Análisis y opinión

Crece el estilo ventarrón de Patricia Bullrich: ¿no se ha tornado demasiado densa?

Tiene 66 años. Quiere ser presidenta. Fue montonera, menemista, frepasista y ahora es una liberal convencida. Quién es en realidad Patricia Bullrich

"Conmigo no se jode", advierte Patricia Bullrich, presidenta del PRO, cada vez que puede. Mal que le pese, la frase remeda aires cristinistas. Al jefe de Gabinete del Gobierno porteño, Felipe Miguel, le ha prometido que le va a romper la cara si sigue hablando mal de ella en la TV. Lo que le molesta de ciertos muchachos de Horacio Rodríguez Larreta es que "sean hipócritas" y que no se hagan cargo de lo que dicen sobre ella. "Cuando me ven en persona se asustan y corren a abrazarme", explica.

Algunos integrantes de la coalición opositora Juntos por el Cambio, que integran el PRO, la UCR y el partido de Lilita Carrió, dicen que la Bullrich se ha puesto muy densa. Demasiado para el gusto medio. Afirman que si como precandidata insiste en actuar con los "humos" actuales, no quieren pensar lo que sería si alguna vez llegase a tener poder real en la Casa Rosada.

A los 66 años, esta mujer a la que durante muchos años le dijeron La Piba y que fue militante montonera en los '70 y parte de los '80, y que luego fue menemista, y más adelante frepasista y ministra de De la Rúa para finalmente recalar en Cambiemos, lo tiene entre ojo y ojo a Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, al que pone de vuelta y media cada vez que puede por "blandito".

El plan presidencial de Rodríguez Larreta rodaría sin estorbos si ella no estuviera. El jefe de Gobierno se ve como el candidato natural del PRO para las PASO presidenciales de Juntos por el Cambio. Las precandidaturas de Patricia Bullrich y de Larreta por el PRO deberán medirse con la de los precandidatos de la Unión Cívica Radical (Manes, Morales, Cornejo o quien sea).

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Patricia Billrich quiere ser candidata a presidenta en Juntos por el Cambio en el 2023. Pero no es la única.

Patricia Billrich quiere ser candidata a presidenta en Juntos por el Cambio en el 2023. Pero no es la única.

El desencajado

Bullrich suele contar que cuando ella le confirmó a Larreta que estaba decidida a pelearle en la interna la postulación presidencial de JxC, él se desencajó. Ese puesto era para él, que venía trabajando desde hace muchos años para eso. La precandidata se jacta de haberle dicho: lo siento mucho pero yo tengo las mismas aspiraciones y derechos que vos y deberemos confrontarlas en una interna, según contó en el programa de Alejandro Fantino en Neura Media.

Bullrich entiende que la mayoría de los precandidatos presidenciales de Juntos por el Cambio son políticamente correctos en demasía y que no se van a animar, en caso de llegar a la Rosada, a hacer todos los cambios estructurales que son necesarios para mutar el continuo fracaso de la Argentina.

Además sospecha que Macri finalmente no se va a presentar. Sin embargo, no duda en asegurar que si el ex presidente decide postularse y validar su decisión en las PASO, ella no bajará su precandidatura y dirimirá la interna con el referente histórico del PRO.

Compadrita veterana, a Bullrich le fascina afirmar que no hay ningún candidato en JxC que tenga las cosas tan claras sobre cómo dar vuelta esa media llena de agujeros llamada Argentina. Machaca que tiene la posta de lo que hay que hacer desde el primer día de gestión para bajar la inflación, sofrenar el gasto público, dejar de emitir, eliminar los cepos y abrir la economía argentina al mundo.

Y agrega, provocadora: "Y tengo con qué". Dice que peleará desde el arranque para que nunca más los piqueteros corten o acampen en la 9 de Julio. "Conmigo se acabarán esas jodas", asegura.

La enfática

Ya de grande, Bullrich completó sus estudios en Ciencias Políticas. Culpa a la vida ajetreada que llevó, y sobre todo al exilio al que la obligó el montonerismo, por esa demora en tener una mejor preparación universitaria. Apela al énfasis para hacer creíble su discurso, pero si uno la escucha atentamente se dará cuenta que le faltan lecturas importantes que podrían haber consolidado mejor su narrativa.

Confía plenamente en su carácter. Cree que el suyo es distintivo y que eso la hace ser una figura política. En efecto ve a su carácter como el plus por sobre los demás precandidatos, a los que observa como cagones, cobardones; disvalores que, sugiere, enmarcan a su contrincante Rodríguez Larreta.

Se cuida de no hablar mal de los radicales. Suele citar al radicalismo de Mendoza como un ejemplo de modernización dentro de ese partido centenario y rescata de manera particular a Alfredo Cornejo, "alguien con el que podría trabajar muy bien".

También es de lanzarse flores con el gobernador jujeño Gerardo Morales, presidente nacional de la UCR, otro fácil de lengua, al que ella le valora haber convertido a Jujuy en una provincia ordenada y abierta al mundo después del escandaloso cogobierno de Milagro Sala durante las presidencias de Cristina.

Quién es esta piba

Cuando alguien le pregunta si no ha pensado que puede estar pasada de revoluciones, Bullrich explica que ha sido el contacto con la gente en la calle el que le ha transmitido esa seguridad que ella expresa. "La gente es la que me pide que dé vuelta la hoja de la Argentina del fracaso. Los argentinos quieren progresar, tener un trabajo en blanco, seguridad, mejor cuidado de la salud, lo natural".

Y después plantea algo más polémico: "Si ante una medida que yo tome como presidenta los kirchneristas salen a ocupar las calles, pues saldrán el doble de ciudadanos a avalar el cambio".

Ante este ventarrón que plantea la susodicha, se generan muchas dudas acerca de quién es hoy Patricia Bullrich. Aquí van sólo algunas:

-¿Es una versión de derecha del "vamos por todo" kirchnerista?

-¿Un Sergio Berni con faldas?

-¿Una verdadera liberal, algo desacostumbrado en esta Argentina traspasada de catecismo peronista?

-¿Una versión de Bolsonaro pero más civilizada y menos fascista?