Hubo una época terrible en que Argentina estuvo alineada a Nicolás Maduro y a su cómplice, Hugo Chávez. Dos dictadores sobre los que pesan cientos o miles de asesinatos en Venezuela y sobre los que pesa también la destrucción del sistema democrático de ese país.
La dictadura de los progres
Asesinatos, exiliados, hambre, dictadura y pobreza. Todo eso es la Venezuela de Maduro. Y no podría serlo sin el silencio cómplice del peronismo argentino

Cristina y Maduro. Una amistad política que lleva más de una década.
Ese país al que también mataron de hambre, porque además de criminales, son pésimos dirigentes políticos. Los 7 millones de exiliados; el 130.000% de inflación que tuvieron y los 300 mil homicidios en 20 años acreditan la basura que es el régimen del que estamos hablando.
Ahora Maduro quiere llevarse puesta la última elección presidencial sin siquiera presentar actas que lo avalen como ganador. Probablemente no las puede mostrar porque en realidad perdió esos comicios y, a cara de perro, le quiere robar, una vez más y como hizo tantas veces, la dignidad que le queda a su propio pueblo.
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Maduro hizo proscribir a la candidata opositora que más fuerza tiene entre la gente, Corina Machado y después de los comicios desató una cacería de manifestantes que –se cree- ya lleva 16 muertos. Tiene a un diputado opositor detenido del que no se sabe si nada: si está bien; si lo están torturando, si lo van a liberar.Y hay venezolanos acá en Mendoza que no pueden comunicarse con sus familias, porque las redes están caídas, según denuncian, también por propia orden del déspota Maduro.
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Es decir, esos venezolanos en Mendoza no saben si sus familiares están vivos o muertos.
(...)
Hay que ser muy ciego o muy cruel para no condenar a Nicolás Maduro. Y sin embargo, como era de esperarse, gran parte de los peronistas argentinos y de los peronistas mendocinos no ha abierto la boca.
O no dicen nada o lanzan comentarios tibios -que es peor que no decir nada-, o directamente defienden al régimen. Los que todavía lo hacen suelen esbozar argumento “en contra el imperio yanqui”. Argumentos que parecen sacados de una revista Billiken. O de un centro de estudiantes completamente anacrónico. Argumentos que ya eran patéticos la última vez que Chávez “ganó”, en 2012, y que ahora, a la luz de tanta muerte y de tanta miseria venezolana, resuenan aún más patéticos.
Por ellos, por los cómplices,
En Mendoza se han expedido partidariamente la UCR, el PRO, el PD y los libertarios. El silencio es sólo peronista. Salvo excepciones de las últimas horas –como Jorge Tanús, que fue muy contundente; Daniel Cassia y el tridente de diputados nacionales por el PJ local, el resto ha decidido callar. Dar la espalda.
Hay muchos motivos por los que el silencio peronista sigue siendo el más atronador. Uno de ellos es que son una fuerza que fue derrocada por dos dictaduras, justamente.
Que fue perseguida y proscripta –como ahora hace Maduro- durante veinte años. ¿Cómo pueden hacer silencio ante una historia que se repite de manera tan cruel?
Cómo pueden hacer silencio cuando en sus narices alguien hace lo que supuestamente odian; lo que supuestamente combaten.
La actitud de muchos peronistas de hoy quizá le daría vergüenza hasta al propio Juan Perón.
¿Se han puesto a pensar eso? Ustedes son peronistas, pero tal vez le darían asco hasta a su propio líder.
Han decidido ser neutrales ante el mismo fascismo que los quiso aniquilar. La pregunta es ¿por qué?
Se lo pregunto a los peronistas de Mendoza. Pero sobre todo a los kirchneristas de Mendoza. Porque diez años atrás, eran ellos los que se llenaban la boca hablando de “La Patria Grande”, “la hermandad latinoamericana”.
Y resulta que cuando los venezolanos en verdad necesitaron un hermano argentino, ustedes dieron una respuesta totalmente tibia. No se la jugaron. Les dieron la espalda a sus “hermanos”.
Ante el infierno que está viviendo esta gente; a dos pasos de nuestro país, no se puede decir, como dijo Cristina en un momento: “Bueno, es verdad, Venezuela no tiene estado de derecho; pero en los otros países no sé si hay tanta democracia”.
Es una pésima comparación. Porque en los “otros países”, en absolutamente todos los otros países de la región, hay alternancia democrática. En todos menos en la Venezuela de Maduro y Chávez.
Claro, Cristina probablemente le deba favores al chavismo. Eso es entendible. En 2021 la prensa española publicó que el extitular de los espías de Chávez, Hugo Carvajal Barrios, “El Pollo”, le confesó a un juez de ese país -Manuel García Castellón- que le enviaron valijas con plata a Néstor Kirchner para financiar la campaña 2007 de Cristina presidente. Valijas con plata venezolana.
Y que esa maniobra se hizo más de una vez y que se hizo con valijas diplomáticas.
Obviamente, la Justicia argentina pidió contrastar esas declaraciones con las del escándalo de la valija de Antonini Wilson, en pleno gobierno de Néstor, con la que quisieron entrar 800 mil dólares a Aeroparque, desde Venezuela y de forma ilegal. El funcionario K Claudio Uberti fue condenado hace pocos meses por esa causa.
Claro, tal vez es eso lo que desconcierta al peronismo. Tal vez tienen que bancar a una banda de traidores a su patria porque son aliados estratégicos de Maduro -quizá aliados sólo ideológicos o quizá algo más que ideológicos-.
Será por eso que bancan a alguien que hace tanto daño. Que va en contra de sus supuestos ideales.
Son el partido que más dice bancar al feminismo, pero callan ante las aberraciones sexuales que constan en el Informe Bachelet sobre Venezuela.
Son el partido que le dice a Milei ser la dictadura, pero cuando tiene una dictadura de verdad mira para otro lado.
Son el partido que señala con el dedo la complicidad civil que tuvo la última dictadura en Argentina y repiten exactamente lo mismo: su silencio servil ante las muertes en Venezuela.
El título de esta columna está mal.
La de Maduro no es una dictadura bancada por los progres. Es una dictadura bancada por farsantes.
Que se hacen los progres.
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