Por cortesía o acaso como una buena práctica para acercarse y achicar la grieta que en los últimos años por momentos es un zanjón. Solo ellos lo saben. Es que, como en algunas empresas o ciertos grupos de trabajo, la Suprema Corte de Mendoza celebra los cumpleaños de sus integrantes.

Para muchos es una señal de camaradería. Las reuniones son cortas y austeras. Quince o veinte minutos, tiempo suficiente para tomar café con una tortita. Nada de torta ni de velitas. ¿Regalos? Tampoco es para tanto.

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El último festejo de cumpleaños en la Suprema Corte de Justicia se realizó el 30 de junio a media mañana por los 80 del sanrafaelino Pedro Llorente, que lo celebra en esa fecha aunque el documento diga con letra clara que nació el 9 de julio de 1941 allá en el sur.

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Pedro Llorente en su despacho del cuarto piso de los tribunales.

Pedro Llorente en su despacho del cuarto piso de los tribunales.

Casi todos los compañeros del máximo tribunal dieron el presente. Había motivos de sobra: Llorente es el mayor de todos, es el único sobreviviente de la Corte reformada tras la llegada de la democracia y a esta altura de su carrera está más allá de cualquier tironeo.

Los que faltaron estaban justificados: visita de cárcel, la tradicional recorrida, previamete agendada, para atender y resolver reclamos de internos penitenciarios.

Aquella media mañana, el despacho de Llorente fue, durante un buen rato, escenario de un desfile de supremos ataviados cada uno con su barbijo y de ordenanzas del cuarto piso del Poder Judicial sirviendo café y otras infusiones y poniendo platos con tortitas raspadas sobre el escritorio.

Cumpleaños al paso

Esa oportunidad suele ser propicia para que algunos supremos se reencuentren después de varias semanas sin verse personalmente, no solo como consecuencia de la pandemia de Covid sino por los compromisos y agenda de actividades de cada uno.

El ejercicio de la docencia, así como de la política, suelen distanciar. Que Llorente viva buena parte del tiempo en San Rafael -los demás supremos están radicados en el Gran Mendoza- también contribuye a que pasen semanas, e incluso meses, sin ver a sus colegas de Corte.

Antes que Llorente se festejó el cumpleaños de José Valerio. Y aquel último día de junio también hubo salutaciones, buenos deseos, alguna confitura y cafés.

Por cuestiones de calendario, no todos tienen la misma suerte que Llorente y Valerio. Por caso, el cumpleaños de Mario Adaro cae durante la feria judicial de invierno, generalmente durante segunda semana: el 16 de julio. Y salvo en los últimos tiempos, y como consecuencia de la pandemia de Covid, en el cuarto piso de los tribunales suele haber poca gente y por lo tanto el festejo se vuelve casi una formalidad.

Algo parecido le sucede a otro de los peronistas del máximo tribunal: Julio Gómez, que nació un 26 de diciembre y esa fecha, para muchos, suele perderse en el cansancio de las recientes Navidades o en el vértigo de las últimas horas hábiles de cada año laboral.

El 22 de febrero Teresa Day celebró por primera vez el cumpleaños en la Corte, ya como integrante del máximo tribunal. Fue un número redondo desde aquel día en que nació en el Policlínico de Cuyo, durante una época en que era moda llegar a este mundo en la maternidad de ese centro médico.

El brindis fue la ocasión perfecta para achicar esa distancia tan amplia puesta de relieve apenas unos meses antes por su designación como sucesora de Jorge Nanclares.

Las agendas de abril y septiembre recuerdan que es la hora de saludar a Omar Palermo y Dalmiro Garay, seguramente de los que más trajinan por cuestiones jurídicas, políticas y académicas, y por ende los más difíciles a la hora de encontrar disponibles para la salutación.