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La pandemia nos está haciendo supurar más rápido

La rebelión policial desatada en territorio bonaerense, donde más castiga el Covid-19, es una de las parábolas políticas menos deseadas en estos momentos

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Las heridas o los granos generados por esta peste comenzaron a producir mucho pus. Los sectores que durante medio año han estado en la primera línea de la lucha contra el virus, en particular los de la salud y de la seguridad, están drenando bastante. Exhiben cansancio, saturación, enojos contenidos. En Mendoza hay banderazos de los médicos que piden mejores condiciones laborales, pero que a la vez exigen mayor conciencia a la gente.

En todo el país eso ya lo venían generando, desde antes y con otras formas, los comerciantes, los industriales, los que trabajan de manera informal, es decir todos los que siguen reclamando por un equilibrio más inteligente entre la salud y la economía de los argentinos.

Por estos días hubo otro tipo de temor a nivel nacional, basado en que la protesta que realizó la policía bonaerense podría llegar a generar réplicas en las provincias. En un gobierno constitucional siempre es malo ver amotinados a uniformados que portan armas. En Mendoza esa supuesta reacción vino a través de un documento con reclamos de la asociación que reúne a las esposas y familiares de los uniformados.

El condimento político

Lo cierto es que los medios de difusión y las redes sociales recogen a diario los testimonios de médicos, enfermeros, camilleros. Y ahora también de policías de diferentes rangos. Se sienten sobrepasados. Dicen necesitar más ayuda. Les duele ver que mucha gente no cumple los protocolos y que usa los tapabocas como adornos para el cuello.

Desde el kirchnerismo no faltan los que denuncian que el Ministerio de Salud de Mendoza retacea información porque "está manejado por farmacéuticos, abogados y odontólogos", esto es, no por médicos. Es decir: el pus viene también con un fuerte olor político.

En medio de ese marco de cosas la realidad ha mandado al frente, por varios motivos, a Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires. Hasta el domingo 6 de setiembre ese mandatario venía con la verba encendida. El sábado 5 había dado un discurso ante intendentes oficialistas y opositores donde varios peronistas se asombraron porque el rubio y petiso gobernador parecía estar ya en campaña para las legislativas de 2021. Puro chicote y látigos para la oposición.

Veinticuatro horas después comenzaba en su propio territorio una protesta con claro tufo a amotinamiento por parte de efectivos de la policía bonaerense. Reclamaban por sus atrasos salariales, pero además dejaban conocer una serie de aspectos sobre actos impropios y corruptelas de los jefes policiales en el manejo de esa fuerza que comanda el ministro de Seguridad, Sergio Berni, y que arrastra desde hace décadas el mote de "maldita policía".

Diestra y siniestra

Por distintos motivos, tanto el militante académico de izquierda Kicillof, como el militar retirado de derecha Berni, son dos de los funcionarios preferidos de Cristina Kirchner. El militar retirado es un funcionario adepto a producir videos donde él aparece como una especie de Superman del conurbano combatiendo el delito. Buena parte de esos delincuentes son los presos cuya salida masiva de las cárceles apoyó el gobierno nacional cuando empezó el coronavirus.

Hasta ahora Kicillof parecía estar jugando al gallito ciego, pegando con el palo (sin mayor suerte) a los diversos problemas que ha debido enfrentar. Se le había juntado un "matete" de problemas del cual la pandemia del conurbano es por ahora la más brava. Ahora, sin embargo, ha logrado un premio que María Eugenia Vidal nunca pudo obtener de Mauricio Macri. La Casa Rosada lo ha beneficiado sacándole una millonada de la coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires, "la opulenta", y transfiriéndosela por decreto a Kicillof.

Al jefe de gobierno porteño, Rodríguez Larreta, "el compañero Horacio" como lo llama con humor el presidente Fernández, le avisaron 5 minutos antes de que se hiciera el anuncio a todo el país. Le rebanaran $30.000 millones al año. Esto se suma a los fondos discrecionales que la Nación le mandó a Kicillof en los primeros seis meses de este año y que comparado con igual semestre de 2019 (cuando todavía gobernaba Vidal) había crecido un 822%.

La explicación fue que la provincia de Buenos Aires venía siendo perjudicada desde hace muchas décadas en su coparticipación bajo el argumento de que se debía desalentar la llegada de gente del interior del país al conurbano. En el camino hubo intentos, como la "Reparación Histórica" de fondos para el conurbano, pero nunca un planteo serio para reponer la coparticipación bonaerense.

Esto también lo padece Mendoza que recibe mucha menos coparticipación que otros Estados de similar tamaño y habitantes por estar considerada como "provincia rica". Como se ve, disparates políticos que la pandemia ha sacado a la luz porque cuando la caja se achica se agrandan los problemas.