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PASO 2021: los argentinos ante la chance de zarandear la arena política

Una de las singularidades de este proceso electoral es que los grandes contendientes no están en condiciones de ningunear al otro

Hace unos días me emocioné al enterarme de que mi nieta mayor, de 16 años, figuraba en el padrón nacional de votantes. De repente, había pasado a ser ciudadana. Si bien el sufragio es obligatorio desde los 18, ella y otra legión de adolescentes del país han quedado en condiciones de ejercer de manera optativa uno de los derechos esenciales de la democracia.

Me pregunté entonces si en las escuelas secundarias los alumnos de 16 y 17 años habrían recibido clases alusivas a la elección de hoy. ¿Habrán sido alentados de manera inteligente, sin presiones, para sumarse a la práctica de elegir?

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En esas cosas divagaba, cuando una imagen de la docente Laura Radetich volvió a trastocarme. Caí en la cuenta de que Jerónimo, el chico que se permitió discrepar con esa agresiva profesora, tiene también 16 años. Es decir que está habilitado para votar, pero no para debatir con una profesora militante que no dudó en basurearlo.

A lo nuestro

Lo concreto, lector/a, es que hoy en las PASO los argentinos tendremos la chance de pasar por la zaranda la arena política. Treinta y cuatro millones de argentinos están habilitados para definir quiénes serán los candidatos oficiales para las elecciones legislativas del 14 de noviembre. Uno de los temores es que la pandemia y la crisis terminen por acobardar a muchos a la hora de ir a votar.

Pero no sólo eso: estas PASO serán una especie de referéndum no formal que nos permitirá saber con bastante precisión el nivel de aceptación tanto del Gobierno como de la oposición

Algunos creen que las PASO podrían tirar señales tempranas para las presidenciales de 2023. Es factible, pero ¡ojo! porque esas bengalas suelen venir defectuosas. En la Argentina dos años son una eternidad. Mucha agua puede correr bajo los puentes. Recordemos que el gobierno de Fernando de la Rúa duró sólo dos años a pesar de que había llegado rodeado de las mejores expectativas.

Macri ganó las elecciones de medio término en 2017. Y a los pocos meses, en abril de 2018, la crisis le explotó en la cara y lo acompañó hasta que entregó el gobierno a Alberto Fernández y Cristina Kirchner en diciembre de 2019. Lo bueno fue que ese gobierno de Cambiemos logró completar los tiempos constitucionales. No se fue ni un día antes ni un día después. Ni hubo helicópteros.

Una señal

Cristina ya no dice que va a "ir por todo" después de las elecciones. Por el contrario, en el acto de cierre de campaña en Tecnópolis la Vicepresidenta anticipó la necesidad de gestar un acuerdo no sólo con la oposición sino también con el empresariado y la dirigencia sindical. Asimismo sugirió la necesidad de tener un plan económico.

El presidente Fernández, en tanto, ha dicho que "ganar por un punto, es ganar", lo cual ha sido interpretado como una apertura anticipada del paraguas. Ahora ambos auspician el diálogo con la oposición por una razón de peso. Para poder llegar a un pacto con el FMI por la deuda se requiere no sólo el acuerdo con el Gobierno sino un diálogo con la oposición, es decir con los probables presidenciables del futuro.

Desde el exterior suelen sincerarse y advierten que va a ser muy difícil que la Argentina recupere la confianza internacional (traducido: volver al crédito y a las inversiones) si la centralidad de las decisiones está en manos de la segunda autoridad del país.

Por eso es que Cristina apeló a la necesidad de exhibir "responsabilidad institucional" tanto por parte del Gobierno como de los partidos de la oposición. Y también es por eso que las firmas encuestadoras se han vuelto conservadoras ante la posibilidad de un empate en la provincia de Buenos Aires.

El diario del lunes

Este lunes 13 de septiembre podría comenzar a darse, aunque sea subterráneamente, una nueva dinámica entre el oficialismo y la oposición. Que tal vez se vea favorecida por la consolidación de Juntos, en la que Larreta se posicionaría oficialmente como el nuevo referente del PRO en lugar del alicaído Macri.

En la elección de hoy podremos ver también un esbozo de cómo podrían quedar en noviembre los equilibrios dentro del Congreso nacional. El promedio de las encuestas dice que en el Senado el kirchnerismo correría el riesgo de no ampliar ni mantener la cantidad de bancas actuales, sino de perder algunas. Y en Diputados los sondeos lanzan que el oficialismo seguirá sin acercarse a la mayoría.

Resta ver cuál será la verdadera influencia de "los terceros", entre los cuales los libertarios o los peronistas de Randazzo deberán demostrar cuánto hay de espuma y cuánto de sustento tras sus aspaventosas campañas.

Sofrenados

Los dos grandes bloques han debido sofrenar cualquier triunfalismo. Una prueba singular la dio el propio presidente Alberto Fernández al admitir, coloquialmente, que está excedido de peso porque, según sus propias palabras, "me pueden los dulces" ya que con ellos busca saciar la ansiedad que le provoca la gestión y la campaña.

Distinta es la situación en Mendoza donde el oficialismo radical llega confiado: todas las encuestas le dan un cómodo triunfo. La incógnita sólo estriba en saber qué diferencia le sacará al peronismo kirchnerista. Rodolfo Suarez no exhibe sobrepeso.

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