Martín Guzmán es una especie de marciano en el gobierno de Alberto Fernández. Es un liberal, pero a la manera de los liberales de izquierda de los Estados Unidos, es decir con alto perfil social. A los liberales progresistas yanquis no les genera asco el término "equilibrio fiscal".
El nuevo ministro de Economía dice que descree de los dogmas sagrados en esa ciencia y sugiere que hay que estar en guardia ante las promesas mesiánicas de los funcionarios de Economía. El Mesías, que siga en lo suyo.
No cree, por ejemplo, como piden algunos peronistas alegres, que haya que darle a la maquinita para fabricar muchos billetes y ponerlos en los bolsillos de los pobres porque así se reactivará la economía. "Recurrir a la emisión monetaria sería desestabilizante", afirmó el primer día que estuvo en funciones.
Con honores
Guzmán fue uno de los alumnos dilectos del premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz en la rumbosa Universidad de Columbia. Allí Guzmán realizó un posdoctorado en Economía. Aquí hago un recreo y pregunto: ¿Cómo habría que decirle a tipos como éste que se mandan un doctorado detrás de otro? ¿Escucheme, posdoctor, cómo piensa arreglar el asunto de la deuda?
Hasta hace algunas semanas era un Don Nadie incluso para gente informada. Hoy todos se afanan por saber algo del ministro. Y para hacerse los avispados se refieren a él como Martín. Martín esto, Martín lo otro. Bien de badulaques. Sigo.
Dice que la orden que le dio el Presidente es hacer que la economía deje de caer y que vuelva a crecer, condición para poder empezar a pagar la deuda. Pero, explica, primero hay que lograr equilibrio fiscal y sucesivos superavits primarios, ¡Ah, la terminología de los economistas puede ser muy cansadora!
El asunto, explica Guzmán, es que ese mejoramiento no se da de un día para otro, y por eso es que Alberto Fernández ha pedido la escupidera para que en el 2020 el FMI lo deje respirar y crecer. Hacer más ajuste fiscal en ese lapso jodería aun más la recesión y entonces habría que ir a cobrarle a Magoya, es el argumento del nuevo gobierno.
A cuántos les dirás lo mismo
El Nobel Stiglitz asegura que en sus 50 años como catedrático, "Guzmán ha sido uno de los alumnos más inusuales que he tenido. Es superlativo". ¡Andá, Joseph! ¿será para tanto? Ojo, que ya estamos cansados de ver a figurones con títulos pomposos de Harvard que después son un fracaso.
La diferencia, según Stiglitz, radicaba en que el joven nacido y criado en La Plata "estaba socialmente comprometido" y que a diferencia de otros de sus estudiantes del mundo que proyectaban quedarse a vivir en los Estados Unidos, Guzmán siempre dijo que quería volver a la Argentina a aplicar sus conocimientos.
¿Y en qué rubro se especializó Guzmán en Columbia? Trae como antecedente no sólo teoría sino el de haber trabajado en la solución de la deuda de Puerto Rico y como asesor en esta temática en las Naciones Unidas.
"El problema central que enfrenta el país es la deuda. Si no lo resuelve, no habrá forma de implementar un programa macroeconómico que le permita recuperarse", machaca Gusmán.
Parte de ese curriculum y sus contactos con referentes internacionales le ha servido para que el mundillo político, económico y periodístico de los EE.UU. le haya dado su aval y haya saludado su llegada al palacio de Economía de ese país tan poco previsible llamado Argentina.
Mirá posdoctor, por ahora ni te creemos ni te dejamos de creer. Esperaremos resultados. Muchos argentinos han decidido abrirte un crédito, no sin antes advertirte que serán severos con el control de tus obligaciones. ¡Cachai?, como dicen los chilenos




