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Los "ríos de sangre" y "el asco" hacia los moderados

El kichnerismo, en particular, y otros sectores del peronismo, en general, trabajan de manera desembozada para tratar de mejorar las imágenes de Mauricio Macri y la de Cambiemos, ambas en crisis.

Gregorio Dalbon, abogado de Cristina Kirchner, acaba de pronosticar que "si Cristina va presa, el pueblo saldrá a las calles y correrán ríos de sangre".

La ex presidenta no ha desmentido el brutal exabrupto de su asesor legal.

¿Ríos de sangre? Pareciera que ambos no tuvieran muy claro que en la Argentina ya corrieron ríos de sangre en la década del '70 y que los padecimos millones de argentinos.

Esos años oscuros solían ser reivindicados por los ex presidentes Néstor y Cristina Kirchner como aquellos que marcaron los ideales de la "juventud maravillosa".

La fastidiosa realidad

El disco duro de la realidad dice, en cambio, que fue un período en el cual el peronismo se salió de cauce y metió a la Argentina en una guerra infame entre  la extrema izquierda y la extrema derecha de ese partido.

Los '70 culminaron en una dictadura militar cuya brutalidad pocas veces se había visto en el país, al punto de hacer de la desaparición de personas un invento argentino.

Aquella tragedia nacional tuvo, sin embargo, un costado positivo. Hubo tanto sufrimiento en esos años, que en el ADN social de los argentinos se crearon los suficientes anticuerpos para sofocar cualquier proyecto político  inspirado en la violencia.

Este pueblo no se va suicidar y no habrá ningún "río de sangre" para salvar a una dirigenta que genera rechazo en buena parte de la población.

El bueno de Luisito

Como si lo de Dalbon-Cristina no bastara, el siempre activo Luis D'Elía, numen del piqueterismo kirchnerista, ha salido también corriendo hacia los micrófonos para echar más nafta al fuego.

Esta vez ha amenazado con que "si gana el kirchnerismo, todos los jueces que investigaron la corrupción K irán presos por haber encarcelado a nuestros compañeros".

"Compañeros" son gente tan honesta como Amado Boudou, Julio De Vido, José López, Ricardo Jaime, Carlos Zannini,  Cristobal López, Lázaro  Báez y su hijo Martín, César Milani, Núñez Carmona y varios más que, por caso, se convirtieron en millonarios por el solo hecho de haber sido secretarios o contadores particulares de Néstor y Cristina.

Todos ellos están acusados de escandalosos enriquecimientos con dineros públicos, algo que ha sido potenciado por la causa judicial de  Los cuadernos de las coimas, donde por primera vez un coro de empresarios de primer nivel ha confesado que cometieron el delito de pagar coimas  a los Kkirchner y a varios de sus funcionarios.

Para Luis D'Elía este "no es tiempo de moderados. Los moderados nos han metido presos. Yo veo un moderado y llamo a la policía, por asco. Un moderado es sinónimo de garca. Con la oligarquía y con el imperio no se puede ser moderado. Cuando volvamos, ni piedad".

Ese regreso, según Luisito, será para reponer el "nacionalismo popular revolucionario, con nacionalizaciones de la banca y estatizaciones de empresas y de todos los servicios públicos".

Parió la abuela

Como si no bastaran con esos ejemplos, otros dos peronistas históricos, el ex presidente Eduardo Duhalde y el millonario gremialista Hugo Moyano, que detestaban  a Cristina, y que ella los despreciaba con ardor por ser "lo peor del pejotismo", planean ahora volver a reunirse en pos de esa falsa unidad del peronismo cuyo único fin es derrotar a Macri.

En el hipotético caso en que efectivamente todos juntos derrotaran a Macri bajo la dirección estratégica (por supuesto) de Cristina Kirchner),  al otro día, el peronismo volvería a  ser  una lucha decadente de extremos y de intereses de facción.

Ocurre que el llamado "peronismo razonable" parece estar diluyéndose entre dirigentes como Duhalde y Sergio Massa que de repente han olvidado sus promesas de que nunca iban a transar con Cristina por ser ésta "puro pasado".

"Si tuve problemas con Cristina Kirchner ya me los olvidé", dijo Duhalde obviando  la catarata de descalificaciones que ella vertió durante años contra él  y la esposa de éste, Hilda Chiche Duhalde, a quien acusaba de vivir colgada del apellido de su marido.

También el desacreditado Moyano parece haberse olvidado de las diatribas que le profirió Cristina. La ex presidenta puso en su momento a Moyano en la lista de quienes  habrían causado la muerte de su marido por las presiones que ejercían sobre el entonces presidente Néstor.

¿Es acaso con gente como ésta que podremos los argentinos convertirnos en un país normal?

¿Será con dirigentes que auguran ríos de sangre, que sienten asco por la moderación política, que prometen el nacionalismo popular revolucionario de Venezuela, o cuya declarada "razonabilidad" es ofrecida de un día para otro al altar de una mujer vengativa que al asumir su segundo mandato prometió: "ahora vamos por todo?".

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