Análisis y opinión

De "la Historia me juzgará" de Cobos, a "la Historia ya me absolvió" de Cristina

"Conmigo pueden dormir tranquilos", aseguró Cristina al asumir como vice de Alberto, Intentaba diferenciarse de su mala experiencia con Julio Cobos como N°2

Todas las veces que pudo, Cristina se quejó de haber sufrido durante su primera presidencia (2007-11) a un vicepresidente "declaradamente opositor a nuestro gobierno". Se refería al mendocino Julio Cobos, quien rompió su sociedad política con los Kirchner siete meses después de haber asumido su cargo, un puesto jerárquico al que, sin embargo, no abandonó hasta que completó el mandato.

"A mi me votaron los mismos ciudadanos que a Cristina", explicó Cobos, por entonces, para contrarrestar a los furiosos kirchneristas que lo querían sacar a las patadas en el tujes.

Aquella eclosión se había producido en una madrugada de julio de 2008 cuando Cobos, como presidente del Senado, tuvo que desempatar y votó en contra de los nuevos aumentos impositivos a los productores de soja dispuestos por el Gobierno de coalición que integraba, y que habían dado lugar a lo que se llamó "la guerra con el campo".

En realidad, Cobos ya venía desencantado desde antes de triunfar en las urnas como integrante del binomio presidencial. La forma en que Néstor Kirchner había entrado tipo malón al INDEC para desvirtuar estadísticas y esconder la inflación fue un golpe para él, pero ya estaban las elecciones encima como para bajarse. Desde el principio lo ningunearon y creyeron que el mendocino iba aceptar nada más que órdenes. Poco más de medio año pasó para que la "sociedad política transversal" saltara por los aires con los resultados ya conocidos.

Duerman tranquilos

Por eso, cuando en diciembre de 2019 Cristina asumió como vicepresidenta de Alberto Fernández, se apuró a asegurar que jamás iba a actuar de la manera que Cobos había tenido para con ella. "Eso nunca va a suceder conmigo, que duerman tranquilos los argentinos y argentinas", nos tranquilizaba. Sonaba lógico: quien ocupa la vicepresidencia no le puede estar haciendo batifondos todas las semanas al presidente de su mismo gobierno. Lo que pasó después usted lo conoce al dedillo.

En el caso del Cobos vicepresidente, él y Cristina representaban a partidos distintos. En la actualidad Cristina y Alberto Fernández pertenecen a un gobierno formado por sectores internos de una misma facción: el peronismo.

Sin embargo, el embate de la vicepresidenta y del kirchnerismo contra Alberto Fernández ha sido de una virulencia tal que Cobos jamás podría haber exhibido por la sencilla razón de que por entonces el poder lo ejercían claramente la entonces Presidenta de la Nación y su esposo y ex presidente Néstor Kirchner, que aún vivía y auditaba la gestión.

Cuando aquella madrugada invernal de 2008 Julio Cobos dijo "Mi voto no es positivo", una de las elipsis más comentadas de la historia política de este siglo, también expresó otro concepto menos conocido: "La Historia me juzgará. No sé cómo, pero espero que esto se entienda. Soy un hombre de familia como todos ustedes, con una responsabilidad mayor en este caso"

Días antes de asumir como vicepresidenta, Cristina también apeló a la Historia. Frente a un tribunal de magistrados que entendía en uno de los juicios por causas de corrupción durante sus presidencias, señaló con ese tono imperativo que raramente alguna actriz de carácter pueda alcanzar: "A mi la Historia ya me absolvió. Ustedes (por los jueces) son los que deberán responder preguntas".

Elegir vice

Los vicepresidentes de los cuatro gobiernos kirchneristas han dado abundante tema de debate. Néstor y Cristina Kirchner se han destacado por sugerirnos que ellos en realidad podrían manejarse muy tranquilos sin vice.

Daniel Scioli, el vicepresidente que el PJ le puso a Néstor fue rápidamente puesto en vereda. Fue rebajado de todas las formas posibles y vapuleado a mansalva con una falta de tacto y de respeto que dejó una marca registrada.

Luego vino el radical Julio Cobos como referente de la nueva política transversal que vendió Néstor, y que, en realidad, de horizontal no tuvo nada, porque fue más verticalista que nunca. En su segunda presidencia Cristina creyó haber encontrado al candidato ideal, Amado Boudou, un audaz buscavidas que, de haber militado en la Ucedé de Alsogaray terminó encumbrado como nueva promesa del populismo económico. "Ahora sí tengo vicepresidente" solía ufanarse Cristina.

Cobos le generó problemas políticos a Cristina (porque los Kirchner lo trataron como un pelele), pero fueron ínfimos al lado de los que le trajo Boudou, quien abrumó a la Presidenta con sus problemas judiciales emanados del escandaloso intento de quedarse de manera fraudulenta, con la imprenta que hacía las veces de Casa de la Moneda, en un entramado que lo llevó a la cárcel y al descrédito.

El cierre de las vicepresidencias kirchneristas no podría haber sido más rimbombante y aparatoso: lo asumió la propia dueña del negocio. Pasarán los años y la vicepresidencia de Cristina Fernández de Kirchner, seguirá siendo estudiada como una de las más disparatadas experiencias políticas de las que se tenga memoria.

Una cosa es segura: a Cristina la Historia la analizará y los investigadores de los próximos años no dejarán de sorprenderse. Pero raramente será premiada con el beneficio de una absolución. No, por lo menos, en los términos casi de beatificación con que ella lo plantea.