No hay posibilidades de hacer la Fiesta Nacional de la Vendimia. En marzo todavía no habrá -según coinciden casi todas las estimaciones- vacuna contra el coronavirus, con lo cual cualquier plan se torna imposible. Y si hay alguna versión virtual del festejo (digamos, una película de la Fiesta) será sin Vía Blanca, sin Carrusel, sin elección de Reina de la Vendimia, sin público en el anfiteatro Romero Day, y con protocolos indicados para una filmación.
Como para diferenciarse, Luján de Cuyo ha anunciado algún tipo de festejo en ese departamento, al que ha denominado "presencial" y que se haría en algunas bodegas del departamento que cuentan con restaurantes. Pero eso sería entonces "la fiesta de las bodegas". Dos comunas, Guaymallén y San Martín, se han animado a confirmar que no harán festejos. Y el resto aguarda. ¿Esperarán un milagro? Les convendría analizar lo que está pasando en Europa con la segunda ola del virus.
¿Y la "moscatel"?
Aún está por verse en qué quedará la presunta fiesta virtual de la que se hablaba. Nadie ha explicado aún cómo sería. Las preguntas se amontonan. ¿Se justifica un gasto así en estos momentos donde no se sabe si habrá la factibilidad de hacer ensayos o de movilizar a tantos artistas, y en un ámbito donde todo lo relativo al turismo está atado con alambres?
El propio gobernador Suarez ha prometido -lo veremos- que no se cometerá el dispendio de contratar a más de mil personas como en una fiesta "normal", en las que ya sobran figurantes a montones. Y lo más importante: ¿qué es eso que definimos como fiesta virtual? ¿Algo que va en vivo? ¿Algo pre grabado y editado? Nadie termina de desayunarse acerca de qué va la cosa.
Hay también un debate sobre el rol de los "los trabajadores culturales" que se desempeñan en las vendimias departamentales y en los festivales (de la Tonada, del Chivo, del Melón, entre otros) que tampoco se harán. Se coincide empero en que lo más importante es poder levantar la cosecha, es decir poder concretar la vendimia en su acepción primigenia.
Mirá para arriba
En buena parte del mundo la economía está paralizada o ralentizada a la espera de la vacuna. En Francia y Alemania, dos países que no llegaron a tener problemas tan graves como Italia y España, se están repitiendo hoy cifras tan alarmantes como las de abril pasado.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de decir que ha fracasado la idea de la inmunidad de rebaño y también ha opinado que "sacrificar a gente mayor -como se plantea cuando se llenan las terapias intensivas- es algo inaceptable".
La inmunidad grupal es algo que intentaron varios países, como el Reino Unido y Suecia en varias etapas de la pandemia, y que ahora ya se andan preguntando para qué sirvió. El miércoles 7 de octubre Francia registró 19.000 contagios en un solo día. La OMS acaba de afirmar que la inmunidad de rebaño está llena de efectos colaterales.
No le demos más vueltas. La Fiesta, como la conocemos, es imposible en 2021. Insistir sería engañarnos. El mismo gobernador Suarez admite que todas las estimaciones sostienen que en marzo próximo la situación no será tan distinta a la de ahora.
Podríamos usar este tiempo para plantear qué haremos desde 2022 en adelante, en especial con esa antigüedad de elegir reinas y con la necesidad de sacarle al festejo una serie de camisas de fuerza conceptuales que le quitan capacidad de vuelo e innovación.
La Fiesta de la Vendimia no puede seguir amordazada entre los huarpes, la Virgen de la Carrodilla, y los trabajadores culturales que se niegan a bajar del escenario del Frank Romero Day cuando ha concluido el espectáculo.



