Los tribunales son tierra de conflictos. De intereses. De víctimas y victimarios. Nunca de aplausos. Sin embargo, esto último comenzó a romperse esta semana inmediatamente después de la sentencia condenatoria a dos sacerdotes y un civil por los abusos sexuales a chicos hipoacúsicos en el Instituto Próvolo.

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Sueltos, aislados, los primeros aplausos en el hall central del edificio fueron casi imperceptibles, como la trizadura de un cristal.

¡Clap! (...) ¡Clap! (...............) ¡Clap! ¡clap! (..................................) ¡Clap! ¡Clap!

Hasta que de pronto aplaudió más gente. Más víctimas del horror pero también sus familiares y amigos. Entonces sonaron tantos aplausos como en una fiesta. Pero también hubo abrazos de esos que estrujan. Y besos. Y ojos enrojecidos por la emoción. Muchos. Y más aplausos. Como en un teatro satisfecho. O en una cancha victoriosa. Aplausos sin respiro. Arrolladores.

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La historia dirá que el destinatario de semejante reconocimiento popular en un terreno tan recoleto como los tribunales fue Gustavo Stroppiana, el fiscal que investigó a los curas Horacio Corbacho y Nicola Corradi y al ex jardinero Armando Gómez en 2016.

El mismo Stroppiana que los mandó a juicio para que fueran condenados a 45, 42 y 18 años de cárcel tras cuarenta y nueve días de debate oral y a puertas cerradas porque las víctimas habían padecido delitos de índole privada.

La historia también dirá que el lunes 25 de noviembre de 2019, pasado el mediodía, ese magistrado de 51 años y padre de dos hijas fue aplaudido y vitoreado por su trabajo en los tribunales de Mendoza. Como nunca antes había ocurrido.

De alto impacto

Dos días después, Stroppiana recibe a Diario UNO en la fiscalía que investiga delitos contra la Integridad Sexual. Hay expedientes por doquier en escritorios, armarios, casillas... Él sigue recibiendo muestras de gratitud. En los tribunales. En la calle. Hasta un tachero le gritó su agradecimiento.

"Lloramos todos con la sentencia, Gustavo. Felicitaciones. A la noche volvíamos a ver el noticiero y volvíamos a llorar con vos. ¡Qué orgullosos estamos! "Lloramos todos con la sentencia, Gustavo. Felicitaciones. A la noche volvíamos a ver el noticiero y volvíamos a llorar con vos. ¡Qué orgullosos estamos!

De una mujer que se acercó a saludarlo antes de la entrevista

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¿Es consciente de que ese tipo de reacciones de agradecimiento ciudadano son inusuales para con gente de la Justicia? -preguntó UNO.

-No soy consciente de nada. Estoy sorprendidísimo. Lloré terriblemente con el video de la víctima de Verona, que se enteró de la sentencia cuando estaba en un mercadito allá en su pueblo.

Mirá cómo reaccionaba Gianni Bisoli, ex alumno del Próvolo de esa ciudad italiana, y una de las víctimas de Nicola Corradi

"Es muy loco haber sido parte de todo eso -sigue el magistrado-. Mire todo lo que se ha generado más las publicaciones de los diarios de Estados Unidos, de Inglaterra, de Brasil...".

"La investigación de los abusos sexuales en el Próvolo no fue una cruzada contra la Iglesia" "La investigación de los abusos sexuales en el Próvolo no fue una cruzada contra la Iglesia"

Gustavo Stroppiana

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Debut a lo grande

Stroppiana tomó el caso Próvolo a fines de 2016 por convocatoria del procurador de la Corte y jefe de los fiscales, Alejandro Gullé, porque el colega Fabricio Sidoti había sido suspendido a raíz de su accionar en otra investigación.

Stroppiana recuerda que "desde el comienzo, aunque no podíamos prever todo lo que esto significaba o los alcances que podría tener, se veía que era una causa bastante compleja". Y sigue: "Y yo era bastante nuevo en esto: el caso Próvolo fue mi primer debate. Por eso hubo bastante prudencia. En tres años hicimos un gran trabajo de equipo con nuestros colaboradores y la parte querellante, toda gente muy comprometida".

-¿Cómo definiría lo que sucedió en el Próvolo de Luján? 

-Fue una experiencia terrible, espantosa en un ambiente con una atmósfera opresiva. Fue muy difícil imaginar y creer que durante tanto tiempo hayan ocurrido hechos tan graves. Son tan vulnerales los chicos hipoacúsicos, que no podían decir lo que les ocurría, que no tenían internalizadas muchas cuestiones vinculadas con el sexo, que respetaban con temor casi reverencial la autoridad de sacerdotes que en lugar de protegerlos, de contenerlos y educarlos en valores les hicieron estas cosas. Es muy difícil tomar dimensión de todo esto.

“La mayoría de las víctimas proviene de familias de muy escasos recursos económicos; algunas con problemas de hipoculturización, lo que hacía más difícil advertir el riesgo que corrían en el instituto” “La mayoría de las víctimas proviene de familias de muy escasos recursos económicos; algunas con problemas de hipoculturización, lo que hacía más difícil advertir el riesgo que corrían en el instituto”

Gustavo Stroppiana, fiscal

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-¿En algún momento pensó en abandonar la causa?

-En algún momento, desde lo personal, me cuestioné si estaba a la altura, por mi falta de experiencia. Yo había estado 11 años en la división Delitos Especiales, donde tuvimos causas complejas, estafas, homicidios, robos. Trabajé con el doctor Daniel carniello. A pesar de algunos reveses y algunos cuestionamientos, inconscientemente sabía que debía seguir hasta el final con el caso Próvolo.

