Análisis y opinión

¿Estarán los radicales condenados a tener un rol de acompañantes en la política nacional?

El radicalismo argentino navega con la brújula maltrecha. Ello le impide volver a tener poder nacional. Hoy se reconforta siendo parte de gobiernos provinciales y municipales donde lame sus heridas

La Unión Cívica Radical (UCR) ha ocupado en las dos últimas décadas un lugar secundario respecto de todos los gobiernos nacionales que pasaron en ese lapso, tanto en el kirchnerismo como en el macrismo y ahora en el mileísmo.

En esas relaciones que los tataranietos y choznos de Leandro N. Alem debieron urdir para capear el temporal tras la renuncia precipitada del presidente Fernando De la Rúa, hubo de todo. Por ejemplo, fracasos como el noviazgo transversal con Néstor y Cristina Kirchner que, convertido en trío vía Julio Cobos, tuvo una convivencia oficial traumática que duró pocos meses.

Pero también se registraron aciertos, como el que los radicales tuvieron con Mauricio Macri y el PRO donde se logró una relación más duradera y productiva, pero siempre como acompañantes. En 2023, con la comezón del séptimo u octavo año, le llegó el desgaste a esta pareja de amarillos y boinas blancas, situación ratificada por el retaceo del voto de esa ciudadanía que dejó de creer en la solvencia de gestión de Juntos por el Cambio.

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Miguel Ángel Pichetto, Patricia Bullrich, Alfredo Cornejo y Maximiliano Ferraro, voceros de Juntos por el Cambio.

Miguel Ángel Pichetto, Patricia Bullrich, Alfredo Cornejo y Maximiliano Ferraro, voceros de Juntos por el Cambio.

Queda por ver cómo mantendrá el radicalismo su relación política con el libertarismo del León, algo que comenzó como una necesidad de subsistencia para la UCR y que ahora pinta como una liasson atada provisoriamente y tendiente a quedar posicionada en algún lugar no tan marginal de las decisiones políticas.

El radicalismo de las provincias insiste, a través de sus gobernadores e intendentes, con dar un apoyo crítico para que el oficialismo de la Casa Rosada consolide la gobernabilidad. En cambio el Comité Nacional de la UCR, copado por el porteñismo falsamente fetén de Martín Lousteau y Emiliano Yacobitti, parece preferir el aliarse con el kirchnerismo antes que darle algún tipo de apoyo a MiIei.

Y la nave ¿va?

Decididamente, el radicalismo navega sin haber encontrado la brújula como partido nacional. Hoy lame sus heridas y sólo tiene para reconfortarse con ser parte de gobiernos provinciales, como en Mendoza donde llevan tres gobernaciones seguidas, y de decenas de intendencias en todo el país. Hoy por hoy las provincias administradas por radicales (más los legisladores nacionales de tales estados) están entre dos fuegos.

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Alfredo Cornejo asumió en 2024 su segundo mandato a cargo de la Provincia.

Alfredo Cornejo asumió en 2024 su segundo mandato a cargo de la Provincia.

Por un lado, les cuesta entender y compartir las posiciones adoptadas por las autoridades de la UCR nacional, de las que desconfían sin animarse a enfrentarlas abiertamente. Y por el otro lado saben que deben apuntalar al actual gobierno nacional para que no se pierda la oportunidad de darle un cauce liberal y republicano a la recuperación del país.

Son conscientes, a su vez, que el anarcocapitalismo no parece ser lo más adecuado para las grandes mayorías que buscan un país sin populismos de izquierda ni de derecha. Un país que pueda volver a situarse en el centro del espectro político, y que esté abierto para tomar condimentos de la centroizquierda o de la centroderecha cuando sean necesarios, y con una clase media que mantenga el equilibrio y sirva de "nervio" para echar a andar una proyección más sabiamente progresista y reparadora para la nación.

Esos ciudadanos vienen de estar hartos de aventuras supuestamente esclarecidas que sólo han buscado, como en el caso de La Cámpora, manejar a sus anchas las cajas del Estado porque como les enseñó Néstor Kirchner para hacer política lo esencial es tener plata más que ideas.

