Qué lástima que la militancia política esté "erosionando" el prestigio artístico de Juan José Campanella. Usamos la palabra "erosionar" porque fue la que éste director de cine, teatro y TV utilizó para acusar al periodismo por haber "erosionado" al gobierno de Mauricio Macri "agrandando sus errores y escondiendo sus méritos".

La primera pregunta que se me ocurre para Campanella es: ¿Usted estaría conforme si fuera al revés, es decir que el periodismo hubiera escondido los errores de Macri y agrandado su méritos? 

El problema que los militantes no pueden entender es que la militancia nunca hará periodismo, a lo sumo hará propaganda. Los periodistas tienen la obligación ética de dudar, de investigar, de escuchar varias campanas sobre todo si éstas contradicen sus propios prejuicios. Los militantes siguen un dogma y tratan de esconder lo que no los favorece.

Salvo contadas excepciones, cuando un artista lleva su militancia política a esos extremos, es porque el militante ha terminado por afectar al artista. Es lo que estaría ocurriendo con algunas gansadas en las que el bueno de Campanella se ha ido de boca.

El lider dixit

El cararrota de Perón, figura política por la que uno puede sentir al mismo tiempo tanto desprecio como admiración, solía afirmar desde el exilio que uno de los errores de la política (en el que él mismo había caído) era el de exagerar la importancia de la prensa a la hora de convencer a la gente. Es una falacia total sostener que la gente se deja arrear de manera acrítica por los periodistas.

"En el 45, cuando casi toda la prensa nos criticaba, ganamos las elecciones. Y en los´50 "cuando tuvimos (de prepo) a toda la prensa a nuestro favor, nos derrocaron", admitió Perón con lucidez en los´70.

Pareciera que el director de El hijo de la novia ha caído víctima de estos jodidos tiempos en los que cualquier hijo de vecino (no es su caso, claro) se cree en la necesidad de opinar con escasos fundamentos, de insultar a mansalva, o de escribir desconociendo la sintaxis y la ortografía que aprendimos en la primaria.

Casero y Dady

De uno y otro lado de la grieta hay ejemplos chirriantes de esta desubicación. Uno puede llegar a entender los desbordes de Alfredo  Casero defendiendo a Macri hasta la caricatura o a Dady Brieva adorando a Cristina hasta el desparpajo. E incluso diría que a veces son berrinches necesarios porque nos enseñan lo improductivo de pasarse de la raya en nombre de la militancia.

Repase, lector/a, el tuit que lanzó Campanella por estas horas: "Por 4 años la mayoría del periodismo erosionó al primer gobierno que los respetó. Con total libertad, ocultaron todos los triunfos y subrayaron cada derrota. Ahora lloran al ser escupidos nuevamente. No sé si esta vez podremos ayudarlos. Ojalá que sí". 

Ay, Juan José

¿La mayoría del periodismo erosionó a Macri? Decir eso es un pavada soñada, como es una sandez afirmar que éste fue el primer gobierno que respetó a los periodistas. Campanella debería leer alguna buena historia del periodismo argentino para darse cuenta de que nunca puede volver a afirmar tales tonteras. 

En todos los países realmente democráticos la relación entre la prensa y los gobiernos ha sido siempre tensa y hasta problemática. Me animaría a decir que si no es así es porque las cosas no andan bien.

Para los gobernantes cualquier crítica por pequeña que sea es inaceptable y siempre la primera reacción será verla como parte de una campaña de desprestigio pagada por la oposición. 

Los gobernantes suelen usar los presupuestos destinados a la difusión de los actos de gobierno como un arma para disciplinar a los medios de difusión. A los que están con nosotros, todo. Y al enemigo, ni justicia. Los tres gobiernos kirchneristas dieron cátedra de estos bárbaros desmanejos. 

Ay, Juan José II

Pero hay otro aspecto jodido en el tuit de Campanella. Es ese momento en el que como si fuera un perdonavidas o un político paternalista de municipio, les advierte a los periodistas que supuestamente han erosionado a Macri,  que esta vez no sabe si podrán ayudarlos cuando los kirchneristas que vengan comiencen otra vez a escupirlos en la plaza. 

Campanella es uno de los grandes directores y guionista que ha dado el cine argentino. Todavía recuerdo cuando vi su primera película estrenada aquí comercialmente, El mismo amor, la misma lluvia, y me sorprendió la garra y la originalidad con que filmaba. Ahí me enteré que traía un amplio aprendizaje en la TV de Estados Unidos donde había dirigidos series.

Un artista que dirige un filme como El secreto de sus ojos, realizado seguramente en estado de gracia, no puede erosionarse así como así.  Su obra artística seguramente va a tener la habilidad de sortear estos actuales pecados de militante