Entre los datos que generan inquietud por estas horas, hay uno que tiene que ver con lo que opina la mayoría de los encuestadores sabiohondos cuando se los consulta sobre la inesperada fórmula presidencial del kirchnerismo.
Es éste: ninguno de esos analistas pone a la situación procesal y judicial de Cristina Kirchner entre los motivos centrales que ella analizó para bajarse de la candidatura a presidenta y anotarse para el anodino cargo de vice.
Entiéndase: no estoy cuestionando el hecho ya conocido de que los argentinos no ubican la corrupción entre los problemas centrales del país.
Lo que estoy diciendo es que estos expertos no nos ilustran debidamente sobre algunas de las causas profundas que esta dirigenta esconde en esta nueva movida con la que ha sorprendido a los argentinos.
Ni siquiera parece tener importancia que este martes 21 de mayo comienza a ventilarse el primero de los juicios vinculados a aquel torrente de corrupción que se vivió en los tres gobiernos kirchneristas.
Espulguemos
Analicemos: Por ejemplo, parece ser cierto que Cristina habría entendido que el 65% o el 70% de los ciudadanos argentinos no van a cambiar de opinión respecto de la mala imagen que tienen de ella. Y que con ese nivel de rechazo es imposible remontar cualquier balotaje.
Pareciera también que ella ha comprendido que no hay plafond en la región ni en el país para un proyecto del tipo "vamos por todo" ni para ningún otro que espante a la clase media. La exaltación de los supuestamente épicos años ´70 es hoy una antigüedad y, sobre todo, una locura.
Asimismo, todo indica que ella necesitaba golpear al peronismo razonable, sector que podría consolidarse si define pronto precandidatos para las PASO, pero que ahora está expectante y dubitativo por lo que puedan hacer los Massa, los Lavagna, los Schiaretti o los Pichetto, entre otros.
Sesenta y pico
Por otra parte, ella ya no es una mujer joven (tiene 66 años) y pareciera que ha entendido que es mejor pontificar, bajar línea y manejar los hilos desde el Congreso nacional que desde la Casa Rosada. Sobre todo si se tiene en cuenta que el próximo presidente tendrá una tarea titánica para acomodar la economía argentina al ritmo de los avatares mundiales y de las deudas contraídas.
Y, ojo con esto, ha aprendido del ladino Carlos Menem que la gente suele perdonar la maldad si el malo es simpático, viejo y ha tenido desgracias como la de perder un hijo o un marido. Al respeto ella debe estar tejiendo los distintos caminos que deberá explorar en caso de recibir condenas en los sucesivos juicios que la esperan.
Sintonía fina
Todo eso es importante. Pero más importante -incluso para una persona fría y calculadora como ella- son las relaciones de madre-hijos y el hecho de no poder estar usando su plata de nueva millonaria como ella quisiera.
Me explico: Cristina está desesperada en cubrir con una red de salvataje a ella y sus hijos, a los que metió en un brete al hacerlos firmar documentos en los que éstos avalaban mentiras delictuales sobre los hoteles de la familia, establecimientos famosos por su funcionamiento fantasma.
De sólo pensar que Florencia Kirchner pueda caer presa en la causa de lavado de dinero de los hoteles de la familia la saca de quicio. Por eso es que con la debida anticipación exilió a su hija en Cuba donde la dictadura de los Castro la cuida como si fuera una jefa de inteligencia de ellos.
Tan es así que la medicina cubana ha dictaminado que, por difusos motivos de salud, Florencia no puede viajar a la Argentina. Además, Cuba no tiene con la Argentina tratados de extradición de personas por lo que no existe la posibilidad de que la Justicia argentina pueda enjuiciar "en presencia" a Florencia.
Por ahora, Cristina como senadora y supuesta futura vicepresidenta, y Máximo Kirchner como diputado nacional, tienen los fueros asegurados.
No debería extrañarnos que una de las próximas novedades de la Dama sea el anuncio de que Florencia será candidata a legisladora nacional, pero en ausencia.
En el cielo cristinista todo es posible, hasta los renunciamientos truchos. Y el arrugue.