Al PRO lo tienen confundido

A diferencia del radicalismo que apoya con cierta distancia al libertario, como una forma de respeto al voto popular de 2023, el PRO está más jugado a subirse con decisión plena al tren libertario. Sin embargo Milei no lo deja al macrismo hacer su juego. El libertario cree que eso sería licuar la pureza de su poder.

Ante ese panorama los del PRO han pasado a ser, en relación a Milei, "los nuevos radicales" que deberán acostumbrarse a ponerse en el rol de acompañantes, partners segundones de La Libertad Avanza. En su momento el Presidente no dudó en llamarlos "segunda marca".

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El presidente Javier Milei con el radical Luis Petri, ministro de Defensa de su gobierno.

El presidente Javier Milei con el radical Luis Petri, ministro de Defensa de su gobierno.

Milei quiere a los macristas apoyando en el Congreso nacional (los necesita imperiosamente hasta que se hagan las elecciones legislativas de 2025) pero no los admite para tomar decisiones en el Poder Ejecutivo.

El Presidente cree que la concreción de una sociedad formal con Macri tornaría aguachenta la densa sopa que está cocinando usando condimentos de las sectas paleo libertarias. Milei se permite hacer y decir disparates porque, como se ha dicho con razón, todavía frente a él no hay nadie que le haga sombra a su poder.

El macrismo no puede convencer al dueño de la motosierra para que los haga socios activos con voz y voto. Al mismo tiempo el Presidente no es receptivo a las ayudas del radicalismo porque no acepta ayuda de "colectivistas", como le gusta llamar a los radicales y a los socialistas. A estos últimos los tilda de "soretes rastreros".

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Luis Petri junto a Bullrich y Macri, la noche en que la actual ministra de Seguridad quedó afuera del balotaje que finalmente disputaron Sergio Massa y Javier Milei.

Luis Petri junto a Bullrich y Macri, la noche en que la actual ministra de Seguridad quedó afuera del balotaje que finalmente disputaron Sergio Massa y Javier Milei.

Si Milei no dudó en echar de la Jefatura de Gabinete a su amigo de muchos años Nicolás Posse, debido a una súbita falta de confianza motivadas por supuestas tareas de espionaje de Posse a figuras del Gobierno, entre ellas Karin Milei, la hermana del mandatario, ¿por qué habría de privarse de tener dudas con respecto a Mauricio Macri, otro que, como Milei, cree estar predestinado para mandar y tener siempre la razón.

Camino dañado

Los radicales no tienen -ni ahí- el camino despejado y no hay señales claras de que ese partido esté a las puertas de alguna síntesis en la interna de la UCR nacional.

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La cumbre de gobernadores y referentes de Juntos por el Cambio.

La cumbre de gobernadores y referentes de Juntos por el Cambio.

Una puja entre porteñistas, que han copado el Comité Nacional con un discurso rupturista ante el experimento libertario, y los gobernadores e intendentes radicales, que apelan a mantener su poder territorial y las consignas republicanas pero que adolecen de líderes potentes, son factores que no han permitido al radicalismo ejercitar una influencia clara en el escenario nacional, salvo en esporádicos episodios en el Congreso nacional.

Tampoco han logrado esa influencia los macristas, pese a que ellos no tienen dudas en subirse sin demoras y con papeles al proyecto libertario. Radicales y macristas deberán esperar que el rumbo libertario empiece a decantar para poder actuar con más posibilidades de éxito.

Muy tenuemente, y obligado más por la férrea realidad que por la ideología anarcocapitalista, Milei ya no habla tanto de la casta. Está teniendo demasiados problemas de gestión política (y demasiados viajes al exterior por visitas no oficiales) como para desechar de plano a todo el mundo político. Haber nombrado como jefe de Gabinete a un hombre fogueado en la política, como Guillermo Francos, es una buena señal, en ese sentido, pero no será la única. La bomba política que detonó en el ministerio de Capital Humano ya ha generado indicios de que podría replicarse.

Es cierto que a los partidos tradicionales, como el radicalismo, les está costando mucho comprender la lógica del fenómeno MIlei, pero hay otros que están peor: el peronismo kirchnerista directamente es negacionista de esa realidad.