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Análisis y opinión

Norberto Oyarbide, el juez que soñaba con ser jurado en lo de Tinelli

El ex juez federal Norberto Oyarbide, otra víctima del Covid-19, fue la contracara de la imparcialidad y la honestidad que se le exige a un magistrado federal

Norberto Oyarbide fue mucho más que un apellido. Fue símbolo de una época. El menemismo y el kirchnerismo le sentaron como anillo al dedo. Contracara de un juez honesto e imparcial, Oyarbide resultó ser el magistrado ideal para liarse en yunta con los políticos flojos de papeles. Aparatoso y excéntrico, trató de licuar su polémica actuación en los tribunales con una fama de jodón e informal.

El comentarista todoterreno Jorge Asís, aspaventoso como siempre, buscó por estas horas aligerar el descrédito del extinto y lo definió como "el Oscar Wilde del derecho", "un dandy astuto" y un "border inteligente". Ladino modo de concebir la justicia, la política y el buen vivir.

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Aceptemos que con lo de "astuto" quizás no está faltando del todo a la verdad. El astuto obtiene provechos o beneficios mediante engaños o artimañas. En cambio el comentario sobre Wilde, escritor que sufrió persecución y cárcel por su condición de homosexual, es una artimaña verbal de poca monta con ropaje glamoroso.

En la servilleta

Asís agregó que Oyarbide ya había sido condenado de antemano "por la virtud unánime" y "la homofobia colectiva". Sin embargo, no fue su condición sexual lo que se le cuestionaba al extinto, sino su descarada sujeción al poder político, su falta de independencia, su dejarse influenciar, su maleabilidad para no molestar a los poderosos, y sus ridículas ansias de figuración.

Hijo dilecto del menemismo, fue en la década del ´90 donde Oyarbide se hizo famoso como juez penal al punto que integraba -en un lugar expectante- aquel famoso listado conocido como "los jueces de la servilleta" que el ministro Carlos Corach les mostraba a sus amigotes para demostrarles quiénes eran los funcionarios judiciales que el Gobierno manejaba a placer.

A lo largo de su carrera recibió 47 pedidos de juicio político. El poder que lo sostenía ayudó a derribarlos uno a uno. Néstor y Cristina, por ejemplo, estaban más que agradecidos. Oyarbide desechó de plano, sin investigar nada, las denuncias de enriquecimiento ilícito contra el matrimonio que gobernó por 12 años la Argentina. Muchos periodistas de investigación han escrito con cierto detalle sobre la presión que Néstor ejerció sobre Oyarbide para que éste archivara esa causa, una coacción donde no faltaron personajes temibles de la ex SIDE como Stiuso.

¡Un movilero ahí!

Por estas horas se ha rescatado el audio de una entrevista que Oyarbide le dio a Baby Etchecopar en la que intentó explicar, de manera bochornosa, impropia de un letrado, el por qué de su decisión de no investigar las denuncias hacia los Kirchner por dineros supuestamente mal habidos.

Tan escandalosas eran las decisiones judiciales de Oyarbide durante los años del menemismo y del kirchnerismo, que dieron lugar a un clásico del periodismo de esa época: las guardias de los movileros en la puerta de la casa del juez. Él salía, encaraba los micrófonos, decía casi nada, hacía un chiste y exhibía su amplia colección de trajes, corbatas y perfumes. Estaba en su salsa. Le encantaba ese costado de farabute.

La movilera Mercedes Ninci, que trató durante años a Oyarbide en esas guardias, recordó que el juez le contó en confianza que uno de sus mayores deseos era llegar a ser jurado en el Bailando por un sueño de Marcelo Tinelli. Lo decía en serio.

La justicia federal argentina está llena de hechos escandalosos. Los mendocinos tenemos una de esas ramificaciones con el procesado juez Walter Bento, titular del Juzgado Federal N° 1 de Mendoza quien además es el magistrado con competencia electoral. Bento está acusado de liderar una banda que cobraba coimas por favorecer a presos.

Nos vamos para el sauna

Para Oyarbide era normal exhibirse tomando champagne con amigos en el sauna Colmegna, con una toalla como único atuendo. Procuraba que lo filmaran cuando iba a reuniones con gremialistas y políticos y no temía aparecer bailando como desatado. Se dejaba fotografiar en sus vacaciones en el Caribe. Usaba un anillo estruendoso del que todos hablaban. Y portaba morral y otros accesorios de Louis Vuitton.

Cuando Mauricio Macri llegó a la presidencia, Oyarbide comprendió que ya no tenía escudo político y antes de que lo destituyeran optó por la segura jubilación, la que no quería perder en un juicio político. Sin el salvataje de la casta partidaria su luz se opacó, pero hasta último momento preparaba proyectos para concretar con artistas del peronismo, el último de ellos con Coco Silly.

No era, como asegura Asís, "un personaje pintoresco". Fue un hombre nefasto que dañó a la Justicia. Tal vez Oyarbide no sea el peor de todos en la Justicia Federal, pero su descarada relación con la política, su ausencia de independencia, y su ambición por el show y la exhibicionismo lo mataron mucho antes que el Covid.