Estrategia de Milei

El fantasma de las importaciones ya es una amenaza para productores y conserveras locales

Son los primeros que sufrirían el impacto de las importaciones porque la alta carga impositiva que pagan les impide competir con el precio de lo que se importe

El fantasma de las importaciones pareció recobrar vida en los últimos días, luego de que el Gobierno nacional anunciara que decidió abrir el ingreso de alimentos producidos en otros países de la canasta básica para bajar los precios locales.

En la lista aparecen frutas, verduras y hortalizas en fresco e industrializadas y frutos secos, y el sólo anuncio ya encendió alertas de los productores e industriales mendocinos porque sienten que la larga lista de impuestos que pagan les impide competir con los precios de lo que se importe y la amenaza latente les quita el sueño.

Es que en la larga cadena alimenticia, esos productores y pequeños industriales son los que tienen menor margen para achicar costos. Deben importar insumos que pagan en dólares y por los cuales deben costear altísimos impuestos, como el caso del impuesto PAIS, y terminan de asfixiarse cuando pagan los impuestos patronales por la mano de obra que sostienen.

Sólo por citar un ejemplo, un productor de papa mendocina (la papa aparece en la lista que difundió el gobierno de Milei) que abastece a los mercados locales y de otras provincias recibe $330 por un kilo de papas, pero ese precio se multiplica por dos o más en una verdulería o un supermercado, en donde llega a cobrarse en $700 o más, y en ese costo no sólo entran ganancias, sino también impuestos. Si llegara a entrar papa importada a menor costo, ese productor que no puede recortar gastos, se verá obligado a sembrar menos y por ende emplear a menos mano de obra.

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Los productores de papas están preocupados.

Los productores de papas están preocupados.

Ese esquema los hace poco competitivos y a la vez vulnerables al ingreso de mercadería de otros países, que tienen la mitad de impuestos y una producción mucho más grande en volumen.

En el horizonte, por tanto, parece quedar muy lejos el objetivo de Milei de bajar los precios de la góndola abriendo importaciones, porque muchos de los formadores de precios -entre ellos cadenas de supermercados y mayoristas-, ya importan varios de los productos que venden y porque otros que se podrían tentar con la oferta de importar, terminan espantados cuando descubren que el burocrático trámite para lograr que se les habilite una importación destruye negocios.

Además la propuesta del Gobierno suena al menos ingenua cuando supone que los exportadores de otros países aceptarán de buena gana la oferta de pago que proponen los argentinos cuya economía tambalea al ritmo de una inflación que aunque desacelerada sigue siendo altísima.

Es que en la actualidad, aquellos que importan alimentos lo hacen con un esquema de 4 pagos, a 30, 60, 90 y 120 días. Según publicó el vocero oficial ese pago en cuotas se acortaría a sólo 30 días, con la debida habilitación del Banco Central de la República Argentina y con la intención de mejorar las condiciones para importar.

"Importar se hace difícil en la actualidad porque la empresa argentina que compra en el exterior plantea enviame la mercadería que en 30 días pago el 25% de lo que me enviaron y luego las 3 cuotas restantes. Así ya se complica bastante, porque supone que el que nos vende nos crea, en ese esquema parece difícil de creer, en torno a nuestra economía que ahora le vamos a poder pagar todo en 30 días", analizó el despachante de Aduanas, Fabricio Pedrosa.

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El anuncio del vocero presidencial Manuel Adorni.

El anuncio del vocero presidencial Manuel Adorni.

Por tanto, para bajar aquellos precios parecería mucho más efectivo bajar los impuestos a los que producen, algo que en principio no aparece en los planes de la gestión de Javier Milei.

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"El susto es real porque a esto ya lo vimos y destrozó la mano de obra"

En el listado de productos que el Gobierno pretende importar y que difundió el secretario de Comercio Pablo Lavigne, aparecen: carnes bovinas, porcinas y aviar; pescados y derivados; lácteos y derivados; huevos, hortalizas, legumbres, frutas, verduras; frutos secos; especias; cereales; oleaginosas y sus derivados, grasas y aceites; preparaciones alimenticias (pastas, salsas, panificados, confituras, enlatados, etcétera) e insumos alimenticios (extractos, concentrados, cacao, etcétera). También figuran cervezas y bebidas sin alcohol, pero no se habló de importar vino.

Por ello una de las industrias que crujió es la conservera, puntualmente algunas del Sur que producen salsas y compran la enorme cantidad de tomate que se procede del Valle de Uco, e incluso de San Juan.

"Estamos asustados con la idea porque los que tenemos más años ya vimos lo que generó una anterior apertura de importaciones de los años '90 que destrozó la mano de obra. El impacto es directo en la gente que se emplea y en la producción. Nosotros por ejemplo sostenemos a 70 familias, además de los productores a los que les compramos el tomate", admitió Raúl López, dueño de una conservera de San Rafael.

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"Esto ya lom vimos", dicen industriales mendocinos.

El sureño enumeró que para producir ellos importan hojalata y plástico, y traen de Buenos Aires otros insumos. Por los primeros deben pagar no sólo el costo internacional sino además el impuesto PAIS, y por los demás también el inestable costo del transporte que crece al ritmo de los aumentos de combustible.

A eso deben sumar los acuerdos que ya firmaron con los productores de tomate, con los que se pacta un precio que también fluctúa por el peso de agroquímicos y plaguicidas que también se importan.

"Históricamente hemos pagado el kilo de tomate al equivalente a 8 centavos de dólar. Este año se pagó a 13,5 centavos de dólar. Si dejan entrar por ejemplo salsa de tomate de Italia, no sólo impactaría en la industria, también destrozaría al productor. Esta idea ya suena a amenaza", contó López que integra la Cámara de la Fruta Industrializada de Mendoza (CAFIM).

