Dijo Rodolfo Suarez, el candidato más perfilado para ser electo gobernador, que cada domingo de elecciones los mendocinos votan distinto.
Lo remarcaba con entusiasmo y convencido de que después de la derrota oficialista en las Paso del 11 de agosto los mismos electores cambiarán su voto para darle el triunfo el 29 de setiembre.
Esa creencia impregnó a todo el oficialismo, lo que motivó que los festejos fueran más estridentes que los del peronismo, pese a que éstos ganaron tres de las cuatro comunas en disputa. Aunque es cierto que en la contienda electoral los peronistas perdieron la más populosa del Este mendocino. San Martín era controlada desde 2003 por el peronismo, y Jorge Giménez buscaba su quinto mandato consecutivo.
El PJ tuvo triunfos contundentes en Tunuyán, Lavalle y San Rafael, sin embargo, Anabel Fernández Sagasti dice que no hay nada que festejar por lo que está pasando y por la crisis financiera. Lo que no dice es que la derrota en San Martín es un mal augurio para las elecciones del 29, lectura que sí hizo su principal rival, el intendente capitalino.
La candidata a la gobernación también planteó, en sus declaraciones tras los comicios, que ahora es fácil criticar a Macri desde el radicalismo local, pero remarca que Cornejo bancó todas las políticas de Macri que nos trajeron hasta acá.
Claramente, esas expresiones son una muestra de lo que será su estrategia de campaña. El peronismo provincial va a buscar nacionalizar la elección para capitalizar los votos que alcanzó Alberto Fernández en Mendoza. Para eso, también hablarán todo el tiempo del país y de Macri, intentanto traer al plano local la polarización imperante en el ámbito nacional. Y se insistirá en asociar a Alfredo Cornejo a ese proyecto.
Pero la estrategia tiene la debilidad de que al tratarse de una elección desdoblada, la cabeza de los electores, sin evadirse de la realidad económica que atañe a la Nación, estará más centrada en las candidaturas a gobernador/a, y a intendentes, cuyas comunas son gestionadas por el oficialismo.
Por su parte, el talón de Aquiles de Suarez es el rechazo que existe hacia Macri. Mientras que Fernández Sagasti tiene la desventaja de que esta vez no estarán en las boletas los intendentes peronistas que anticiparon sus reelecciones. Otro flanco débil de Anabel es que de tanto insistir con Alberto, se autoimpone limitantes para levantar el vuelo propio que le permitiría ser más competitiva por sí misma. El efecto arrastre del candidato kirchnerista puede resultar muy relativo en los comicios exclusivamente provinciales.
Pero además, aunque comparten la coalición, Cornejo no es Macri, y los respectivos gobiernos no se asemejan, si se los compara en los cumplimientos de objetivos y resultados. Y el candidato no es el gobernador sino Rodolfo Suárez, que acredita pergaminos propios.
Igualmente, la elección está abierta y está visto que todo puede pasar. Si no observemos el ejemplo de San Martín: en las primarias de abril el PJ, sumado, logró 25 puntos sobre Cambia Mendoza, y ahora Raúl Rufeil le arrebató la comuna por casi ocho puntos de diferencia. En el lapso de cuatro meses los votantes han variado su voto según lo que se esté jugando cada domingo, lo que no es menor.
Esta experiencia electoral nos está indicando que nadie tiene los votos asegurados, y que el soberano tiene la última palabra.



