Análisis y opinión

La extraña semana en que Juntos por el Cambio se dedicó a inflar a Javier Milei

La Mesa Nacional de Juntos por el Cambio ha hecho esta semana uno de los más grandes aportes a la campaña presidencial de Milei

Huevear, según el diccionario, significa decir o hacer tonterías, estar sin hacer nada útil, o haraganear. En todas esas cosas parece haber incurrido Juntos por el Cambio al ocuparse (mal) de Javier Milei. Falta casi un año y cuatro meses para que se concreten las PASO y un año y medio para las presidenciales.

Ni el visionario más agudo puede predecir qué va a pasar dentro de 14 o 15 meses en este país; ni siquiera lo que nos espera -a ciencia cierta- dentro de 1, 3 o 6 meses. Sin embargo, la Mesa Nacional de Juntos por el Cambio ha hecho esta semana uno de los más grandes aportes a la campaña presidencial de Javier Milei para 2023.

Quisieron darle un corte al tema Milei y les salió el tiro por la culata. ¿Qué necesidad -se preguntará usted- habrán tenido para caer en esos aparatosos aspavientos en contra del ultra liberal más mentado?

Los dirigentes de la UCR, del PRO y de la Coalición Cívica dedicaron una jornada a pavonear en torno al libertario superstar. El tipo, claro, agradecido. Quizás usted se pregunte si no sería mejor que Juntos por el Cambio deje de demonizar al peluquín ("nunca podrá estar con nosotros").

El extremista Javier Milei

Milei es un personalista extremo que ni siquiera ha logrado acuerdos duraderos con otros libertarios como José Luis Espert. Muchos argentinos que esperaban que desde el Congreso de la Nación Milei hiciera docencia política liberal ya se han decepcionado porque lo más rimbombante que ha acometido son "esas rifas de beneficencia política" (Beatriz Sarlo dixit) con su sueldo.

Puro populismo que lo lleva a uno a preguntarse si eso es lo que aprendió de la Escuela Austríaca de Economía con la que tanto se da dique. Carl Menger, uno de los creadores de esa Escuela, lo debe estar mirando desde el más allá con tono severo.

El coso éste vive diciendo que el radicalismo y la Coalición Cívica "son de izquierda", que Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal "son dos blanditos de morondanga" de los que no se puede esperar nada, y que con la única que podría hacer algún acuerdo es con la ínclita Patricia Bullrich, el "halcón" hembra del PRO.

En realidad lo más productivo sería dejarlo a Milei que se publicite y se defienda a sí mismo y que Juntos por el Cambio se ocupe de ser -si es que realmente lo cree- la opción republicana frente al kirchnerismo. Para agradecerles tanta prensa a JxC, Milei los chuceó con esta bonita frase: "Si los halcones del PRO rompieran con Juntos por el Cambio, yo los recibiría con los brazos abiertos"

En lo que debería estar ocupada la principal coalición opositora es en ponerse a debatir y consolidar las líneas directrices de un programa consensuado de gobierno, un plan que busque convencer al país de que ellos pueden ser una alternativa eficiente, moderna y criteriosa para la Argentina.

javier milei.jpg
Javier Milei durante su visita a Mendoza.

Javier Milei durante su visita a Mendoza.

Mi enfermedad

El nuestro es un país que está enfermo de populismo hasta el tuétano. Por eso es esperable que la oposición genere en estos meses un plan con pelos y señales, con datos y cifras, que vaya ilustrando a los votantes acerca de cómo entienden ellos que se debe encarar la recuperación argentina desde diciembre de 2023. Un plan que no se justifique con un "Ah, pero Alberto".

¿Quién puede creerle, dentro de ese panorama, a un candidato que, como MIlei, basa su programa en hacer explotar con dinamita el Banco Central y en sacar a patadas en el culo a la casta política, o en cambiar de un día para otro una cultura política que está aferrada al sistema democrático con uñas y dientes?

Usaremos una exageración: algunos de los delirios de MIlei parecen, por extrema derecha, lo que la Revolución Cultural de los maoístas o las masacres del Khmer Rojo en Camboya hicieron por izquierda para cambiarle la cabeza a millones de personas de un día para el otro y "crear un hombre nuevo" desde cero.

Lo bueno que pueda predicar Milei (sanear la economía, bajar el gasto improductivo, adecentar el déficit fiscal, frenar la impresión de billetes sin sustento) termina totalmente licuado cuando el tipo devela las formas extremas y alocadas que propone para llevarlas a cabo, con lo peor del estilo Trump o de Bolsonaro.

Sin catecismo

Para decirlo sin ambages: con MIlei de number one saldríamos de un autoritarismo populista (el de los K), para meternos en otro, de ultraderecha. Lo que la Argentina necesita es evolución, no revolución. Es la única manera de que el cambio sea duradero y en paz.

Claramente, Milei no es la salida hacia una verdadera democracia liberal republicana. Pero hay que admitir que mientras más desencantada y enojada esté la ciudadanía, más posibilidades habrá de que crezcan éste u otros Milei. Hay que dejarlo que se cocine en su propio caldo.

Lo peor que se puede hacer con Milei es querer cuestionarlo con ánimo de pontificar. No es el púlpito o el catecismo lo que va a mostrar a Milei con su verdadero rostro. Es la propia realidad la que debe ponerlo en su lugar. O desmentir a sus críticos.

►TE PUEDE INTERESAR: El libertario Milei mostró la hilacha y se fue al mazo apenas arrancó en Diputados