“Spin doctor” es el nuevo nombre que reciben esos avispados con carnet que fungen de “estrategas” de varios presidentes. La figura en sí no es nueva, lo que ahora llama la atención es el desparpajo de alguno de ellos.
En la historia política, varios de esos influyentes dejaron marcas, desde Rasputín hasta Henry Kissinger. Estos de ahora sorprenden por la altanería compadrita que le copian a sus jefes. Antes, los buenos estrategas preferían un perfil menos prepotente.
Hoy los más vistosos spin doctor pertenecen al staff de los líderes chiflados que usan muchos países, tipo Donald Trump, Boris Johnson o Jair Bolsonaro, entre otros. Y son, dicho en criollo, propagandistas, los encargados de construir “relatos” o si, usted prefiere, de mentir sin asco para la Corona.
Pará, Cummings
El ejemplo más acabado por estos días es Dominic Cummings, el estratega del primer ministro de Inglaterra Boris Johnson, dos que bien bailan.
Este Cummings ya tenía pedigrí de loquito pero se hizo famoso en el mundo por romper la cuarentena cuantas veces quiso y de mentir a mansalva, porque de eso se trata: de demostrar que en política da igual mentir que decir la verdad.
Hoy Inglaterra es el país de Europa con mayor cantidad de muertos por el coronavirus, el propio Johnson tuvo la enfermedad, y sin embargo su spin doctor se saltea alegremente las normas reclamadas por los epidemiólogos.
Al igual que Boris Johnson, su estratega Cummings es un líbero, un outsider del conservadorismo derechoso. Hago la salvedad porque también son bastante conocidos los estrategas del conservadorismo comunista, Cuba y Venezuela no nos dejan mentir.
Los discretos
Sin embargo, y como ya le decía, estos spin doctor también forman parte del staff de los jefes de Estado que poseen un porte o una presencia de mayor sensatez política. En esos casos, están obligados a adecuarse a la “clase” del presidente al que sirven.
Por ejemplo, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, debe tener seguramente un spin doctor más paquetón y perfumado que algunos de sus pares desaforados. Y la alemana Angela Merkel, uno más aburrido a la hora de pergeñar argumentos que intenten falsear la verdad.
¿Y por casa?
Hay presidentes que ya vienen con su spin doctor incluído. Desde la muerte de Néstor Kirchner, su viuda Cristina Kirchner se quedó sin su estratega político. El resto de su primera presidencia y sobre todo en la segunda, en la que intentó “ir por todo”, ella fue la estratega excluyente de sí misma.
En cambio en las últimas elecciones argentinas, Cristina fue la spin doctor de Alberto Fernández.
En el gobierno de Mauricio Macri hubo dos de estos spin. Uno, su off gurú, Jaime Durán Barba; y otro, su GPS político in situ, Marcos Peña. Tuvieron algunos aciertos pero ninguno de los dos se lució a la hora de entender la tragedia argentina, que es la de fabricar pobres a mansalva.
Alberto Fernández tiene en Gustavo Béliz, secretario de Asuntos Estratégicos, a un módico spin doctor. En cambio, Santiago Cafiero, el jefe de Gabinete, aún no ha demostrado que llegue a la estatura de estratega aunque sigue siendo uno de los hombres de mayor confianza del Presidente, pero eso es otra cosa.
