Terrorismo de Estado

Miguel Gil, el trabajador mendocino de la Comisión Nacional de Energía Atómica que murió por las torturas

La CNEA entregó a sus familiares el legajo de Miguel Ángel Gil, trabajador mendocino de ese organismo que murió en el centro clandestino D-2 como consecuencia de las torturas

Por UNO

Miguel Ángel Gil tenía 32 años y trabajaba en la sede Mendoza de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) cuando fue secuestrado el 10 de febrero de 1976. Militaba en la Juventud Trabajadora Peronista y era delegado gremial. Diez días después de su detención ilegal murió en el centro clandestino de detención, tortura y exterminio conocido como D-2, que funcionaba en el Palacio Policial, de Peltier y Belgrano, de Ciudad. Actualmente 27 ex policías que cumplieron funciones allí son juzgados por delitos de lesa humanidad.

Su fallecimiento se produjo como consecuencia de las torturas que sufrió,desde la aplicación de picana eléctrica en todas partes del cuerpo hasta golpes arteros en estado de indefensión (atado y vendado) como otras técnicas de tormentos. Esto pudo comprobarse gracias a los testimonios de quienes sobrevivieron al infierno de ese terrorífico campo de concentración ubicado en el mismo complejo edilicio en el que la Policía confeccionaba cédulas de identidad y certificados de buena conducta.

Esta semana la CNEA entregó el legajo de Miguel a sus familiares. El legajo reparado, junto al de otros 11 trabajadores de ese organismo. Todos fueron desaparecidos durante la dictadura cívico militar.

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Quién fue Miguel Ángel Gil

El Camello Gil (lo apodaban así porque tomaba mucha agua), nacido el 4 de agosto de 1943 en Godoy Cruz, era el delegado ante ATE (Asociación Trabajadores del Estado) de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Su papá había sido radical frondizista pero él y su hermano Oscar se hicieron peronistas. Miguel se enroló en la Juventud Trabajadora Peronista (JTP) de orientación izquierdista.

Es recordado como un buen futbolista y por eso lo buscaban seguido sus amigos para partidos barriales. Le gustaba mucho ese deporte y se hizo hincha de Andes Talleres y de Racing Club, cuenta la página Lesa Humanidad Mendoza.

Le encantaba la música popular y era fan de Los Chalchaleros y el uruguayo Alfredo Zitarrosa. Prolijo para vestirse usaba pantalón de vestir, camisa y zapatos, nunca zapatillas excepto para jugar al fútbol.

Inició su actividad laboral el 21 de agosto de 1968, con categoría 18 Grupo II del escalafón Parcial E – Personal Auxiliar Técnico, designado por Resolución nº237/68 para desempeñarse en la Regional Cuyo con sede en Godoy Cruz.

En enero de 1974 fue promovido a la categoría 13 del escalafón Parcial B – Personal Técnico. Le dieron de baja el mismo día de su asesinato. Su legajo acaba de ser reparado.

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Los temibles calabozos del D-2 por donde pasaron y sufrieron cientos de mendocinos, en pleno Palacio Policial. Hoy funciona allí el Espacio Provincial de la Memoria.

Los temibles calabozos del D-2 por donde pasaron y sufrieron cientos de mendocinos, en pleno Palacio Policial. Hoy funciona allí el Espacio Provincial de la Memoria.

Los trabajadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica desaparecidos o asesinados

No hicieron abandono de servicio ni eran prescindibles: 22 trabajadores y trabajadoras de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) desaparecieron durante la última dictadura. El organismo comenzó la reparación histórica de sus legajos, para que quede asentada su condición de personas detenidas y desaparecidas. Ya habían sido reparados cinco legajos y ahora se sumaron otros once, entre ellos el del mendocino Gil.

“Considero importante esta reparación de legajos porque es un hecho que permite hacer justicia, revelando la verdadera causa por la que trabajadores y trabajadoras de la CNEA fueron prescindidos, desvinculados de la institución. Después de casi 10 años de búsqueda de información, finalmente se consignará en sus legajos que fueron detenidos y desaparecidos. Este acto nos permite preservar la memoria colectiva para que estos hechos no vuelvan a ocurrir en nuestra institución y en nuestro país”, expresó Bani Fernández, jefa del Departamento Gestión Integral de la Información Científica y Tecnológica del organismo y colaboradora del archivo de la Comisión de Derechos Humanos del Personal de la CNEA.

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Oscar Gil recibió el legajo de su hermano Miguel.

Oscar Gil recibió el legajo de su hermano Miguel.

La presidenta de la CNEA Adriana Serquis destacó: "Vengo a pedirles perdón por la complicidad que esta institución tuvo con la dictadura y por la falta de cooperación en estos 40 años de democracia. Reparar estos legajos no es reescribir la historia, sino escribir lo que realmente pasó".

"La historia de nuestra institución vio pasar dictaduras, cesanteados, el desguace de los '90, nos mandaron a lavar platos... Si la CNEA sobrevivió a todo esto fue porque salimos a dar batalla cada vez que hizo falta. Estos compañeros y compañeras desaparecidos cuyos legajos hoy se reparan, luchaban por la defensa de la soberanía tecnológica y energética. Eso es lo que seguimos levantando como bandera", concluyó Serquis.

A partir de la reparación, se inscribe en el legajo de personal de las víctimas la verdad histórica. Se deja constancia de que no dejaron de ir a trabajar por su propia voluntad, sino que fueron secuestradas y desaparecidas. Sólo se incorporan a esta lista los nombres de empleados y empleadas que hayan sido reconocidas como víctimas del terrorismo de Estado.

Durante la dictadura fueron secuestradas 32 personas que se desempeñaban en CNEA, dos de ellas mientras se encontraban en sus lugares de trabajo dentro del organismo. Hubo 10 que fueron pasadas a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, 2 fueron asesinadas y 20 siguen desaparecidas.

Además, hubo 107 trabajadores de la institución a los que se les aplicó la Ley 21.274 de Prescindibilidad, por la que perdieron su puesto laboral. Otros 120 fueron cesanteados. Por la persecución institucional y política, renunciaron 370 agentes. En aquellos años, según se supo después, las autoridades de la Comisión tenían más de 500 legajos paralelos que daban cuenta de la ideología de las y los empleados.

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