"Departamentitis"

Los intendentes maipucinos, que desde 1983 se presentan en envase peronista, no han tenido suerte cuando han pretendido dar el salto a gobernador.

Dicen los que conocen el paño comunal que les juega en contra el exceso de "departamentitis". Esto es, demasiado localistas. Ello, afirman, hace que les falte una visión política más provincial, más integral. 

El ex intendente Francisco Chiqui García, que se presentó en 1999 para el Sillón de San Martín, perdió ante el radical  Roberto Iglesias. Y "el Adolfo" Bermejo, postulado para el mismo cargo en 2015 cayó ante Alfredo Cornejo.

Ahora otro Bermejo, Alejandro, actual intendente, apodado El Pulga, ha confirmado que peleará para ser el candidato peronista a la gobernación. Entre los dos hermanos han completado 20 años manejando los hilos del municipio.

Cuando en 2007 el malargüino Celso Jaque llegó a la Casa de Gobierno convocó "al Alejandro" Bermejo (que era secretario de Gobierno de su hermano Adolfo en Maipú) para que cumpliera funciones en una segunda línea del Ministerio de Seguridad. Probó, no le gustó y se volvió a Maipú. Extrañaba el municipio, dijeron entonces sus colaboradores.

Los distintos

Hay opinión coincidente en que los habitantes de Maipú, en general, poseen un fuerte arraigo, un sentimiento que los hace muy dependientes de su terruño.

Les gusta comprar  todo lo que necesitan en Maipú, quieren que sus hijos estudien en Maipú, salen a comer en Maipú, van al cine en Maipú, y si pueden comprar una casa lo hacen allí.

Además tienen muy consustanciadas costumbres que en otros lados se van perdiendo, como el apego a rituales tales como las procesiones y otras expresiones religiosas.

Todo lo cual muestra un perfil mucho más conservador que en otras comunas del Gran Mendoza, que exhiben un sentido más metropolitano de la vida.

Very tipical

Si una maipucina o un maipucino se enamora de una persona de otro departamento, hará todo lo posible para que la pareja se establezca en Maipú, sobre todo si el proyecto incluye tener hijos.

Esto los diferencia, pese a la cercanía, de la forma de ser de los lujaninos o de los de Godoy Cruz o los de Guaymallén, que muestran una visión menos pueblerina, más abierta a los cambios.

Alejandro Bermejo es, en ese sentido, un maipucino típico. Hace unos días al dar el último mensaje como intendente al Concejo Deliberante se vivió un momento como de fiesta de casamiento.

Tras el discurso de rigor, los representantes de las  fuerzas vivas se ufanaban para acercarse al jefe comunal, saludarlo y entregarle algún presente relacionado con la actividad que representaban: vinos, productos del agro, etcétera. Todo muy colegial, casi naif.

Poco rumboso

El Alejandro se diferencia de su hermano en que siempre ha vivido aquí. El Adolfo ha sido, además de reiterado empleado municipal,  diputado nacional. Es decir que se ha imbuido de los aires de la gran urbe, de las trenzas del Congreso nacional, de las costumbres rumbosas.

Basta repasar las incursioness de los hermanos en las redes sociales para reparar en lo que son sus gustos:  mucha referencia  a la familia, a la mamá, a lo que van a comer, a la participación de los vecinos.

Sus opositores dicen por lo bajo que el paso de ambos por la política les ha dejado una buena posición en la vida. Sugieren alguna que otra "cosa", pero se cuidan de acusarlos directamente.

Si la lucha interna del PJ ratifica la postulación de Alejandro Bermejo a la gobernación, habrá un escenario más tranqui, bien a lo maipucino.

Si en cambio los vientos peronistas ungen a la kirchnerista Anabel Fernández Sagasti, que hoy por hoy  parece estar mucho más "lanzada" que él para el mismo cargo (o si surge  algún otro "tapado") asistiremos a un  proceso más movido, con menos "departamentitis".