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Diputada Hebe Casado, la mujer más "mala y odiada" por los progres

Hebe Casado es médica y diputada provincial del PRO. Nadie sabe si es una legisladora productiva, pero es una revulsiva tuitera que vive provocando con opiniones que saca de quicio a la progresía

Siempre he creído que hay que tener algún talento para ser malo o mala. O alguna razón profunda, dirá un psicólogo. A los malos les gusta, por ejemplo, provocar. Eso es algo que también suele estar en la base del artista, lo cual no quiere decir que todo provocador de morondanga sea un artista. A veces se trata simplemente de gente rompepelotas.

Cuando digo "malo" no estoy diciendo perverso, psicópata ni ninguna de esas enfermedades que trata la psiquiatría. Hablo, ¿cómo decirlo?, de la gente que no sólo es mala sino que también le gusta hacer de mala, sin ir más lejos la diputada provincial del PRO Hebe Casado una mujer que se ha hecho odiar como pocas.

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Esta sanrafaelina, que es médica especializada en clínica e inmunología, y está casada con un tal "Guillermo" según dice su curriculum y tiene 2 hijos, es hoy conocida en todo el país más que por su actividad legislativa por su rol de tuitera zafada y montaraz, que vive haciendo pito catalán a las exageraciones de la corrección política.

La osada

A mi, al principio me molestaba, pero luego empecé a considerar su osadía y su temple (o destemple) para no apichonarse ante las críticas de la gente bienpensante. Debo admitir que prefiero una Hebe Casado que genera debate, y no todos esos legisladores (varones y damas) que pasan sin pena ni gloria por la Legislatura sin que jamás les conozcamos la voz ni lo que piensan, aunque sí lo bien que ganan y las bonitas jubilaciones de privilegio que van a tener.

La corrección política, para éste escriba, es fundamentalmente no robar ni malgastar dineros públicos. Para otros es usar el catalogado "lenguaje inclusivo" o para buchonear si le decimos "negrito" a nuestros amigos de toda la vida, o para marcar con el estigma "es de derecha" todo lo que no sea kirchnerismo ni chavismo.

Una de mis parientas, experta en dichos populares, solía repetir -para mi alegría- una frase que aún se la repito a mis amigos cuando les va bien: "¡Está visto que hay que ser malo para tener suerte en esta vida!"

Mina jodida

Bueno, Hebe Casado es mala y hace de ídem. Y es provocadora. También, por lo que se ve, le fascina insidiar. Pero tiene algo interesante y es que ha demostrado que se la banca. Redobla las apuestas. Como hacían antes los buenos periodistas que repreguntaban a los funcionarios para sacarles de mentira, verdad.

La Casado disfruta -desde sus posiciones "de derecha"- de hacer lo que hace. Y le pongo comillas al calificativo ideológico porque he aprendido que no toda la gente de derecha o centro derecha es una mierda, ni mucho menos. Y que no toda la gente de izquierda ni de centro izquierda son la esperanza de la humanidad. Ni que todos los del centro político serán los que verán a Dios. Todos ellos son humanos, demasiado humanos. Y la condición humana les ha dejado en los genes la posibilidad de ser un ladino o buena gente o de hacer un balanceo entre ambas cosas

A cierta progresía de izquierda lo de Hebe Casado le parece insoportable, injustificable. Porque para provocadores e insidiosos están ellos. Creen que tienen la exclusividad para eso. Por ejemplo: Hebe de Bonafini puede decir las peores barbaridades e incorrecciones, pero tiene un supuesto permiso moral para ser impune y para haber pasado de ser legítima luchadora civil desde una organización no gubernamental a descarada y desorbitada militante del kirchnerismo.

La mata la lengua

Casado empezó en política en el 2015. Omar de Marchi la promocionó, lo cual no obsta para que hoy esté ferozmente apartada del presidente local del PRO al que califica de "señor feudal". Dice que se metió en política para que el país no terminase siendo Venezuela.

Ha cuestionado la cifra acordada de desaparecidos que dejó la dictadura. Ha escrito disparates en los que pide que Alberto contagie a Cristina de Covid. Admite ser impulsiva pero no se autocritica por ello. E insiste en denunciar las "violaciones de derechos y libertades" durante la pandemia. Defiende las vacunas, pero no el uso de los barbijos. Es heavy, rejodida. Y ha aprendido a usar las redes sociales como si fueran armas a repetición.

¿Qué sería de la literatura, o del cine, o del teatro, o de las telenovelas, o de la vida misma, sin un malo o una mala formidables? La derecha ya tiene en esta Hebe picuda, incorrecta, impulsiva, chirriante y mendocina a su mala de estos tiempos.