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Sergio Rocamora, el aspirante a ser juez que no se rinde

Rindió varios concursos en los últimos años pero nunca fue promovido. Hoy tiene expectativas en dos ternas para otras provincias y, además, en el concurso para la Cámara Federal de Mendoza

Sergio Rocamora tiene 57 años y es padre de cinco hijos. Es abogado. Fue funcionario y apoderado legal municipal. Y asesor en derecho de los consumidores, que es su perfil favorito. En los '90 se lo conoció públicamente a través de Prodelco, aquella institución señera para la defensa y la educación de los consumidores mendocinos. Después se dedicó a la función pública.

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Sergio Rocamora hoy; con nueva figura y despojado de la barba de los ´90.

Sergio Rocamora hoy; con nueva figura y despojado de la barba de los ´90.

Siempre ligado al peronismo. De hecho, de militancia y hasta con ficha de afiliación. Hasta que hace algunos años Rocamora entendió que debía poner fin a esa vinculación política, al menos desde lo documentado para que su participación fuera absolutamente objetiva. Entonces, se desafilió aunque su corazoncito late al ritmo de La Marchita.

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Puso fin a la afiliación al peronismo porque comenzaba a transitar un largo camino que debía estar despejado de cualquier indicio de vinculación partidaria. Un camino sacrificado que se le alargó mucho más de lo que él esperaba. Porque Rocamora quiere ser juez. Pero en los últimos años ha rendido casi una decena de concursos y exámenes para ser magistrado en distintas ciudades del país y los resultados finales le han sido esquivos.

Ahora Rocamora está frente a un nuevo desafío: integra la nómina de diez aspirantes a ocupar dos vacantes de la Cámara Federal de Apelaciones de Mendoza. En las Salas A y B. Este proceso está a mitad de camino porque está en manos del Consejo de la Magistratura de la Nación, que ya lo entrevistó como a los demás aspirantes.

A futuro, el desenlace estará a cargo del Presidente de la Nación y del Senado nacional.

Cómo fue su desempeño ante los consejeros puede verse en este video.

Entrevistas Personales de la Comisión de Selección 17-11-2020

Pero el concurso número 409 del Consejo de la Magistratura de la Nación no es el único desvelo del ex funcionario de Tránsito y también apoderado legal de Luján en épocas del peronismo porque Rocamora figura en otras ternas del Consejo de la Magistratura de la Nación para cubrir otros cargos de la Justicia Federal en otras provincias. Como Buenos Aires. Y Mar del Plata.

En febrero último hizo algo extraordinario: rindió examen en Capital Federal para ocupar uno de los dos cargos que los cuestionadísimos camaristas federales porteños Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi dejaron vacantes. Rocamora sabe que haber participado de ese concurso -habilitado por la Corte de la Nación a fines de 2020 tras un largo minué de disputas políticas- fue como haber jugado durante unos minutos en la NBA.

Años atrás participó de otros concursos pero todo terminaba para él cuando el Consejo de la Magistratura no lo incluía entre los recomendados al Presidente.

Como el abogado perseverante de los muchos concursos rendidos para ser juez también se lo conoce y reconoce a Rocamora, que aprovechó el confinamiento por la pandemia de coronavirus para estudiar pero también para ponerse en línea. Desde lo físico. Por la salud y la estética. Quienes lo han visto después de mucho tiempo advierten lo evidente: su figura se ha estilizado.

¿Qué implica rendir muchos concursos, casi en simultáneo, aparte de la lógica expectativa y del esfuerzo intelectual por acceder a un cargo de juez de la Nación? Sin dudas una fuerte inversión económica que los aspirantes deben costear de su propio bolsillo: para viajar a los lugares donde se habilitan las mesas examinadoras, para alojarse en las inmediaciones y para trasladar hasta allí las maletas con las pertenencias, especialmente los libros, los códigos, los tomos y demás apuntes.

La experiencia de Rocamora es la de muchos aspirantes a usías que apuestan a alcanzar un puesto rindiendo exámenes a más de 1.000 kilómetros de sus casas. Porque las evaluaciones del Consejo de la Nación -como las del Consejo de Mendoza y otros- se rinden en persona. Cara a cara y no hay virtualidad que valga, al menos en esta etapa.