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Profesor Luri (lección I): "Estamos a las puertas de un drama educativo generacional"

El profesor Gregorio Luri mantuvo una jugosa entrevista con Radio Nihuil en la que dejó valiosos conceptos

El mundo, forzado por la pandemia, se terminó estrechando virtualmente. Nos hallamos más conectados a distancia que nunca. Resulta la parte buena del fenómeno, la más aprovechable.

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Es de agradecer, en ese sentido, que el vértigo de la agenda periodística diaria nos ha haya permitido tomar contacto, primero, y luego profundizar el diálogo con un pedagogo y filósofo español, Gregorio Luri, de origen navarro, pero afincado actualmente en Ocata, sobre las costas de Barcelona.

Su obra publicada es profusa, especialmente en temas relacionados con la educación. También es intensa su participación en la arena pública a través de las redes (le gusta expresarse en Twitter) y de su blog elcafedeocata.blogspot.com, un delicioso muestrario de tesoros lingüísticos y filosófico-literarios.

En una extensa charla radial, celebrada vivamente por la audiencia, Luri se aproximó, por momentos, a una clase magistral. También pasó un aviso dramático respecto del 30% del alumnado que está quedando fuera de la educación telemática que impone el coronavirus.

Y, como no podía ser de otra manera, viviendo en Cataluña, se permitió dejar su impresión sobre el terremoto que ha producido en su comunidad el adiós anunciado de Messi al club que lo tiene como su máximo emblema.

Dada la riqueza del material recopilado en la entrevista, la dividiremos en dos partes. Este es el primer capítulo.

El drama educativo generacional

No hay país, en este momento, incluyendo a la Argentina (y a Mendoza, allí adentro), que tenga claro cómo garantizar la vuelta a las aulas de sus alumnos sin riesgos para la salud. Las idas y vueltas son la moneda corriente.

La situación, por donde se la mire, es “preocupante”, evalúa Gregorio Luri.

De acuerdo con los datos relevados en su ámbito de acción, a un 15% de la población escolar le ha ido bien el aprendizaje en casa. “Normalmente son los alumnos introvertidos, que no necesariamente son los tímidos o los que sufren bullying”, aclara.

El drama está condensado en otro segmento, en “un 30% que desapareció, desde el primero momento del confinamiento, de los radares escolares. Estos muchachos llevan perdidos ya ¡seis meses de conocimiento! Y con el conocimiento ocurre que lo que no se gana, se pierde”.

A efectos prácticos, ese porcentaje de la población escolar ha malogrado un año. Con la sensación agregada de que el contratiempo va a continuar hacia adelante porque el aprendizaje y la enseñanza telemáticos tiene límites muy claros. Como puntualiza Luri, no se trata de una enseñanza universal. “Es tanto o más efectiva cuanto mayor es la edad del alumno, cuanta más autonomía tiene y cuantos más recursos tiene la familia”.

De ahí extrae su vaticinio más tremendo. El que no podemos desoír: “No me gustaría ser hiperbólico, pero tampoco no ser realista: creo que estamos a las puertas de un drama educativo generacional. Estamos perdiendo, como mínimo, al 30% de nuestra población escolar”.

El problema recrudece porque el profesor considera que las autoridades educativas no han priorizado la atención de estos alumnos más necesitados: “No podemos permitírnoslo. No es un lujo. Es una cuestión de estricta justicia. Es decir, no podemos permitirnos que el 30% de la población se nos descuelgue de lo que podríamos llamar la cultura común”.

El teléfono como herramiento y el esfuerzo de todos

Luri ve otro déficit en el accionar de las autoridades educativas. Debieron haber aprovechado la cuarentena para analizar de manera científica lo que está ocurriendo. Por lo que ahora, con los rebrotes que surgen por todos lados, escasean los datos rigurosos, científicos, para una reacción adecuada.

En cuanto a la educación a distancia, saca una conclusión funcional: “Mi visión es que la enseñanza telemática funciona mejor cuanto más virtualiza la presencia. Y en ese sentido, el método que se ha mostrado más eficaz es el teléfono. El maestro o el profesor que ha cogido el teléfono y está hablando con sus alumnos”.

