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Análisis y opinión

Luis Rosales, el liberal porfiado

Los libertarios Luis Rosales, José Luis Espert y Javier Milei presumieron de que iban a ser la tercera fuerza en la política argentina, pero se han ido desinflando lentamente

Cuando tenía sólo 23 años el mendocino Luis Rosales fue elegido diputado provincial por el Partido Demócrata. Un pibe. Un ganso junior. Hoy con 56 años, es algo así como "el más serio" de esa trinidad libertaria que armaron con José Luis Espert y con Javier Milei para inyectarle liberalismo no culposo a la política nacional.

Este grupo, que supo ser promesa como posible tercera fuerza de la política argentina, se ha ido lentamente desinflando hasta convertirse en un gran signo de interrogación para las próximas elecciones legislativas.

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Como aquel dicho popular que asegura que el burro no copula por lindo sino porque insiste, así podríamos decir de Rosales, quien no es un bendecido por las mieles del éxito político, pero al que se le reconoce su fortaleza para porfiar una y otra vez. Es un misterio cómo se acomodará el mendocino a esta nueva realidad.

Wonderful boy

Luego de ser legislador péndex, y ya catalogado como una promesa de joven maravilla, Rosales fue convocado por los peronistas del Equipo de los Mendocinos para que ocupara -en 1991- el cargo de secretario de Turismo como extrapartidario. Luego trabajó para la Cancillería como agregado turístico en el consulado argentino en Nueva York. Vino después su etapa de consultor, de profesor universitario, de periodista especializado en política internacional.

En medio de ese recorrido fue también candidato a gobernador de Mendoza en 2011 y a vicepresidente de la Nación con Espert en 2019, ambas postulaciones con escasa resonancia.

Ahora, después de un 2020 en el que el trío Espert-Rosales-Milei parecía venir bien aspectado, con gran presencia mediática, sobre todo por parte del esperpéntico Milei, los libertarios están hoy en una meseta con tendencia al declive. Con lo cual se cumple aquello de que tener buena recepción en los medios o que te celebren el show no es sinónimo de intención de voto.

Aquella puteada

En febrero pasado los tres recalaron en Mendoza e hicieron un acto en la plaza Independencia. Mientras Luis Rosales daba su discurso tratando de hacer valer su localía, Espert lo interrumpió para gritar a viva voz insultos contra el radical Alfredo Cornejo. Después nadie se acordó de los espiches liberales vertidos en esa ocasión, pero sí de los sonoros y desaforados "hijo de puta" que lanzó quien ahora pretende ser elegido diputado nacional. Rosales todavía está garpando esa cuenta que le dejó su socio.

La gran alianza contra las fuerzas tradicionales que promocionaban los trinitarios liberales, y aquel supuesto piso del 10% de los votos que les auguraban algunas encuestas, a partir del cual pensaban crecer y ser terceros, es hoy casi un albur.

Los principales mazazos se los dieron ellos mismos, en algunos casos por soberbia, y en otros por extremismo innecesario de algunos de sus componentes, como cuando dijeron que venían "a dinamitar el sistema". Pero fue la denuncia contra Espert, a quien acusaron de haber recibido plata para su campaña de parte de un supuesto narco, la que terminó de erosionar los proyectos del trío y de hacerles entender que les quedaba mucho trecho para ser la tercera fuerza

Ensoñaciones

Así, de aquel Espert que rechazaba cualquier acercamiento a Juntos por el Cambio y que, agrandado como galleta en agua, nos aseguraba que "nunca hubo chance en ese sentido", hemos llegado al actual Espert que, apichonado, se acerca con la frente marchita al calor de JxC.

Juntos por el Cambio es la única plataforma desde la cual los libertarios podrían asegurarse llegar al Congreso, donde, es cierto, hace mucha falta que haya más presencia de ideas liberales. El trío ni siquiera pudo acordar con Ricardo López Murphy, el otro referente republicano, que es más zorro para entender la política argentina y los entreveros de una campaña.

Luis Rosales viene ahora más seguido a Mendoza donde está trenzando una alianza de los libertarios, el Partido Demócrata y los referentes del Mendoexit. Dice que le pone fichas a esa entente que está en pañales. Según él, podría llegar a ser la segunda fuerza, detrás de la oficialista Cambia Mendoza, dejando en tercer lugar al kirchnerista PJ mendocino. En ese escenario imaginado por Rosales, el peronismo local se quedaría sin representante en el Senado nacional.

Y para corroborarlo dice cosas como ésta: "En esta provincia se puede concretar una gesta única, que es sacar al kirchnerismo del Senado nacional y expulsarlo de Mendoza". Se refiere, claro, a la senadora nacional Anabel Fernández Sagasti que concluye su mandato e irá por la renovación.

¿Dinamitar, expulsar? No parecen ser ideas que le vayan a gustar mucho al mendocino medio. Una cosa es discrepar del kirchnerismo y ganarles una elección, y otra cosa muy distinta es proponer mandarlos al exilio.