¿Cómo competir con Chile o China con la carga impositiva que se paga acá?

Las mismas señales de alarma se encendieron en el Valle de Uco en dos sectores clave de la producción: la conserva de durazno y frutas en general y la producción de cereza.

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La industria del durazno envasado también se ve amenazada con la intención de abrir las importaciones, fundamentalmente por la cantidad de impuestos que se pagan en Argentina  para producir y que no existen en países con los que se podría competir.

La industria del durazno envasado también se ve amenazada con la intención de abrir las importaciones, fundamentalmente por la cantidad de impuestos que se pagan en Argentina para producir y que no existen en países con los que se podría competir.

"Nosotros somos competitivos, tenemos una tecnología similar a la de Europa y la materia prima es muy buena, el gran tema son los impuestos que soportamos, frente a los posibles competidores como es el caso de China o Chile mismo. Sólo por dar un ejemplo Chile tiene 20 acuerdos de libre comercio y Argentina sólo 10. Eso hace que ellos importen pero a la vez equilibren con exportaciones porque no pagan aranceles en varios países en los que nosotros si", comparó Ángel Bestani, dueño de una conservera de frutas y legumbres de Tunuyán.

Para el industrial valletano la estrategia de amenazar con abrir las importaciones no repercutirá en la baja de los precios, al menos no en el futuro inmediato.

A su entender su sector ya fue "acomodando los precios porque el consumo se cayó estrepitosamente con la caída de las ventas" y si se quieren bajar de verdad, "deberían apuntar a la enorme parva de impuestos que pagamos. Es eso lo que no nos permite competir con otros países", marcó y acotó que sólo de impuesto PAISpagan un 17,5% más sobre los fertilizantes, plaguicidas, tapas de abre fácil, papel y barniz que usan en sus industria.

En la finca. La mayor superficie cultivada de cerezas está en el Valle de Uco (4.816 toneladas en 514 hectáreas), sobre todo de la variedad bing.
Los impuestos tienen a maltraer a los productores.

Los impuestos tienen a maltraer a los productores.

En una situación similar quedaría la producción de cerezas del Valle de Uco si efectivamente se abrieran las importaciones y se sostuvieran en el tiempo hasta la próxima cosecha.

"Si se decidiera abrir el ingreso de cereza de Chile el daño sería muy fuerte y quedaríamos fuera de competencia porque el vecino país tiene una producción 50 veces más alta que la nuestra. Ellos producen 500.000 toneladas y nosotros 7.000 toneladas. Así es que si ellos ingresan, aún con fruta de descarte o con el excedente que no coloquen en otros países, al productor local lo destroza porque genera un precio a la baja", explicó Diego Aguilar, presidente de la Cámara de Cerezas de Mendoza.

Producir acá tiene un costo un 30% o 40% más en dólares que en otros países

Juan Martínez es uno de los grandes productores de papa que abastece a los mercados y ferias del Gran Mendoza. Él ya sabe lo que es competir con la producción de Buenos Aires e incluso con la de Villa Dolores, en Córdoba, pero le alarma la posibilidad de que pudieran entrar importaciones "porque producir acá cuesta entre un 30% y un 40% en dólares más de lo que cuesta en otros países", destaca como para abrir el paraguas.

Según sus cálculos, hoy una bolsa de 18 kilos de papa que se comercializa entre $5.500 y $6.000 actualmente le deja entre $300 y $333 por kilo y asegura que con esos valores le es imposible venderla más barato porque no tiene en dónde recortar gastos de producción.

"Si ingresara papa de otro lugar, lo más probable es que impacte de lleno en la siembra y obligaría a mantener la importación también en las próximas cosechas. Pasa que el que hoy sembró 100 hectáreas y ve que lo que cobró no le alcanza para cubrir los costos, entonces el próximo año sembrará sólo 50 hectáreas para no correr riesgos y eso también reduce la cantidad de empleo que antes se generaba", alertó.

Qué trámites hay que hacer para lograr importar alimentos

Más allá de la intención política del gobierno nacional de abrir importaciones, hay que decir que en Argentina lograr las habilitaciones para hacerlo parece una tarea titánica que no siempre llega a buen puerto.

Eso hace que muchas firmas mendocinas no importen directamente, sino que compren mercadería a importadores de Buenos Aires, que tienen el puerto allí y están más entrenadas en el ejercicio de comprar en el exterior. Eso explica que nadie oficialmente tenga números de cuánto y qué se importa en Mendoza.

Es que aquel que pretenda ingresar alimentos tiene que saber que el primer paso será tener el Registro Nacional de Establecimiento que se tramita en la dirección de Higiene y Seguridad de cada provincia para ser productor local.

Más tarde deberá presentar una muestra del producto que quiere importar para tener la aprobación de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT). Dependiendo de qué producto se trate, se deberá chequear si lo permite el código alimentario argentino y si se aprueba, el importador obtendrá el Registro Nacional de Producto Alimenticio (RPNA).

Si se tratara de un alimento en fresco o de carnes, quien quiera importar deberá además confirmar que el organismo certificador de origen, esto es del lugar del que provenga, tenga convenio con el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).

Una vez que se cumpla con todo, el importador deberá negociar su acuerdo de importación y convencer a quien le venda mercadería que podrá cumplir con los pagos en los tiempos pactados, ya sea en 4 cuotas como es actualmente enviando los dólares o pactando con el Banco Nación para que le preste dólares y poder devolverlo a 120 días pero con una altísima tasa de interés.