Osvaldo Stroppiana, el padre del fiscal, fue comisario judicial encargado de la seguridad de los tribunales. Se jubiló con 47 años de carrera en la Justicia

-¿Habló con su papá sobre el desafío o en momentos de debilidad?

-Sí, varias veces. Por una cuestión de códigos. Él entiende este mundo judicial y vivió muchas veces muchas situaciones complejas y de mucha presión. Fueron claves su consejo y el de mi madre, Susana, en todo este proceso. Fueron sanadores.

-Se lo vio llorar al final del juicio...

-En estos casos, el magistrado es un técnico que tiene cierta capacitación en Derecho pero, dadas las características de un caso así, es muy difícil abstraerse y dejar de lado todo lo emocional. Y no está mal, siempre que no afecte el objetivo ni el desarrollo de la causa. Si no lo vivimos de ese modo, seríamos máquinas.

-Mirando a los curas Corbacho y Corradi y al jardinero Gómez, ¿qué veía? ¿monstruos?

-No, para nada. Durante el juicio los tuve a un metro y medio de distancia pero nunca cruzamos palabra. Tampoco durante la investigación, ni  siquiera cuando Corbacho declaró catorce horas seguidas y no aceptó contestar preguntas mías.

“Debieron responder ante la Justicia y hacerse cargo; ahora deben cumplir la condena” “Debieron responder ante la Justicia y hacerse cargo; ahora deben cumplir la condena”

Gustavo Stroppiana

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-¿Cuál son las claves para evitar los delitos sexuales?

-La educación, la prevención y que esta problemática se haga visible para que la sociedad tome conciencia de que estas cosas ocurren. No como antaño, cuando todo se tapaba y las víctimas se sentían culpables y se tergiversaban esos valores. Ahora las víctimas saben que son víctimas y se animan a hablar y la sociedad no las condena ni las margina, sino que las contiene gracias a ese cambio de paradigma.

"Ojalá este caso sirva para crear redes de contención y protocolos, y para activar todas las alarmas para que, si esto sucede otra vez, haya una respuesta rápida y efectiva de todos los organismos involucrados" "Ojalá este caso sirva para crear redes de contención y protocolos, y para activar todas las alarmas para que, si esto sucede otra vez, haya una respuesta rápida y efectiva de todos los organismos involucrados"

Gustavo Stroppiana

Más que un fiscal

En su juventud Gustavo Stroppiana jugó al básquet en el Club Mendoza de Regatas. En el puesto de ayuda base. También llegó a hacer radio. Disfruta de leer. Mucho.

Nació en Luján pero desde los 3 años vivió en Dorrego. Este año cumple 30 años de carrera judicial. Trabajando en los tribunales estudió y se recibió de abogado.

También es parte de esa cofradía llamada El Club del Gourmet, que el entrevistado integra junto con abogados, emprendedores, otros magistrados, periodistas y reconocidos sibaritas, costumbre que el propio Stroppiana define como "un espacio para distenderse y compartir con amigos con buena comida y buenos vinos en locales de Mendoza".

-¿El deporte sirve para fomentar el trabajo en equipo para los desafíos complejos como un caso como el Próvolo?

-Estoy convencido de que cuando hacemos deportes no podemos dejar de ser quienes somos. Nos mostramos tal cual somos. Los deportes grupales nos enseñan a trabajar en equipo y en una causa como la del Próvolo hubo que trabajar en equipo. Si no, jamás hubiéramos llegado a buen puerto.

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-¿El Poder Judicial estuvo a la altura para investigar?

-Es la primera que vez que se tomaron declaraciones en Cámara Gesell en un lugar más cálido y confortable para que las víctimas pudieran hablar delante de psicólogos. A la vez se acondicionó un circuito cerrado de tevé para que nosotros pudiéramos seguir todo desde la sala de debates, escuchar y también preguntar. Fueron grandes avances conseguidos.

Este lunes, los jueces Carlos Díaz, Aníbal Crivelli y Mauricio Juan darán a conocer los fundamentos de la histórica sentencia condenatoria

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-¿Cómo fue su niñez?

-Muy feliz. Con padres y hermanos muy unidos. Estudiando en la escuela pública en la primaria -fue alumno de la Jorge A. Calle; vivía frente al establecimiento- y la secundaria. Agradezco a Dios haber vivido una infancia tan contenido. Solo tengo buenos recuerdos de esa etapa.

-¿La gente que destruye una infancia merece la cárcel o algo más?

Es inevitable: cuando doy clases en la facultad se abre el juego para que los chicos opinen sobre la pena de muerte, porque más allá de una pena tan gravosa como 45 años de prisión, en el caso de Corbacho, ¿qué más hay? más allá de eso está la pena de muerte. No estoy de acuerdo con la pena de muerte y me parece que la solución en el sistema penal punitivo tiene que ir por otro lado. En principio, puede ser la reinserción y tratar de que estos elementos nocivos para la sociedad puedan reinsertarse.

Un hombre de fe

Stroppiana es católico practicante. Habla de “valores religiosos íntimos” y del “soplo vital que tenemos y que solo Dios puede darlo y quitarlo”. Esta última frase permite inferir que no es un devoto común y corriente. Sin embargo, hace un poco más de tres años se vio investigando a sacerdotes acusados de delitos sexuales contra menores de edad hipoacúsicos.

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-Usted ha roto dos paradigmas: que la gente de la Justicia no recibe reconocimientos populares y que los magistrados no se emocionan hasta las lágrimas...

No está mal mostrar el lado humano y salirse de lo técnico. Llorar fue inevitable: los chicos vinieron y me abrazaron y hubo un reconocimiento tan grande de las madres y justo había una cámara de televisión... Pero bueno, ya pasó. Ahora hay que seguir trabajando.