En el imaginario político existe la idea de que el presidente electo, Alberto Fernández, va a recibir las presiones más heavy desde sus propias afinidades partidarias.
Sin embargo en los últimos días se ha visto que en este mes previo a la asunción presidencial las presiones son, como en los antibióticos, de amplio espectro.
Desde el piquetero "papista" Juan Grabois y su advertencia de que "¡ojo! que hay mecha corta" hasta el empresario Julian Cook, fundador de Flybondi, quien se refirió al peronismo como una enfermedad, una variopinta lista de apellidos famosos -de todas las actividades- se ha lanzado en busca de influir en las decisiones que tome el futuro gobierno desde el 10 de diciembre.
El pan nuestro
En la reciente visita de Fernández a México, el ejecutivo "panadero" Daniel Servitje, dueño de la empresa internacional Bimbo que fabrica esos panificados que vemos a diario en las góndolas del súper, le expresó al presidente electo argentino que hay temor en su sector por los supuestos retornos de controles de precios en la Argentina.
En esa gira latinoamericana el electo presidente pudo comprobar, además, que hay reclamos o advertencias por conductas ajenas, como es el caso de las excentricidades del mandatario de Brasil, Jail Bolsonaro, y de otros miembros de su gabinete.
Hablamos de los comentarios escasamente políticos en los que Bolsonaro cuestionó a los votantes argentinos por haber elegido un presidente peronista. En otros países de la región ven con preocupación que ese inusual y hasta ridículo cortocircuito vaya terminar afectando la paz política de la región.
Inquieta, por ejemplo, que Bolsonaro haya ratificado que ni él ni su vicepresidente estarán presentes en la asunción de Alberto Fernández.
En el rubro "presiones del mismo palo" uno de los más osados ha sido el ex ministro Julio De Vido, preso desde 2017 luego de que les fueran retirados sus fueros de legislador.
De Vido, investigado por denuncias de corrupción, ha dejado ahora una frase para el recuerdo por lo autorreferencial: "No puede haber un gobierno peronista con peronistas presos", que es como decir "yo tengo que salir libre el 10 de diciembre".
Vientos influyentes
Sería ingenuo desconocer la influencia que los cambios de gobierno suelen ejercer sobre los otros poderes del Estado, en particular sobre la justicia, y sobre ese "círculo rojo" que componen los que detentan poder en el ámbito privado. Todos se ponen en guardia.
Algunos miembros del Poder Judicial están entre los más proclives a dejarse influenciar por los vientos que vayan soplando desde el Ejecutivo, pese a que los protege el escudo legal de la independencia de poderes fijado por la Constitución.
Pero, ¡ojo al piojo!: ningún presidente de la Nación puede decidir per se detenciones o liberaciones de presos como las que piden De Vido, Baratta y otros. Eso es decisión judicial (influenciadas o no).
El presidente tiene, sí, la facultad del indulto pero para eso deben haber condenas en firme, algo que aún no ocurre con la mayoría de los investigados por casos de presunta corrupción.
Dar en el blanco
Lo que sí establece cualquier nuevo jefe del Poder Ejecutivo con su accionar diario son tendencias políticas, las que suelen solidificarse cuando quedan traducidas en leyes que van en una determinada dirección.
Sobre esas tendencias es que se largan en picada los intereses particulares para influir sobre el mandatario electo y llevar agua a sus molinos.
Los que más recato republicano suelen guardar en estas transiciones políticas son, como siempre, los ciudadanos de a pie.
Pese a todas las presiones sectoriales que se están dando, y que se darán con más fuerza cuando Alberto Fernández esté en el gobierno, porque ese será el momento en que entren a tallar las diferentes visiones dentro del peronismo-kirchnerismo y, por lo tanto, la muñeca política del mandatario, esta transición será recordada porque la crisis no ha afectado a la legalidad y la institucionalidad.
No ha habido helicópteros, ni adelantamientos, las fechas se han cumplido a rajatabla. Y el hecho de que un partido no peronista concluya legalmente su mandato no sólo es bueno para los que se van, sino sobre todo para los que llegan. En suma, para el sistema.




