La alusión del presidente Javier Milei acerca de que la economía argentina va a empezar a subir "como pedo de buzo", es decir más rápido de lo pensado, ha sido el comentario obligado en todos los ámbitos políticos y en las sobremesas familiares, además de un festín para las redes sociales. La alusión gaseosa fue desgranada en una paqueta cena de la Fundación Libertad, a la que asistieron políticos de primer nivel de Uruguay y de España, además de empresarios del círculo rojo local.
Javier Milei le da un cariz flatulento a su cruzada para sanear la economía
El Presidente habla de gases intestinales ante auditorios perfumados y doctorales y lo vive como una forma de ser coherente con la provocación
Sumergirse en un discurso de Javier Milei es una aventura de tintes imprevisibles. Su sintaxis, es decir el modo en que combina las palabras para expresar significados, suele ser bastante inconexa y embarullada.
Eso se percibe sobre todo si se leen sus discursos escritos. En cambio, si uno lo ve y lo escucha en una filmación es distinto porque en ese caso el Presidente apela a la ayuda del cuerpo, de los gestos, de las entonaciones, de las caras, un arsenal que el libertario pone en la parrilla para transmitir desde el enojo hasta la sorna.
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Milei da por descontado que eso lo hace más interesante y menos careta. Y no le falta parte de razón, pero no toda la razón. Su relato posee un punto de partida inexcusable (hay que frenar el escándalo del gasto público populista) pero también está lleno de exageraciones y de medias verdades.
El alborotista
Su sello distintivo, su "ángel" a nivel comunicativo, está plagado de herramientas del showman y del stand up. De allí la insistencia en su acting cotidiano que ha pulido en tantos años de ir a programas de televisión y de interactuar en las redes sociales. Eso, para él, es estilo y está orgulloso de ello.
Milei ejercita y moderniza un género de conducción política que en su momento instaló Carlos Menem, uno de cuyos ejes es el de decir cosas grandilocuentes o decididamente alocadas, como la de hablar de gases intestinales ante auditorios perfumados y doctorales. Él vive todo eso como una forma de ser coherente con su bagaje provocador.
Por eso disfruta lanzando agravios al que se le ponga en contra o le manifieste algún comentario crítico. A Axel Kicillof acaba de definirlo como "ese chico soviético". A reconocidos periodistas los acusa de pertenecer a "la cloaca más grande de la Argentina".
Milei está convencido de que algunos de los economistas más renombrados de la Argentina no tienen la menor idea de algunos asuntos económicos. Discuten el problema de la inflación y no saben qué es el dinero, asegura. Para él cualquier tema es bueno para atacar a Keynes "por haber confundido a tanta gente con la definición de las cosas".
Da la impresión de que las lecturas de Milei se han circunscripto mucho a lo económico, mejor dicho a un sector ideológico de lo económico y, desde hace un tiempo, a la Torá, el libro sagrado de los judíos. No se nota en sus escritos, que haya sido un cultor de los grandes autores de la literatura ni de los textos políticos.
El áspero
Su estilo de escritura es bastante áspero, tosco y sobre todo deshilvanado, algo que suele ser típico de los que viven metidos en las redes sociales y que escriben a mil con escaso rigor en la corrección.
En estos días algunos economistas que se permitieron marcarle a Milei supuestos pasos en falso, han coincidido en que el plan económico está hecho "a los hachazos". Pues bien, así también podríamos catalogar su forma de redactar. Pareciera que escribe a borbotones.
Por ejemplo, el discurso escrito del acto de la Fundación Libertad peca por su ausencia de conectores, esenciales para relacionar ideas en un texto.
Es evidente que el jefe de Estado (con perdón de ésta última palabra) tiene conocimientos de la ciencia económica, en particular de la Escuela Austríaca de Economía, pero cuesta encontrar señales de que su formación intelectual haya abrevado de forma generosa en terrenos contrarios al de sus ideas, algo que a un político lo suele ayudar mucho a la hora de armar su personaje para equilibrarlo, aunque, claro, sopesar no es palabra del agrado del ex arquero de Chacarita.
Adorada intransigencia
Milei, que está jugado por un libertarismo radicalizado en versión anarcocapitalista, insiste en que no quiere ser un político. Sin embargo, es indudable que, pese a sus diatribas, el inquilino de la Casa Rosada está haciendo -obligado y de canuto- un curso acelerado de política.
Hoy es la política, o si usted quiere, un sabio accionar político, lo que puede consolidarlo. Milei se hace el sota y exhibe con orgullo su intransigencia, pero está negociando mucho más de lo que está dispuesto a aceptar en público.
A él le fascina decir cosas como que "estamos dándole duro y parejo al gasto público y cumpliendo el sueño de Rothbart" Sin embargo no hay ningún antecedente de que su admirado ideólogo Murray Rothbard haya acudido a buzos o flatulencias para explicar las supuestas bondades del anarcocapitalismo.
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