En 1982 este país, que vivía bajo una dictadura atroz, fue llevado a una guerra absurda con el Reino Unido que terminó haciéndonos retornar a la democracia en 1983. Ese infierno y esa esperanza se desarrollaron en menos de dos años. Dos años duró el gobierno de De la Rúa, en el cual pasó de todo. Otros dos años consumió el gobierno provisional de Duhalde, que no estaba en la mente de casi nadie.
Elecciones presidenciales en la Argentina: dos años y medio son una eternidad
Dos años en la Argentina son una eternidad y mucho más en medio de una pandemia y de un shock económico mundial. Y sin vacunas.
Faltan dos años y medio para las elecciones presidenciales de 2023. Mauricio Macri nos ha anoticiado a través de un libro que su gestión presidencial 2015-2019 fue solo un "Primer Tiempo", que ahora falta lo mejor y que él será otra vez el conductor. Está en su derecho. Lo que está medio vidrioso es el sentido de la oportunidad.
Depende. Hay quienes creen que en política siempre es el momento. Para otros, hacer política es una paciente y tenaz tarea de armar, desarmar y volver armar un mecanismo de relojería. Y no faltan los que explican que en política se necesita un manejo exquisito de los tiempos, el famoso timing del que hablan los ingleses.
Tomate un té
El tiempista sabe que muchas veces para sostener el ritmo se necesita una pausa. En teatro no todo es hablar a borbotones. Hay silencios majestuosos en las mejores obras teatrales y en las películas. En literatura, una coma o un punto aparte pueden ser un bálsamo.
A veces nos cuesta entender las decisiones de los políticos de vidriera. Es que en todos lados los políticos suelen vivir en especies de mundos paralelos a los nuestros.
En unas pocas ocasiones esa dificultad nuestra se da porque estamos ante políticos que tienen pasta y visión de estadistas. En otras, porque son audaces y temerarios, dos caracteres de los que la mayoría de nosotros adolece. Están también los políticos abnegados y honestos que, sin brillar, lubrican con paciencia esos hilos que permiten armar un entramado, una red que nos lleva a avanzar o a sostenernos.
Y están, claro, esas marismas de chantas, aprovechados, cínicos y sinvergüenzas que nos arrojan las mareas políticas, y que nos dejan algas putrefactas por todos lados.
¿Hacés fiesta?
Sea como fuere, en la Argentina real, el año 2023 es un enigma gigante. Por eso, lo de Macri genera algunas lógicas dudas. Advertirle al país que en 2023 habrá un probable "segundo tiempo" es hoy, con la segunda ola encima, algo que en el electorado independiente se presta más para el cascoteo que para la adhesión.
Una cosa es irse a vivir en pareja sin alharacas y otra muy distinta hacer una fiesta de casamiento para 400 personas. Nosotros no somos un país previsible. No nos da el cuero para proyectar a años vista.
Tal vez hubiese sido más consecuente que el libro de Macri circulara por otras razones. Por ejemplo, para dar un envión a la coalición Juntos por el Cambio, que es lo que ese partido de oposición parece estar necesitando para las PASO de agosto y las legislativas de octubre de este año. Esa es -o debería ser- la prioridad opositora al kirchnerismo.
De la forma que se ha dado, el libro de Macri parece destinado a insuflar un tipo de tensión que quizás no sea la más necesaria entre macristas y radicales.
Insistimos: por ahora el 2023 es un albur. Es decir, una mezcla de suerte o azar, un riesgo que algunos prefieren correr antes de saber el resultado de un proyecto.
Tal vez todo se reduzca a que Cristina Kirchner y Mauricio Macri se necesitan imperiosamente para mantener la grieta. Los dos están atados a esa idea. Y ninguno de ellos puede -ni quiere- salir de ese brete porque entienden que el otro es su principal enemigo, esto es, el antagonista que les va a ayudar a prolongar sus relatos.




