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La "remontada", ese viento que no le llegó a la Vidal

Editado por Manuel De Paz
mdepaz.2015@gmail.com

María Eugenia Vidal supo ser Gardel. Hoy está para el cachetazo. Por estas horas la acusan desde adentro del propio macrismo de haber bajado los brazos después de las PASO nacionales de agosto.

Y de no haber hecho todo lo posible para achicar más la brecha que la separó del candidato kirchnerista Axel Kicillof en territorio bonaerense.

"Ella podría haber hecho mucho más", es el estilete con que la pinchan algunos del mismo palo, es decir la peor astilla.

En la provincia de Buenos Aires no hubo "remontada" como la de la Macri en la nación y eso envalentona a los más amanuenses (léase a Marcos Peña, jefe de Gabinete, y compañía) a señalarla con el dedo por no haberse sumado con fervor a la estrategia del "Sí, se puede" que elaboró la Casa Rosada en 30 ciudades. 

Peña quiere recoger frutos de una planta que nunca sembró.

El Gordo

Jaime Durán Barba, el consultor estrella de Macri, preocupado por salvar la ropa tras sus fallidas predicciones de las PASO, se apuró a aclarar que el desdoblamiento de las elecciones en territorio bonaerense, que la Vidal reclamó ante Macri sin suerte, "no hubiera impedido la derrota de la gobernadora"

En una entrevista con Jorge Fontevecchia, de Perfil, Durán Barba opinó que  si ella hubiera desdoblado, sus adversarios la hubieran hecho pedazos porque le hubieran exigido que explicara la política económica de Macri.

Los asesores fieles a Vidal le respondieron con un informe donde aseguran que en esta elección presidencial Macri logró en la provincia de Buenos 700.000 votos más que en las PASO.

Pero fue como predicar en el desierto.

Bondad y maldad de la imagen

El de María Eugenia Vidal es uno de los casos más extraños de la política argentina. Hasta julio pasado era una de las figuras con mejor imagen en el país. Ahora es una de las más cascoteadas.

No siempre buena imagen es sinónimo de votos. Tanto Macri como Cristina han consolidado un núcleo duro de votantes cautivos, pero también de imagen negatíva. Estos últimos nunca los votarían.

La diferencia con la Vidal es que quizás su gobernación no le alcanzó para convencer de que su buena imagen iba de la mano de su capacidad de gestión. Tal vez a los bonaerenses independientes que la votaron hace 4 años (hartos de Scioli), ahora les haya molestado la fuerte sujeción de la gobernadora a los dictados de la Casa Rosada.

Una cosa es que un gobernador respete a la figura presidencial o a su partido en la Rosada, y otra que no se tenga en cuenta el orgullo provinciano.

La lealtad político-partidaria de un gobernador al presidente de la Nación es parte de un delicado equilibrio en el que se debe considerar casi igual de importante la lealtad que requiere el votante local.

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