Análisis y opinión

El muy fulero fin de año de Mariú Vidal, la ¿ex? Heidi argentina

La gobernación de Vidal tuvo luces y sombras. La ley que prohibió las reelecciones eternas fue uno de sus logros. Pero ahora es malquerida

Heidi es un famoso libro de 1880, escrito en Suiza por Johanna Spyri, que cuenta las vicisitudes de una niña huérfana a la que llevan a vivir a los Alpes con su abuelo. En la versión Siglo XXI de aquel personaje literario, que los maledicentes sitúan en la Argentina, Heidi es María Eugenia Vidal, quien, dicen, fue obligada a trasladarse del centro porteño a la tenebrosa provincia de Buenos Aires por su padrino rico Mauricio Macri, de quien ella había sido su ama de llaves.

Tuvo tan buena suerte que fue elegida gobernadora bonaerense en 2015. Bueno, en realidad la ayudó el tener un contrincante tan devaluado como ese peronista llamado Aníbal Fernández, que le abrió a esta Heidi las puertas del cielo (y del infierno). Además de un tal Daniel Scioli que había sido antes que ella un mediocre gobernador, quien le dejó también el camino servido en bandeja.

A esta muchacha argentina la tildaron de Heidi para reírse de sus formas amables, sus modales cadenciosos, y su voz amigable. El propósito en realidad era el de desenmascararla y mostrarla al natural, como una especie de Cruella que dejaba sin terminar nuevos hospitales, cerraba escuelas, perseguía a excelsos dirigentes gremiales y, mire usted, fijaba por ley el fin de las reelecciones eternas de intendentes y legisladores en esa jurisdicción.

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Versión animada de Heidi, la heroína infantil a la que echaron mano los kirchneristas para burlarse de María Eugenia Vidal .

Versión animada de Heidi, la heroína infantil a la que echaron mano los kirchneristas para burlarse de María Eugenia Vidal .

Claroscuros

El reinado de esta Heidi de carne y hueso tuvo luces y sombras. Debió hacer piruetas para comenzar a hacer cirugía en temas candentes como la lucha contra el narcotráfico o la sanidad institucional de la Policía Bonaerense, pero en otros asuntos económicos y políticos estuvo muy supeditada por lo que le marcaban desde la Casa Rosada.

No sólo Macri y su cancerbero Marcos Peña le daban órdenes desde la Casa Rosada como si a esta Heidi no la hubiese elegido el pueblo bonaerense o no tuviese neuronas, sino que hasta el gurú Durán Barba le rompía los quinotos marcándole la agenda. Tal como le pasaba al Chapulín Colorado, se aprovecharon de su nobleza. En esa época se hizo famosa por tragar sapos a repetición.

Durante su gobernación la Heidi argentina se convirtió en un polo de poder no sólo desde la sede del Ejecutivo en La Plata sino también por ejercer influencia sobre la legislatura bonaerense, uno de los reservorios políticos más negros de la democracia argentina.

Esa Legislatura es un ámbito donde reinaba (y reina) de manera descarada una verdadera casta política, un ámbito en el que los sueldos son exorbitantes y donde no ha habido, hasta ahora, una "narrativa periodística" rigurosa y profesional que se ocupe debidamente de hacer conocer esos trapos sucios.

La Vidal (48), separada en 2016 del entonces intendente de Morón Ramiro Tagliaferro (50), madre de tres hijos, y actualmente en pareja con el periodista deportivo Quique Sacco (53), viudo de la presentadora de TV Débora Pérez Volpin, tuvo en 2021 un fin de año horrible como dicen en la realeza británica cuando les va para el traste.

La imperdonable

Los bonaerenses de Juntos no le perdonaron que dejara la Provincia para volverse a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ganó las elecciones para diputada nacional en CABA con el 46% de los votos, pero como no fue por el porcentaje que algunos popes del PRO esperaban (el 50%), le echaron en cara "la derrota". Es decir, al revés de los kirchneristas que "perdiendo, ganaron". Además le anunciaron que quedaba afuera de la "mesa nacional" de la coalición opositora porque ahora iba a ser "mesita" para agilizar decisiones.

Y como si todo eso fuera poco, quedó en la mira política y judicial por el ahora famoso video donde quien fuera ministro de Trabajo de la Vidal, Marcelo Villegas, habla de que le gustaría una especie de "Gestapo" para frenar ciertas barbaridades de los gremios, dicho en una reunión de la que participaron espías de la AFI, y dónde se discutía cómo iniciar acciones legales a un dirigente de la UOCRA, el Pata Medina, especialista en armar actos violentos para frenar obras públicas y privadas cuando no lo premiaban con "retornos", encuentro de la que ella no participó. Vidal no ha tenido la claridad necesaria para salir a aclarar este asunto.

Pero lo peor fue la entente de intendentes de Juntos para el Cambio y del Frente de Todos quienes, sin ninguna grieta que les pusiera freno, lograron en conjunto la controvertida aprobación en la Legislatura bonaerense de una reforma que modificó la Ley 14836 del año 2016 que eliminó las reelecciones indefinidas de intendentes y legisladores.

Esa modificación permitirá ahora que en 2023 puedan volver a presentarse para intendentes unos 40 jefes comunales bonaerenses que ya habían cumplido dos o más períodos consecutivos. Un ejército político que podrá volver a tener esa paponia de la que también podrán prenderse una parva de concejales y legisladores bonaerenses. La justificación fue que Heidi, al reglamentar la ley, dejó abiertos los intersticios para disparates como éste.

Intendentismo

A esa movida, en el Conurbano le llaman (deletree, lector) "in-ten-den-tis-mo". Que vendría a ser, traducido, el poder de los que no quieren largar la manija ni la caja. Esa manija les da réditos políticos y económicos y les permite tomar decisiones y tener poder de presión.

Todas estas cosas, y algunos errores propios, como el de anunciar, en pleno diciembre y a dos años de las elecciones presidenciales de 2023, que ella ya está en la gatera para las presidenciales de 2023, como para mojarle la oreja a su socio Horacio Rodríguez Larreta, quien la trajo de vuelta al redil porteño, le han restado puntos en lugar de sumarle, y la han dejado en una posición vulnerable ante sus pares del macrismo y sus socios de Juntos por el Cambio, pero sobre todo ante los azorados ciudadanos que seguramente esperaban otra cosa de ella.