Horacio Rodríguez Larreta, que venía haciendo buena letra como un opositor sensato y republicano, la pifió fiero y le dieron leña para que guarde.
La disposición del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que obliga a los mayores de 70 años a pedir un permiso para poder salir a la calle mientras dure la pandemia del coronavirus será recordada cómo un claro ejemplo de cómo una medida supuestamente bien intencionada puede convertirse en un fenomenal tiro por la culata si no es debidamente merituada, justificada y comunicada.
Desde una estrella del espectáculo como Susana Giménez hasta pensadores como Beatriz Sarlo, Juan José Sebrelli y Luis Alberto Romero, fueron legión los que salieron a cuestionarle el decreto “discriminatorio” al famoso Pelado que comanda la Capital del país.
Para la chacota
Este funcionario tantas veces caracterizado humorísticamente como el chupamedias de Mauricio Macri, se ha impuesto en la escena política nacional con peso propio. Construyó poder pese a la rienda corta y los cerrojos con que siempre lo contuvo el entorno de Macri a través de Marcos Peña.
Sin embargo ganó a chicote alzado la reelección en esa provincia vip que no se llama provincia, y que se congratula a través de su clase media de ser una jurisdicción donde el peronismo no puede sentar sus reales.
Pareciera que Larreta se olvidó de ameritar, o no le ayudaron los suyos, que la Ciudad Autónoma es una urbe cosmopolita y liberal, tan culta como engreída, una ciudad que se sueña cool pese a sus enclaves pauperizados, y que nunca va a permitir a ningún autoritario como gobernante. Creo que ése es el cauce donde se debe leer la dura reacción que el funcionario está sufriendo con esta medida.
Los molestos
La norma fue planteada de manera tan inadecuada que terminó exponiendo a los mayores como si fueran, al decir del escritor Marcos Aguinis, un sector social “que molesta y que es condenable y que por cuidarlos, los denigraron”.
En otro lugar del país una disposición como esta quizás hubiera pasado desapercibida, pero Buenos Aires es una caja de resonancia, un lugar de debate. Allí el medio pelo es levantisco e informado.
Susana Giménez refutó a lo diva. Nos recordó que toda su vida fue una mujer libre y que a esta altura de la soirée no va llamar a ningún funcionario para obtener un permiso. Chupate esa mandarina Horacito.
Apellido compuesto
Larreta, como le dicen todos al privilegiar el apellido más paquetón de la madre y no el más popular Rodríguez del padre, venía haciendo buena letra al mostrarse ante el gobierno nacional como un moderado y actualizado representante de la oposición de Juntos por el Cambio.
Desde el comienzo de la pandemia Larreta se plantó como un cuadro de la civilización política, al igual que otros gobernadores de la oposición incluido el mendocino Rodolfo Suarez, que entendieron claramente qué era lo que los argentinos esperaban de ellos en una crisis sanitaria tan grave como la que el virus ha generado a nivel mundial.
Mirá, pibe
Numen del posmacrismo, Larreta debió escuchar cómo la intelectualidad le machacaba frases como ésta: “los mayores de 70 de hoy fuimos los jóvenes de los años 60”.
Que es como decir: “no nos vengan a nosotros con esto de querer prohibirnos cosas. Nos criamos peleando por más libertades”.
Graciela Fernández Meijide lo desafió: “A mí que me detengan. ¿Dónde nos van a mandar? ¿Nos van a amontonar”?
Por estas horas Larreta salió a anunciar que la Ciudad está en emergencia porque a raíz del parate económico ha dejado de percibir $40.000 millones de pesos.
Ahí, me parece, lo quieren ver a Larreta. Gestionando duro por ese lado. Con poder de reacción. Y muñeca política. Y cuidando a los viejos sin necesidad de hacerlos sentir que se viene una “guerra del cerdo” contra ellos.



