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Renunció la Administradora de la Suprema Corte de Justicia

Mónica González fue designada con acuerdo del pleno de la Corte. De carrera impecable en el Estado, optó por ponerse a salvo de la feroz batalla político y jurídica

Mónica González (60) ejerció el rol de Administradora General del Poder Judicial de Mendoza durante casi ocho años. Es decir, manejó la plata de la Justicia y rindió cuentas como establecen las normativas vigentes en el Estado provincial. Y en la Corte.

Su legajo profesional no revela ni una mácula. Sin embargo, y más allá de esto, que no es poco -sobre todo en épocas en que funcionarios políticos y gente que accedió a cargos electivos es juzgada por corrupción con fondos públicos-, Mónica González sorprendió a los ministros del máximo tribunal -sus jefes directísimos- cuando se presentó personalmente en sus despachos y les anunció que terminaba de renunciar. Súbitamente. Que iba a despedirse. Al final de un largo balance -típico de contador- de pros y contras.

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González, contadora pública nacional número 2.883, renunció al cargo para jubilarse, es verdad. De hecho ya cobra mensualmente el haber previsional ordinario que fija la ley. Sin embargo, que se haya retirado para jubilarse termina volviéndose anecdótico cuando queda al descubierto que la ex administradora del dinero de la Corte, cargo al que había accedido por concurso público, dio el portazo como consecuencia de la feroz batalla entre el Gobierno y la Justicia por los cargos equiparados.

Frente a la encrucijada, González priorizó su salud, que ya había dado señales de afectación frente a los tironeos políticos y jurídicos y los dimes y diretes que circularon como dardos por el Barrio Cívico.

Ya está, se dijo. Así, González logró jubilarse en poco más de un semestre.

Con la decisión tomada y los papeles en la mano inició los trámites en ANSES en marzo de 2020, mientras los fogonazos por los equiparados no cesaban. En octubre recibió la buena nueva de parte de ANSES. Ya estaba jubilada. Ya podía irse de la Justicia.

Entonces, cerró el círculo que ella misma comenzó a transitar hace casi 8 años cuando decidió presentarse en los despachos de los supremos para presentarse. En persona. Porque aunque ellos la habían elegido y habían insistido a través de terceros que accediera a reemplazar al histórico Alfredo Segura, el primero en ejercer ese cargo, que ya era equiparado al de magistrado, a González solo la conocían de nombre y de notas.

Y como aquella vez, Mónica González volvió a esos despachos y se despidió. Con la frente alta. Condición que no todos los que manejan fondos públicos pueden esgrimir.

Su carrera en el Estado provincial no es patrimonio exclusivo del Poder Judicial, al que ingresó dos años antes de ser designada administradora de la Corte. Llegó por concurso para ser Directora de Contabilidad y Finanzas y les ganó el puesto a casi cincuenta postulantes. Seis meses a prueba, fijaba la ley. Y la superó. Después vendría la chance de suceder a Segura y lo ya conocido.

Pero antes, en sus comienzos, cuando comenzaba sus casi 40 años de carrera en el Estado, Mónica González fue parte del Tribunal de Cuentas y de la Contaduría General de la Provincia. El primer paso lo dio en la Municipalidad de Santa Rosa.

Ha dado conferencias. Ha sido distinguida y premiada. Ha escrito libros y participado en trabajos académicos de alto vuelo. Ha participado de congresos de administradores de poderes judiciales de provincias.

Lo bien que hiciste, le dijeron muchos apenas se enteraron de que había renunciado.

Dedicarme de lleno a la docencia, les contestó a quienes le preguntaron qué hará en esta nueva etapa de la vida.