Análisis y opinión

¿Por qué la izquierda es reaccionaria mientras la derecha abre ventanas?

En la Argentina el populismo kirchnerista sostiene que poner moderación al gasto va en contra del pueblo. Mientras tanto, en la derecha buscan acercarse al centro político

Hace varias décadas que estudiosos de la política vienen advirtiendo sobre un anquilosamiento de las ideas de izquierda o, si usted quiere, de un progresismo que en muchos aspectos se quedó en el tiempo. La reciente asunción de Gabriel Boric en Chile parece intentar un viento de renovación al plantear una izquierda sin tanto corset apolillado. En cambio en la Argentina kirchnerista y populista ponerle moderación y criterio al gasto público es algo que va en contra de los intereses del pueblo. Ni hablar entre nuestros trotskistas.

Los políticos de izquierda se comenzaron a volver reaccionarios y conservadores porque los tiempos cambiaron, porque la autocrítica y el debate fueron castigados, y porque no quisieron tocarle ni una coma a sus puntos de vista. En tanto, la vida política y social comenzó a pasarles por el costado. Y los terminó superando.

Al mismo tiempo que a esos referentes de izquierda les costaba reaccionar, desde la derecha (aunque sería más específico decir desde la centro derecha) se comenzaron a generar numerosas ideas y debates que se colocaron varios pasos adelante de los ahora retardatarios izquierdistas. De manera particular esto se vio en libros que aportaron ideas frescas que llamaron la atención.

Una de las claves a resaltar es que hay sectores de la derecha que se están acercando al centro político de una manera mucho más inteligente y práctica que lo hace la izquierda populista. La derecha se ha asumido como un factor de poder dentro del sistema, y lo ha hecho con ductilidad.

Achanchados

Los "progres" se han achanchado y se han recostado en el apoyo a los movimientos "nacionales y populares", que tienen un fuerte componente conservador; mientras que la centroderecha se ha aireado y ha hecho una lectura modernizadora del liberalismo político y de la democracia republicana.

Desde siempre “izquierda” ha significado cambio, progreso, revolución o por lo menos reforma y transformación de la sociedad, mientras que “derecha” ha significado orden, estabilidad y preservación del status quo. Hoy parece que esos puntos ya no son tan equidistantes ni tan perennes.

No es que estos conceptos hayan explotado totalmente por los aires, porque siempre va haber gente interesada en evolucionar y otra no tanto, sino que se ha dado un fenómeno de intereses entremezclados.

Un paseo

Echemos una mirada sucinta sobre algunos hitos de la izquierda. China es una dictadura política que ha logrado seguir en pie porque apela de manera ladina al capitalismo económico, dejando el resto de las libertades apisonadas. Irán es una dictadura religiosa que no tiene cura. Cuba es una dictadura anquilosada que acaba de dictar condenas de hasta 30 años de cárcel a muchos de los que el año pasado tuvieron el tupé de salir a las calles de la isla a pedir más libertades cívicas.

Rusia es una dictadura personalista que ha coronado sus dislates al invadir a un país vecino y provocado una crisis internacional. Venezuela, que nos quiso vender el socialismo del Siglo 21, es una dictadura fatigada que ha caído en la cuenta de que hay que empezar a pegar la vuelta sin que se les note la reculada. Nicaragua es una dictadura que no tiene remedio y que no tiene perdón porque el sandinismo llegó al poder hace varios años tras derribar una terrible dictadura de derecha, la del sátrapa Somoza

¿Y por casa?

En la Argentina sobreviven la izquierda trotskista y el populismo kirchnerista con La Cámpora. Esta fuerza "juvenil" defiende, "de pico", los "ideales" de los años 70 del siglo pasado, una etapa que ya ha sido revisada y debidamente cuestionada y que no sólo aportó atraso económico y social sino desgracias al por mayor para los argentinos.

La Argentina del izquierdismo nacional y popular está en una severa crisis porque pierde elecciones y no puede demostrar ningún logro contra la inflación, esa peste económica que ya lleva más de 50 años y que el kirchnerismo se negaba sistemáticamente a reconocer bajo el argumento de que mientras hubiera consumo y subsidios para sostenerlo no había de qué preocuparse.

Otra vez ha quedado demostrado que los países que progresan son las democracias. Desde las más liberales a las más sociales. Es decir países donde existe mercado, libertad de prensa, derechos civiles, partidos políticos, justicia independiente de los gobiernos de turno, periodicidad en los cargos, una sola reelección presidencial y afinidad a los cambios que van exigiendo las sociedades. Países donde se combate el déficit fiscal, donde no se gasta más de lo que se recauda, donde no se imprime dinero sin respaldo para sostener el clientelismo, y donde se respetan los entes de control.

Curarse en salud

El saneamiento económico es la base de cualquier proyecto de crecimiento. Pero aquí el ala más extrema del Gobierno que maneja el país se permite lanzar documentos titulados "Moderación o Pueblo". La moderación, que es una de las grandes virtudes de la política, es despreciada por ser "de derecha", así como combatir el déficit fiscal "es de derecha".

La solitaria voz de Boric en Chile acaba de enfatizar que su gobierno de izquierda combatirá el déficit fiscal porque es una falacia decir que "es un asunto de la derecha".

Acá se ataca al campo con consignas anti oligárquicas del primer peronismo, cuando en realidad el agro (que ha tenido una transformación que pocas actividades pueden exhibir y que es uno de los escasos sectores que no necesita ayuda del Gobierno para salir a los mercados internacionales) termina siendo el socio al que acude el Gobierno populista cuando las papas queman y necesita dólares genuinos o prolongar la estabilidad cambiaria.

Acá el 24 de marzo, día de la Memoria en contra del golpismo, el ala ultra del Gobierno hizo una marcha con la consigna de que el acuerdo con el FMI logrado por el gobierno al que pertenecen era una entrega falaz de la soberanía al tiempo que exigían que rodaran cabezas.

El crash del Frente de Todos debido a la irresuelta crisis de albertistas y cristinistas ha contaminado el terreno económico de tal manera que la soga al cuello, ésa que según Alberto Fernández nos sacamos cuando acordamos con el FMI, nos ha vuelto a apretar el cogote, ahora con doble vuelta.

El oxígeno que sostiene al populismo es la "caja". Y ese recipiente está famélico. En la Argentina no hay a la vista ningún envión económico para sostener un relato tan infectado de fantasías, ni lo habrá hasta que se empiecen a arreglar los números de la macroeconomía. No son "los diablos", ni los que compran departamentos en Miami. Es la propia gestión del Gobierno la que ha desorbitado la inflación.

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