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Ramón, la espuma

Editado por Manuel De Paz
mdepaz.2015@gmail.com

En los días previos a las últimas elecciones a gobernador de Mendoza, un periodista foráneo me dijo que le había llamado la atención la fuerte presencia de militantes del partido Protectora en lugares estratégicos de la ciudad. ¿Tienen alguna fortaleza?, me preguntó. No, le dije. Son espuma.

En efecto el líder de ese partido, José Luis Ramón, obtuvo un 8% de los votos. Este político nos había sorprendido con un spot de campaña en el que se acercaba desafiante a la cámara gritándonos que iba a ser gobernador, como si fuera un Maradona desorbitado.  

¿Quien puede votar a un desmedido para que se siente en el Sillón de San Martín? Muy poca gente, aunque respetable, como lo son todos los votantes que eligen distinto a uno.

Pompa de jabón

Hace dos años, en las elecciones legislativas, Ramón había logrado el 17,21% de los sufragios, lo que le había servido para convertirse en "la sorpresa" de aquel comicio de 2017 e ingresar al Congreso como diputado nacional de Mendoza.

Pero una cosa es votar a un candidato para que proponga leyes, y otra, muy distinta, elegirlo para que maneje una provincia. La modesta fama de Ramón la hizo como defensor de los consumidores y por su habilidad con el autobombo, no como alguien experto en gestión estatal.

La sabiduría del votante es contundente: entre el 2017 y el 2019 Ramón cayó casi el 10% en intención de voto. Flor de un día. Amor de estudiante. De nada le valieron sus exageraciones, ni su payasesco altavoz, ni su viejo coche de campaña apodado Ramoneta, ni su cabello leonino, ni la singular relación con su actual esposa, a la que apoda La Rata.

La tercera es la vencida

En la historia política de Mendoza, la única tercera fuerza que ha durado y que ha tenido peso e influencia ha sido el Partido Demócrata, que mantuvo su influencia desde fines del siglo 19.

Ya con los peronistas y los radicales manejando la escena política, los "gansos" de Mendoza se hicieron fuertes en la Legislatura, aportaron nombres importantes al Congreso nacional e incluso dieron, en épocas de proscripción del peronismo, gobernadores muy recordados, como Don Pancho Gabrielli.

El otro ejemplo para destacar, y que sin duda es  la contracara de Ramón, fue Aldo Giordano, ex fiscal de Estado de Mendoza durante el gobierno de Arturo Lafalla quien luego, al comienzo de este siglo, saltó a la política, creó un nuevo partido y abrió grandes expectativas, luego no satisfechas.

Con Giordano pasó algo imcomprensible. Inteligente como pocos, les enseñó a los mendocinos la importancia de la Fiscalìa de Estado en la defensa de los intereses públicos, y creó un nuevo partido (FISCAL).

Sin embargo, siendo él una persona tan destacada (abogado, periodista, polemista) no supo rodearse de colaboradores destacados y se enredó en un egocentrismo que no ayudó a darle vuelo a su creación política.

"Lo que no hay en la política actual es talento", solía decir Giordano en una maravillosa síntesis. Nada indica que José Luis Ramón vaya a ser precisamente el que le aporte ese componente a la política mendocina.

Antes del telón

Cuando la democracia había vuelto al país en 1983, un periodista porteño (que luego se hizo bastante famoso) estuvo en Mendoza para trazar un perfil del votante mendocino. Charló con muchos colegas. A mi  me preguntó algo que me hizo ver que no había entendido algunas claves básicas del mendocino:

-¿Por qué tienen las cloacas abiertas en las calles de la ciudad?, me inquirió.

Ante mi asombro, me señaló hacia las acequias.

No sabía lo que eran las acequias ni para qué servían. Ni que por allí bajaban las aguas de los deshielos de la cordillera. No se había preguntado por qué había tantos árboles en una ciudad levantada en medio de un desierto.

Si el poeta dijo "No es lo mismo el otoño en Mendoza", nosotros podríamos advertir "No es lo mismo la política en Mendoza". ¿No, Ramón?

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