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Análisis y opinión

El uniforme de la Merkel y el cinturón LV de Cristina

Angela Merkel, "la mujer más poderosa del mundo" se apresta a retirarse. Condujo Alemania por 16 años, siempre con el mismo uniforme de servidora pública

Hay una broma muy difundida en Alemania que dice: "¿Sabes qué hace Angela Merkel con su ropa vieja? Se la pone". En efecto, si se mira bien la ropa de esta mujer, se podrá corroborar que usa una especie de uniforme pero de diferentes colores. También las maestras o los médicos de hospitales usan uniformes. Es decir, hablamos en todos los casos de personas que cumplen un servicio público.

Nadie imagina a Merkel, la principal figura política de ese país desde 2005, luciendo un costoso cinturón de Louis Vuitton y un pantalón de eco cuero engomado para hablar ante el parlamento alemán. Su prestigio logrado a base de una democrática austeridad se mantiene casi intacto. Muy pocas veces ha usado vestidos salvo para grandes galas de las óperas europeas o algún evento palaciego.

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Líder de la Unión Demócrata Cristiana, un partido de centro derecha al que ella le ha puesto una marca a fuego, tanto por su moderación ideológica como por su rigor administrativo, Merkel es una mujer que ha conjugado su ideario político con los mejores aspectos de la oposición.

Tan es así que se ha apoderado de algunas de las buenas virtudes de la socialdemocracia de centroizquierda. Igual habilidad ha demostrado para hacer suyos varios reclamos ambientalistas de los Verdes. Y ha exhibido el gran mérito de haber juntado a una mayoría de los alemanes en el centro político.

Por supuesto que ha tenido con los partidos políticos germanos los encontronazos lógicos de todo gobierno republicano, pero no ha militado ninguna grieta y va a dejar a Alemania mejor posicionada -en todo sentido- de cómo la encontró.

La gran europea

No sólo ha dirigido Alemania desde su rol de canciller federal, es decir una primera ministra con amplias facultades (el cargo de presidente en Alemania es protocolar). También ha sido la voz cantante de la Comunidad Europea en los últimos tres lustros. Y en todo ese tiempo ha mantenido su vestuario republicano de chaqueta, pantalón y top al tono. Un mismo modelo, ya sea para telas de invierno o verano, donde lo que cambia son sólo los colores.

A Merkel, doctorada en química cuántica, no se le conocen escándalos donde su nombre esté en la picota, en cambio sí han habido algunos funcionarios de menor rango que han caído por tráfico de influencias o por mentir, los cuales han sido eyectados casi de inmediato.

En cambio hubo cancilleres anteriores a Merkel, de su mismo partido, como Helmut Kohl que tuvieron serios escándalos en la Justicia por irregularidades en las donaciones para financiar su organización política. Kohl era el canciller alemán cuando se derrumbó el Muro de Berlín y debió encargarse de la reunificación alemana.

Apenas asumió, Merkel fijó que todas las donaciones recibidas por los partidos debían ser públicas, transparentes y nunca superar determinado tope. Además estableció que los donantes y las cantidades debían identificarse públicamente. El diario español ABC editorializó sobre ella con estas palabras: "En Alemania sigue habiendo corrupción, como en todas partes, pero en general disfrutan de una democracia más sana y más fuerte".

Señora recoleta

Catalogada de pragmática virtuosa y de "la mujer más poderosa del mundo", Merkel, que se dedicaba a la ciencia, mutó hacia la política con la reunificación de las dos Alemania. Su ingreso a este rubro fue una sucesión de méritos.

Reorganizó su partido tras los escándalos de financiamiento negro, condujo dos ministerios y fue ungida como canciller en 2005. El triunfo de ese año se reprodujo en otras tres ocasiones. Dieciséis años consecutivos de consagración europea e internacional.

En cuanto a gustos personales se destaca su amor a la ópera y su devoción por los escritores rusos como Tolstoi y Dostoievski y los libros de historia, rubro en el que es experta. Por lo demás es un mujer sobria, recoleta, a la que se suele ver dando caminatas junto a su segundo marido por los parques cercanos a su departamento de Berlín, que alquila. Su casa propia, modesta, está en Brandenburgo, donde Merkel, hija de un pastor luterano y de una profesora de idiomas, pasó su infancia y adolescencia. Es lógico entonces comprender que esa forma de ser y de entender la vida y la política tenga tanta relación con su manera de vestir. Es coherente también que se pueda despedir de la política sin estar metida en ningún episodio escandaloso o corrupto.

En la Argentina Cristina Kirchner suele decir que "todo tiene que ver con todo" cuando quiere explicar ciertas líneas de acción de sus opositores. ¿Tendrá que ver "con todo" el cinturón marca Louis Vuitton, de $130.000 que la vicepresidenta lució esta semana en el Senado de la Nación?