Digámoslo de entrada: los fueros de los que gozan todos los legisladores no se pensaron para eludir responsabilidades particulares sino para proteger la actividad legislativa y su independencia.

En el caso de los senadores y diputados, esa inmunidad fijada en nuestra Constitución a semejanza de otras naciones con más historia, buscó evitar que estos funcionarios elegidos por el pueblo fueran amenazados con juicios o presionados por cuestiones propias de su quehacer legislativo.

Para el resto de los intereses cotidianos, un legislador es (o debería ser) un ciudadano como cualquier otro. Es decir que si ha cometido alguna falta o delito puede ser sancionado aunque previamente se le debe retirar dicha inmunidad.

Reyes y perseguidos

Cuando hace siglos las monarquías para salvarse de su extinción aceptaron las versiones parlamentarias de esos reinados, los legisladores opuestos al relato del rey de turno comenzaron a ser perseguidos inventándoseles algún delito. Como reacción a esos atropellos fue que nacieron los fueros. No para tapar chanchullos particulares ni corrupciones, como suele ser la norma en nuestro país.

La Constitución argentina especifica que ningún legislador puede ser enjuiciado  por las actividades propias de su mandato. Sí, en cambio, por cualquier otra falta o delito. Y en caso de presentarse querella ante la Justicia por los fueros, éstos sólo le podrán ser retirados tras el voto de los dos tercios de su cámara, o por expreso renunciamiento del legislador acusado.

El “chapeo”

Por estos días se ventila en Mendoza el pedido de desafuero al senador provincial Marcelo Romano, del partido Protectora, fracción política que conduce el diputado nacional José Luis Ramón.

La fiscal correccional Gabriela García Cobos ha acusado al senador Romano de haber cometido “un atentado a la autoridad” en un procedimiento policial del 11 de agosto de 2019, día de las PASO nacionales, en el Acceso Sur.

En esa ocasión el legislador habría tenido un trato inadecuado con policías que participaban de un operativo en el que se revisaba el auto de una hija del senador, de 20 años, a quien –se corroboró luego- la policía había confundido con otra mujer buscada por manejo peligroso.

En esas circunstancias, Romano habría amenazado a los policías con hacerlos echar y presumido de sus contactos en el Ministerio de Seguridad, todo ello por el mal momento sufrido por su hija. El propio Romano ha aceptado que cometió un error cuando se quejó por el hecho ante el entonces ministro de Seguridad, Gianni Venier. El legislador niega haber “chapeado” con su cargo de senador, pero los uniformados sostienen la versión contraria.

Los pantalones de Suarez

Esta semana (el martes 19 de mayo) la sesión del Senado iba a tratar el pedido de desafuero de Romano, pero un día antes este senador se presentó ante la comisión de Legislación y dio su versión sobre el “atentado a la autoridad” del que está acusado por una fiscal.  Dijo que todo se trata de una persecución política en su contra motorizada por el ex gobernador y titular de la UCR nacional Alfredo Cornejo, debido a la actitud crítica que él mantiene contra decisiones del oficialismo radical tanto en la gestión Cornejo como en la de Rodolfo Suarez.

Romano fue por más: acusó a Suarez de no tener puestos los pantalones de gobernador y de ser manejado por Cornejo. Esto provocó un parate en la UCR que decidió pasar a la semana que viene el tratamiento del desafuero. La última movida de Romano que exasperó al Ejecutivo fueron sus críticas al proceso licitatorio de la presa Portezuelo del Viento, en las que denunció un direccionamiento para privilegiar a una empresa en particular, algo que el Ejecutivo refutó.

Los carajeadores

Es decir que estamos ante un creciente “matete” político, en algo que desde la concepción de un ciudadano común podría arreglarse con más practicidad.

A ningún legislador le debería ir la vida en eso de que le retiren los fueros para ser investigado por un hecho puntual. Es más, la actitud para quien se cree inocente o perseguido debería ser la de ofrecer él mismo que le retiren esa inmunidad para defenderse como corresponde y no extender innecesariamente un  proceso.

El caso del que se lo acusa a Romano, puede parece menor, pero tiene un fuerte simbolismo. Prepear a policías y amenazarlos con ser echados, como dice la denuncia de la fiscal García Cobos, es propio de esa gente que se descontrola porque le hacen una multa y termina llamando “negros de mierda” a los efectivos, previo romperles en sus narices la boleta de la infracción y mandarlos a que se laven con lavandina.

Un senador es un funcionario público, y por lo tanto, un servidor. Como los policías. Pero lo usual es que los políticos se crean que el Estado es una empresa propia. A varios de ellos les encanta carajear a los policías cuando uno de estos uniformados, cumpliendo su misión, los encuentra en una situación irregular.

Fan de la marquesina

En el caso particular del senador Romano estamos ante un personaje político que es adepto al perfil alto, no necesariamente por su producción legislativa, sino por apego a polemizar y a estar en la marquesina. Ha sido voluntarioso para buscar cobijo en diversos resguardos políticos.

Ahora es senador provincial por Protectora, pero mantiene contactos con sectores minoritarios del radicalismo, de donde proviene originalmente, y con algunos del peronismo nacional a través de su actual jefe político, el excéntrico José Luis Ramón. Llamó la atención, por ejemplo, que la senadora nacional kirchnerista Anabel Fernández Sagasti haya salido en su defensa y en contra del pedido de desafuero.

No deja de sorprender, además, el “estilo San Carlos” dentro de la política mendocina. A veces no se sabe cuánto de pelea doméstica y hasta de encono familiar hay entre personajes tan diversos como Marcelo Romano, Alfredo Cornejo, Rodolfo Suarez, Jorge Difonso, o Juani Jofré.

¿Se da cuenta lector/a en las complejidades que se debe bucear para tratar de entender todo este mambo de los fueros que fue activado por un senador, un docto, que un día se le ocurrió, según la denuncia de una fiscal, carajear y amenazar a unos policías?