Acepta que es un trabajo enorme. Titánico, podríamos decir, incluso para muchas familias, porque no todas son capaces de resistir el esfuerzo que supone una disciplina telemática en casa. Pero, aclara, “en tiempos de crisis no podemos ahorrar el esfuerzo porque lo que está en juego es importante. Es decir, si no salimos todos adelante, todos vamos a fracasar”.

La atención, el nuevo coeficiente intelectual

Haciendo foco en los establecimientos educativos, Luri observa otro fenómeno. Es una cuestión de fondo a la que hoy no se le presta la importancia que merece. Y es que la escuela está perdiendo una importancia relativa.

“A efectos prácticos vemos que el clima cultural de la familia está siendo cada vez más relevante y que la escuela es incapaz de compensar las diferencias familiares”, dice.

El proceso actual está funcionando bien “con los alumnos que ya tienen una cultura telemática en casa y que pueden preguntarles a sus padres cualquier problema concreto; y que, sobre todo, tienen autodisciplina, o sea, que tienen dominada la capacidad de atención”.

En este punto, desliza otro concepto fundamental. Una idea para acuñar: “Yo repito, y no dejo de insistir en ello, que la atención es el nuevo cociente intelectual. En una sociedad dominada por el espasmo de la inmediatez, que está pugnando todo el tiempo por quedarse con nuestra atención, la persona capaz de llevar las riendas de su propia capacidad atencional, es la persona que es capaz de transformar la información en conocimiento”.

A esto Luri le coloca un rótulo: “Es el reto de la que yo llamo sociedad del capitalismo cognitivo”.

Messi, la rebelde realidad y los zombies

Como vecino de Cataluña, al profesor Luri le cuesta hablar del presente de Leo Messi. Sufre la situación.

Trata de filtrar el momento a través de una reflexión filosófica. Primero, quejándose de la tendencia de la sociedad a ensalzar su capacidad de improvisación. Ha habido poca previsión y muy pocos planes para abordar la realidad. Con lo cual, señala, “creo que la realidad nos va a tratar como nos merecemos: con crudeza”.

De ahí deduce “que la realidad se nos ha sublevado. Nosotros quisiéramos domesticarla y ella se nos ha suelto del lazo con el que creíamos dominarla y se nos ha puesto a ladrar en la puerta de una manera muy impertinente”.

Lo de Messi, reconoce, los dejado frente a la situación de tener que enfrentarse a esa agria realidad.

Así, pues, descubrimos que no hay muchos amores en el fútbol que sean para siempre. ¿Qué amores eternos hay? Garrincha es un amor eterno. Pero, ¿y los demás? Los amores posmodernos pasan todos por las oficinas bancarias y son todos muy precarios. Así, pues, descubrimos que no hay muchos amores en el fútbol que sean para siempre. ¿Qué amores eternos hay? Garrincha es un amor eterno. Pero, ¿y los demás? Los amores posmodernos pasan todos por las oficinas bancarias y son todos muy precarios.

Ok. Pero no todos los adioses son iguales. Que Messi se vaya del Barcelona es -lo decimos nosotros- como si el Papa abandonara el Vaticano para ir a liderar otro culto.

“¡Como si la Virgen se hiciera protestante!”, festeja Luri la metáfora.

“Es algo que nos supera, porque se trata de una sensación de orfandad ante la realidad”.

¿Y cómo andan, como han quedado las personas de ese rincón del orbe?

“La gente se mira, unos a otros, sin atreverse a hablar. Vamos un poco como zombies, ¿no?”.

Para cerrar este capítulo nebuloso, Gregorio Luri se pone la mano en el corazón: “Honestamente, Messi tiene todo el derecho del mundo a organizar su futuro dado que desde el Barcelona le hemos puesto las cosas muy fáciles para que sea así. Pero, en fin, tenemos que crecer. Y crecemos a base de frustraciones”.