Macri pateó el tablero con Miguel Pichetto. Fue una jugada tan inesperada como lógica.
La necesidad de abrir Cambiemos y de sumar la pata peronista explica primariamente la integración al proyecto reeleccionista del líder del principal bloque opositor en el Senado.
Ya Alfredo Cornejo venía pidiendo sonoramente la ampliación de Cambiemos para que se convirtiera en una verdadera coalición, aun cuando parecía inimaginable que se podría sumar algún dirigente de Alternativa Federal.
"Juntos por el Cambio" implica un giro rotundo de la estrategia de estos años del Pro que venía encerrado en sí mismo, negando también al radicalismo participación en la toma de decisiones gubernamentales.
Lo de Pichetto resulta lógico porque, pese a sus críticas públicas a la gestión de Macri, el senador vitalicio de Río Negro ha sido un artífice en la aprobación de leyes fundamentales para el Gobierno.
No es menor la sintonía de Macri con el flamante integrante de su fórmula, que se evidencia en opiniones, gestos y acciones, como la visita que el senador hizo en abril a EEUU, donde habló en favor de la gobernabilidad y del cumplimiento de los compromisos de deuda. Eso también explica, en parte, la reacción eufórica de los mercados ante la confirmación de la fórmula que, a priori, aparece como competitiva.
La traición peronista
Es la palabra más usada por los cristinistas a la hora de vilipendiar a Pichetto. En realidad, un repaso por la historia o, si se quiere, por la actualidad es hacer un recorrido por ejemplos profusos de traiciones, enconos y reconciliaciones dudosas.
Pocos han sido tan letales contra los gobiernos de Cristina, como Alberto, su ungido para encabezar la fórmula. Qué se puede decir del comportamiento errático de Sergio Massa, el encargado de desinflar sus propias posibilidades por su pasión especuladora. ¿Pichetto no fue traidor cuando pasó de ser un referente verticalista del menemismo a vocero del kirchnerismo en el Congreso? ¿Y qué hay de los Moyano?
El Día de la Lealtad ha devenido simbolismo hueco.
¿Y los radicales?
El pueblo radical está preso de sensaciones encontradas. La cúpula celebra la designación de Pichetto, porque venía pidiendo sumar sectores al espacio, y porque tiene margen para negociar protagonismo en un eventual gobierno de Macri, como reclamó la Convención.
Es más, también tuvo conversaciones proclives a la nominación de Pichetto con la participación de Ernesto Sanz y, desde hace rato, se baraja la posibilidad de que Cornejo vaya a la Cámara de Diputados para participar de las decisiones de la coalición desde ese rol.
Enemigos íntimos
Preparémonos para una campaña furibunda. A todo o nada. Va a haber una fuerte confrontación en el terreno político tradicional y en el ámbito de la redes. Los trolls y la campaña sucia estarán a la orden del día. Circularán todo tipo de versiones y descalificaciones.
Ya en el espacio de la arena política oficial, los discursos tendrán basamento en los pares de opuestos ideológicos y simbólicos nutridos por certezas y prejuicios.
Asistiremos a consignas que se plantearán de uno y de otro lado de diverso modo: la república democrática vs. el populismo autoritario; el neoliberalismo macrista vs. la soberanía económica; los planes del Fondo vs. la revolución chavista-madurista; integración al mundo vs. integración con países dignos; fuga de capitales vs. asociación ilícita; libre comercio vs. proteccionismo; ajuste vs. despilfarro...
El telón de fondo será la situación económica, determinante para inclinar la balanza. En ese plano se tirarán con el presente empobrecido o con el cuco de volver al pasado. Ambos polos intentarán posicionarse como el futuro mejor. Y, entre propuestas y promesas, el método económico para el macrismo será continuar por este sendero ("es por acá"), que llevará al equilibrio y al desarrollo. Mientras que el cristinismo buscará postular el bienestar y consumo para la población ("antes se vivía mejor"), pero con el cuidado de formular recetas más contestes con el mercado. Otra vez: crecer para distribuir vs. distribuir para crecer.
Y el ciudadano, azuzado a votar en "contra de" o por el mal menor.


