Análisis y opinión

Nadie se jacta de no tener un plan

Hace tanto tiempo que no se escucha –en general- un lenguaje claro y directo para llevar a buen puerto el país, que la ciudadanía cae en los riesgos de consumir  políticas que no van en sentido democrático. Pero los valores espontáneos de vida en una sociedad normal siguen imperando si se los busca: que con actividad se consiguen cosas, que no es bueno que la delincuencia esté con poder, que las cosas funcionen, que quienes están al frente sean francos, que las cosas se puedan decir.  Esos valores son los que conforman una democracia.

Una democracia se puede decir que es una buena versión de un orden estable y pluralista que llega desde todos los confines y decanta en el poder. En ese modo de ver las cosas es que hay una especie de anomalía en la versión de presidencia de Nación cuando, ante las negociaciones con los acreedores, se dice que no se va a mostrar el plan para no dar mejor posición a aquellos.

Podría pasar como una táctica aceptable…si se tratara de un minimarket discutiendo con el proveedor de cigarrillos –con perdón de ambos-, pero no cuando se trata de los intereses de un país. Ese nivel de secretos no cabe siquiera pensarlo en un comercio menor. Ni siquiera con el minimarket. Es poco serio.

Piénsese que usted está pasando por una mala situación económica, tiene deudas –como el país- y que cuando aquellos que le dieron crédito vienen a reclamarle, usted no les quiere decir qué está haciendo para poder pagarles. Esos acreedores le dirán “eras muy serio para recibir el dinero, pero poco para devolverlo”.

Si eso ocurre a nivel comercio menor –todo lo que puede ser alcanzado por las leyes de quebranto-, es inconcebible a nivel público. Menos a nivel país.

Un acreedor externo se preguntará: ¿es verdad que el país no quiere mostrar sus cuentas? Si es información pública, reconocida y aceptada por todos. Desde esa información total y transparente es donde se muestra al acreedor  -previo pedirle disculpas por no pagarle en tiempo y forma-, cómo se moverán esas piezas a futuro para poder honrar la deuda. Y esto en el caso de que el acreedor sea de tan buenas maneras que se interese en ello; lo normal es que reciba su dinero sin perder un segundo de su tiempo.

Por estos días asistimos a ese extraño espectáculo, que da escozor en cualquier lugar del mundo. ¿Un país que no quiere mostrar su plan para cancherear la oferta?

Esto afuera. ¿Y adentro del país?

Muchos han reclamado por esta falta del plan, no necesariamente pensando en la baja de consideración que asoma al mundo exterior, sobre todo cuando se habla de default con tanta ligereza, sino en el hecho de que no se anuncie desde presidencia cómo vamos a salir del pozo.

Un poco de esa incógnita emocional por así decirle la enuncia la depreciación del peso o, como se acostumbra decir, el aumento del dólar.

Lo cierto es que es anómalo desde donde se lo mire.

Ahora bien, tal vez haya razones para no mostrar el plan que sean aún peores. Veamos rápidamente las opciones.

Primera versión, no se anuncia el plan económico porque no lo hay. Es posible; durante la campaña no se anunció nada que fuera una estrategia económica que pasara del jueves.

Segunda versión, no se anuncia porque no se quiere que se sepa. Esto es ya inquietante. Podemos pensar que hay dos públicos con intereses contrapuestos respecto del rumbo económico. Uno, minoritario, representado por lo setentistas –viejos y jóvenes-, a los que el presidente no les quiere decir que está buscando una salida occidental no estatista al estilo de Maduro, no queriendo fracturar su frente interno.

La otra opción es la verdaderamente temible: que el plan sea netamente bolivariano, cubano, es decir en términos económicos la ruina, y que por tanto  no se pueda nombrar por el rechazo sin par que genera, dentro y fuera del país.

Entonces por ello sea un mal menor para el presidente mostrarse con gestos inferiores al de un negocio chico que el de mostrar esas cartas que, de ser así, nos convertirán en un estado fallido.

Nadie se jacta de no tener plan, sobretodo cuando es debido tenerlo. O de encontrarse en el ámbito público, manejando lo que es de todos y por tanto debe ser públicamnte conocido, y decir que se están ocultando las cartas para tener una mejor posición ante una negociación. Tanto el ciudadano del país donde eso ocurre, como el que quiere negociar una deuda, está presuponiendo que la cuestión es seria porque justamente hay ciudadanos detrás. Y todos saben que no hay mejor negociación de cosas serias que mostrarse transparente, para saber qué se puede obtener o no. Los hechos están; la capacidad de negociación es la forma.

Pero hay un plan detrás. El asunto es que la clase de plan es tal que debe ser vergonzoso mostrarlo. Son pocos los países en que sus economías son una vergüenza. Y todos sabemos qué países son.

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