?
Ubieta no duda: "lo de los juguetes es un gesto para los niños de La Paz, que se lo merecen. Es un acto de gobierno como cualquier otro". Y vean esta otra explicación porque es iluminadora: "Es como si, en otro momento, sin pandemia, yo hubiera contratado sonido y un grupo de Buenos Aires para hacer una fiesta en la plaza y que los niños estuvieran felices en el Día de Reyes".
Queda bien claro entonces que hay determinadas fechas del calendario en que hay que gastar a como dé lugar, aunque se trate, como en este caso, de un municipio pobre cuyo hospital es una lágrima, dicho por el propio Ubieta. Fíjese, lector, que en la concepción de este político para hacer felices a los niños paceños una de las formas es gastar en "un artista de Buenos Aires".
Pobres ahijados
Lo suyo con respecto a los niños tiene más semejanza con esos padrinos culposos que se desentienden de sus ahijados y un día los llenan de regalos, que de político republicano cuidadoso del dinero de los contribuyentes.
Ubieta dice, abriendo el paraguas, que ha licitado la compra de 5.000 juguetes por $1.400.000 para que cada niño "tenga un regalito" del que vendría a ser un tío rico. "Vengan a preguntarle a la gente de La Paz qué piensan de las medidas que he tomado".
Una de las interpretaciones más singulares de Ubieta sobre las críticas a su política de regalonear fue la siguiente: "la prensa nunca se acuerda de La Paz y ahora se ocupan de nosotros para quitarle presión al gobierno de la Provincia que debería estar dando respuestas sobre sus responsabilidades en el tremendo femicidio de Florencia Romano".
Digamos, para no hacerla más larga, que a los niños lo que los hace felices es sentir el cariño de sus padres, de sus abuelos y demás familiares directos y, claro, el de sus amigos, es decir toda gente que los quieren bien. El regaloneo de Ubieta es otra cosa. Muy distinta.


