Diario Uno > Política > Ameri

No es casual que los diputados tipo Ameri estén en el Congreso

La difusión de actos privadísimos, como los sexuales, que venían lapidados por las redes, tuvieron su versión gubernativa: ahora las sesiones virtuales del Congreso incluyen escarceos amorosos

El escándalo del diputado nacional kirchnerista Juan Emilio Ameri(47) y de su pareja y asesora, Celeste Burgos (27), a raíz de las imágenes (¿eróticas, sexuales, cotidianas?) que se vieron en la famosa sesión virtual de la Cámara de Diputados, incluye un gran tema: la lapidación de un acto privadísimo. La privacidad es uno de los tesoros que se está perdiendo desde que comenzó el reinado de las redes sociales.

Los legisladores que participan de sesiones virtuales saben que, a los fines institucionales, esta forma de trabajar es como si fuera una sesión presencial. Y, seamos francos, nadie aceptaría (quizás por envidia) que el diputado sentado al lado nuestro ande a los besos de lengua con su asesora en medio del recinto, mientras los demás representantes del pueblo tratan de seguir los números finos y tramposamente irreales del Presupuesto.

Te puede interesar...

No da. Pero no por pacatería, sino porque los encuentros sexuales tienen lugar, por convención social, sin público. La salvedad son las películas porno, pero eso es otro asunto.

¡Sí, sí, sí!

Lo que no es otro asunto, sino parte de este mismo, es la costumbre de algunas parejas de filmarse con sus celulares teniendo sexo. Todo iría bien si ello fuera para consumo personal de los participantes, juramentados en no hacerlo público. Pero ya se sabe que hoy cualquiera de esos videos están a un click de viralizarse, ya sea por la precaria estabilidad de muchas parejas o por esas vilezas de vengarse del otro al difundir determinados videos. "Hoy un juramento, mañana una traición", nos enseñó esa biblia pagana llamada tango cuando Steve Jobs no había nacido.

En el ámbito privado y a la hora del sexo no talla la moral media, sino el acuerdo de dos personas adultas. Sin la presencia de cámaras oficiales filmando, el caso del diputado y la asesora hubiese sido un hecho privadísimo, una cuestión exclusiva de ellos, sobre todo porque son pareja, se conocen, y comparten códigos singulares de la convivencia y del erotismo. Pero hete aquí que el legislador estaba trabajando y en una sesión virtual transmitida a todo el país.

No me estudia

Explicitado eso, vamos a la otra faceta del ahora ex diputado, una que quizás sea más abarcativa. Este suceso ha puesto de manifiesto -de manera grotesca- la responsabilidad de los partidos políticos, de los organismos de control, del sistema electoral, y sobre todo de nosotros, los ciudadanos, que permitimos que lleguen al Congreso de la Nación personajes como Juan Emilio Ameri, cuyo curriculum vitae no le daría ni para concejal en el décimo lugar de la lista.

Infructuosamente he buscado, incluso en su página oficial del Congreso nacional, alguna alusión a cuáles fueron sus estudios. No he encontrado nada. Lo que se menciona como antecedentes es que ha sido militante de base de agrupaciones kirchneristas, como El Aguante o el Partido de la Victoria, de Diana Conti, aquella legisladora ultra que pedía una "Cristina eterna". También me he topado con muchas noticias que lo vinculan con la barra brava de River y un curriculum de bravucón muy dado a la matonería tanto con mujeres como con hombres.

Bonaerense, desde 2010 se instaló en Salta donde pronto consiguió trabajo en la Secretaría de Gobierno del gobernador Juan Manuel Urtubey. Allí participó dos veces en internas para ser concejal y siempre las perdió. Pero como en política se suele ganar por acomodo y no por lo que deciden los afiliados, terminó colgado en una lista para diputado nacional, en 2017. De la nada, postulante a diputado nacional. Pero tampoco logro entrar.

Sin embargo quiso el destino que los dos que sí ingresaron a diputado, pasaron luego, en 2019, a ser senadores nacionales, con lo cual Ameri recibió un regalo del cielo al verse de un día para otro con un cargo inmerecido por falta de antecedentes: debía completar el período hasta 2021 de uno de los que lo antecedió. Puro maná. Asumió el 12 de diciembre de 2019 y 9 meses después, en este septiembre tan saraseado, se vio obligado a renunciar por unos escarceos y chupeteos sexuales que han dado la vuelta al mundo.

Entre el impresentable diputado, que ganaba casi $240.000 mensuales (incluído desarraigo) y su pareja, la asesora, que percibía, según ha publicado la prensa porteña, $140.000, redondeaban casi $400.000. Papita para el loro. Ante esas cosas, en medio de una pandemia y de una crisis económica que impresiona, ¿cómo no sentir el más profundo de los ascos posibles?