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Hugo Laricchia, CEO del MendoExit : ¿un chanta o un avispado político?

Hugo Laricchia es el referente del "secesionista" MendoExit, una movida que pide volver a la autonomía de las provincias, y que ahora ha mutado en partido político. ¿Delirante o esclarecido?

Algunos dirigentes políticos son doctores, ingenieros e incluso quiroprácticos. En cambio Hugo Laricchia, el referente de la marca MendoExit, quien por estos días convertirá esa movida de exaltación mendocinista en un nuevo partido político, es mencionado por "los de carnet" con calificativos de escasa nobleza, como chanta, loco, o delirante.

Otros, más volcados a la izquierda, lo ven como un tipo paleolítico que no cacha las crecientes realidades sociales, como el feminismo o los nuevos derechos sexuales. Lo acusan de propiciar el término "feminazi" para referirse a algunas dirigentas del feminismo, o de querer volver al chirlo en el culo a los niños que insultan en lugar de tratarlos con las enseñanzas de Piaget.

Una reciente y muy modesta fama, concentrada en ciertos sectores no izquierdistas de la clase media ilustrada, impregna ahora a Laricchia de algunos ínfulas. El susodicho se presenta como vivaracho empresario del turismo del vino. Antes anduvo por otros rubros, como analista de medios y columnista de alguna radio. Además, nuestro personaje ha sido activo entretenedor en charlas de café propiciadas por ciertas runflas de diletantes.

La argucia

Laricchia se define como liberal, ateo y antiperonista, un menú con condimentos, pero no apto para estómagos kirchneristas y chavistas. Su prédica para poner a Mendoza en modo Exit fue copiada del portazo que dieron los ingleses al retirarse de la Unión Europea bajo el argumento de que en ese bloque era más lo que perdían que lo que ganaban.

Sin llegar a ese extremo secesionista inglés, la argucia del MendoExit parece servirle a Laricchia para hacer alharaca y salir en los medios porteños. Y, claro, para reclamar la vuelta a un verdadero federalismo y a las autonomías de las provincias que fijó la Constitución de 1853. Y a que dejen de aporrear a Mendoza con una injusta distribución de fondos coparticipables y de pretender armarle las cosas desde la Casa Rosada.

Esta provincia es un territorio muy poco amigo para los políticos que prometen llenarnos la heladera, o ponernos plata en el bolsillo, o que han hecho de los planes sociales una religión en lugar de hacer lo mismo con la creación de trabajo genuino.

Galleta en agua

Agrandado, Laricchia se ha propuesto convertir a su partido en la nueva tercera fuerza de Mendoza. Difícil que el chancho chifle, pero no imposible. Se va a presentar en las próximas elecciones legislativas. Va tener que romper una maldición porque después del extenso historial del Partido Demócrata que compitió durante décadas con peronistas y radicales, ningún otro partido que ha llegado a ese puesto ha podido mantenerse y proyectarse desde esa posición.

No lo pudo hacer el ex fiscal de Estado, Aldo Giordano, el más preparado de todos, quien se dejó traicionar por el excesivo ego e hizo implosionar a su partido. Tampoco la izquierda de manual de Nicolás del Caño que llegó a ese tercera posición para rifar al poco tiempo las expectativas. Ni mucho menos el partido Protectora, de José Luis Ramón, algo mal parido desde el inicio porque una ONG de defensa del consumidor no puede transformarse en partido político sin romper su razón de ser. Ramón, que entró como diputado nacional, no alcanzó a sentarse en el Congreso que de inmediato se pasó al kirchnerismo.

Laricchia, activo tuitero de la línea de los picantes, venía rompiendo los esquemas desde 2013 con eso de propiciar una reacción independentista para que la Nación nos respete un poco más. Predicaba en las redes, en los bares, en las tertulias y asados con los amigos. El MendoExit no pasaba de esos círculos.

El efecto C

Fue Alfredo Cornejo quien le dio un gran aventón a Laricchia cuando en una entrevista con Andrés Gabrielli por Radio Nihuil dijo comprender fenómenos como éste del MendoExit, que en su visión se generaban por el desprecio de la Nación contra una provincia que hacía gala de una institucionalidad y de un ordenamiento del que carecían las provincias feudales y atrasadas, esas que solían ser, como en el caso de Formosa o Santiago del Estero, felicitadas, aplaudidas y premiadas por la Casa Rosada.

Cornejo dijo ser consciente de que una independencia o secesión de Mendoza era algo absolutamente imposible, no buscado, pero que la aparición de movimientos de este tipo eran un llamado de atención. El rebote de las palabras de Cornejo fue inmediato. De un día para otro Laricchia empezó a ser consultado en los medios nacionales y de otras provincias como si fuera una versión menduca del Puigdemont de Barcelona. Se le hinchó el pecho y ya no paró.

A este columnista el nombre MendoExit le parece medio tilingo, pero ahí lo tenemos al Laricchia catalogado de "chanta" o de "versero de pocillo" con su nuevo partido político caminando hacia las legislativas. Será interesante ver qué hace con este experimento.

En su contra, el CEO del MendoExit ostenta su propia lengua adicta al constante boxeo verbal, su tendencia de francotirador excesivo que le puede restar predicamento, y un tonito de canchero de puta madre que por ahí puede ser desmedido para el paladar del mendocino de a pie.

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