Se acerca la hora de las definiciones en un mar de incertidumbre. Nadie sabe a ciencia cierta cómo quedará la grilla definitiva de las alianzas y candidaturas.
Qué hará Cristina, cómo resolverá su estrategia Lavagna, con quién jugará Massa, cuánto impactará la elección de Córdoba, qué decidirá la convención radical, hasta dónde llegará el "plan V".
Igualmente, los encuestadores se animan a especular con variantes y escenarios para atisbar diversos pronósticos. Los financistas e inversores mueven sus fichas animados por pálpitos endebles.
Demasiado pronto para ensayar proyecciones.
La demostración de Cristina
Más ambigüedad que certezas dejó su acto político en la feria del libro. ¿Qué alcance tiene el nuevo contrato social que propone? ¿cómo pretende relacionarse con Trump? ¿postula el congelamiento de precios a lo Gelbard? ¿su rostro más conciliador es una señal de fin de época? Todo da para múltiples decodificaciones y para que personajes variopintos cumplan el rol de intérpretes especializados.
Lo indiscutible es que sigue intacta la capacidad de Cristina para convocar y llamar la atención cada vez que se lo propone, sea con un tuit, un libro o un acto público. Hay una masa de "incorregibles" siempre dispuesta a seguirla y otro tanto pendiente de sus movidas con la crítica a flor de labios.
¿Debe presentarse?
En una reunión de café decían con sorna que Cristina debe presentarse, pero a Comodoro Py. En verdad, hay que reconocer que la senadora se ha ajustado a derecho cada vez que la justicia se lo ha requerido. Y si tiene fueros que le otorgan un privilegio por encima del resto de los ciudadanos, esta inmunidad legal no es privativa de ella, sino que consiste en una cobertura que ha dispuesto la mayoría de congresales para el resguardo, precisamente, de quienes hacen las leyes.
Una cosa no quita la otra: la Justicia debe seguir la causas abiertas contra la expresidenta, con el peso de la ley sin reparar en quién es el ajusticiado, mientras que a ella le asiste el derecho de postularse siempre que no haya una sentencia condenatoria en firme.
Por qué es importante que le ponga el cuerpo
Según los sondeos, Cristina sigue siendo, por lejos, la mejor exponente de su espacio. Con el apoyo del conurbano y de los beneficiarios de las políticas que aplicaron lo gobiernos kirchneristas, la figura de la expresidenta se agiganta. Ante el crecimiento de las necesidades básicas nadie puede desestimar su potencial electoral hasta para el casi seguro ballotage.
En caso de que Cristina decidiera no presentarse para la máxima magistratura, esa posición del rival a vencer para Cambiemos quedaría vacante y tendría que confrontar con las figuras peronistas del espacio del medio y contra un cristinista poco representativo.
Para cualquier candidato no kirchnerista que se impusiera en las urnas, Cristina seguiría siendo la principal opositora y una piedra en el zapato de la gobernabilidad. En cambio, si la líder de Unidad Ciudadana se presentara y fuera derrotada en las elecciones, el nuevo gobierno tendría mayor legitimidad, con una Cristina anulada por el voto popular.
En el hipotético caso de que ganara las elecciones otro kirchnerista, nos encontraríamos con un doble comando, con un presidente formal y con la líder ostentando el poder por fuera de la Casa Rosada.
Y si Cristina decidiera ser la candidata y ganara los comicios, tendríamos una presidenta avalada por la ciudadanía con la legitimidad del voto popular en elecciones libres.
Lo cierto es que en favor de la política y en aras de la gobernabilidad, con la cantidad de avales que tiene, Cristina no debería autoproscribirse, tiene que ser candidata a presidente para darle a la ciudadanía la oportunidad de expresar su veredicto.
Si los votos la consagraran, los interrogantes recaerían sobre los procesos judiciales en marcha, con una presidenta consolidada por todo el poder que dan las urnas. Para tal caso, rigen los procedimientos legales instituidos bajo el principio de igualdad ante la ley, sin importar los resultados de las sentencias.
El Poder Judicial debería ser independiente, pero eso ya es otro tema, nos encontraríamos ante el problema de si vivimos o no en una república.


