Marchamos hacia las PASO de agosto con ánimo obediente y menos dramatismo general

Marchamos indefectiblemente hacia las primarias abiertas y simultáneas de la Nación en agosto con la resignación de los obedientes. En cumplimiento del deber institucional.

Son unos comicios inútiles, porque no hay ninguna interna a nivel de los aspirantes presidenciales. Ya están todos los precandidatos designados. Decididos. A dedo.

A dedo de Macri. De Cristina. De Lavagna. De Espert. De Del Caño… Con las respectivas influencias de sus equipos de campaña, de sus sabios consultores y encuestadores.

Pero la ley es la ley. Y hay que cumplirla.

Votaremos, pues. Con la frente alta.

Algo ha cambiado rotundamente, sin embargo, en el clima electoral respecto de pocas semanas atrás.

Poco antes de la oficialización de las fórmulas partidarias se vivía este trámite, en apariencia menor, bajo una sensación de fin de mundo.

Entre los partidarios mendocinos del oficialismo cundía una combinación de angustia y pesimismo.

Entre los gestores del peronismo local, al contrario, se cocinaba una esperanza. Creían que una victoria rotunda de la fórmula Fernández-Fernández podía potenciar sustancialmente sus chances, luego, en la elección provincial de fines de setiembre. Por eso salieron a criticar duramente a Alfredo Cornejo cuando, en su doble condición de gobernador y presidente de la UCR, pidió la suspensión de estas PASO presidenciales por el gasto supuestamente estéril que implicaban.

Todavía creen lo mismo. Creen en las PASO de agosto. Aunque sin la euforia de su impulso inicial. Siguen apostando al efecto anabólico que el dúo nacional Alberto-Cristina pudiera contagiarle al dúo vernáculo Anabel-Tanús. Pero no descorchan ninguna botella de espumante de antemano.

Por las dudas. La realidad, a fuerza de golpes, les ha enseñado a ser cautos.

Las visitas, habidas y por haber, de los principales figurones presidenciales corroboran la variación climática. La atenuación de los dramatismos en beneficio de una ceremonia electoral más normal y reflexiva.

Alberto vino y recitó un libreto prestado por el PJ local sobre la deuda. Poca polvareda se levantó a su alrededor.

Espert trajo a su compañero de fórmula mendocino en el bolsillo, Luis Rosales. Le sirvió para repartir besos en el Centro.

Mauricio llega el lunes. Tampoco despertará euforia, aunque anuncie obras importantes. Pero el gobernador ya no tendrá que pasearse a su lado como si marchara hacia la silla eléctrica.

El proceso está entrando en un cauce menos emotivo.

Marchemos, entonces, a las urnas en agosto. Obedientes. Para la primera encuesta de verdad de cara a octubre.

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