Análisis y opinión

Costumbres mendocinas: ser electo legislador en octubre y asumir el 1 de mayo

Por una decisión de los legisladores de 1983 que prolongaron la duración de los cargos para que algunos pudieran acceder a una jubilación de privilegio, en Mendoza los legisladores electos en comicios de medio término, como los del 2019, se eligen en noviembre pero asumen el 1 de mayo

La Legislatura de Mendoza es una de las 4 del país, que rezagadamente comienzan su período de sesiones ordinarias el 1 de mayo, el resto de las 19 provincias, e incluso la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ya comenzaron a sesionar en febrero, marzo y abril. A quienes pataleen porque ese periodo de sesiones en estas tierras es de sólo 6 meses, habrá que recordarles que la Constitución provincial de 1916 fija ese inicio para las sesiones ordinarias que terminarán el 30 de septiembre, aunque podrán prorrogarse hasta el 30 de octubre, algo que suele darse.

Aunque suene descabellado este retraso mendocino fue la excusa perfecta para que un ardid pergeñado en 1983, se siga aplicando como una sana costumbre mendocina, que nadie se atreve a cuestionar y mucho menos a cambiar.

Es que esa norma constitucional es la que permite, y seguirá permitiendo si no se modifica la Constitución o al menos un artículo de ésta, que los legisladores electos en comicios de medio término, como fueron los de noviembre último recién asuman el Día del Trabajador, y que por ende los salientes dejen sus cargos más tarde que sus pares de otras provincias. Este hábito se debe a una caprichosa modificación que hicieron sus antecesores de 1983, ya que a algunos les faltaban unos días para conseguir una jubilación de privilegio.

En aquel retorno de la democracia, cuando se conformaron a nuevo ambas cámaras con los diputados y senadores electos en octubre de ese año, se debió sortear quiénes de ellos tendrían un mandato de 4 años y quiénes mantendrían sus bancas por 2 años, ya que en 2 años se harían las próximas elecciones legislativas.

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Cuentan los memoriosos que fue en ese momento cuando esos legisladores, varios de ellos entrados en años pero rápidos para las cuentas, decidieron que los que cumplieran el periodo más corto, lo hicieran por 2 años y 5 meses, como para asegurarse que cumplirían la edad necesaria para jubilarse y hacerse de una, siempre jugosa, jubilación de privilegio. De excusa tenían que de esa manera iban a asumir el día del discurso del gobernador, y eso quedó como norma santa.

La solución de ese trámite estaba en sus manos, y como eran representantes del pueblo, pero no dejaban de representar sus propios intereses, eso se aprobó sin más y sentaron las bases de algo que nunca más se modificó.

Hoy si a alguien se le ocurre preguntarle desprevenidamente a un legislador por qué asumen el 1 de Mayo, es muy probable que alguno más informado apele a la historia para decir que fue ese día cuando se sancionó la Constitución de 1853 en respuesta a la demanda de la Revolución de Mayo, pero lo cierto es que en la reforma de la Carta Magna de 1994 se adelantó ese inicio y por tanto el Congreso de la Nación comienza esas sesiones el 1 de marzo, algo que también fueron imitando otras provincias, pero no Mendoza.

Porqué es importante ampliar el período de sesiones ordinarias

En el siglo XIX e incluso en el XX era entendible que las sesiones del Congreso o de las Legislaturas fueran distantes en el tiempo porque aquellos parlamentos se integraban con representantes de provincias o localidades lejanas que debían invertir días para llegar a Buenos Aires o a la metrópolis. Pero eso ya dejó de ser así.

Hoy esas distancias se salvan en minutos y la pandemia vino a demostrarnos, además, que ni siquiera es necesario que todos los legisladores estén en el mismo lugar físico para sesionar. Se implementaron las sesiones virtuales y cada uno desde sus viviendas hicieron sus aportes, algunos más valiosos que otros, pero eso será otro debate.

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En pandemia, sobretodo en el año legislativo del 2020, la mayoría de las sesiones fueron virtuales o semipresenciales.

En pandemia, sobretodo en el año legislativo del 2020, la mayoría de las sesiones fueron virtuales o semipresenciales.

Por tanto, no hay excusas para que en estas tierras ese acotado período de sesiones ordinarias, que es sólo 6 meses, se pueda ampliar a 10 meses como es por ejemplo en Córdoba, del 1 de febrero al 30 de diciembre, fecha que no se modifica aún cuando caiga en fin de semana.

Claro está que para que eso ocurra lo primero que deberíamos conseguir es que la clase política lo entienda así, y nuestros propios legisladores comprendan que es necesario, porque deberían ser ellos mismos quienes lo voten y por tanto lo apliquen.

Aunque dejando las ilusiones de lado, tal vez eso sea sólo sólo una expresión de deseo: el proyecto de reforma de la Constitución que pretende reducir la bicameralidad a la unicameralidad, aún duerme en una oficina de la Comisión de Legislación y Asuntos Constitucionales porque no falta el que crea que eso le arrebata poder a la rosca política que devuelve favores con bancas en la Legislatura.

Pero además hay que decir que el hecho de que el periodo de sesiones ordinarias en Mendoza sea sólo de 6 meses, no sólo acota las chances de que un proyecto vea la luz de convertirse en ley, sino que también inclina la balanza a favor de quien gobierne, mucho más si ese oficialismo tiene mayoría en ambas cámaras.

Pasa que si un proyecto de ley ingresa fuera de ese periodo, que en Mendoza va del 1 de mayo al 30 de octubre, necesitará de un nota del gobernador que habilite a que se trate en la Casa de las Leyes.

Por ejemplo si el proyecto fuese de la oposición, aunque sea interesante o preponderante, lo más probable es que duerma muchos meses en un cajón, sin conseguir el aval del gobernador, hasta que pueda reflotarse el próximo año el 1 de mayo cuando se reabra ese periodo de sesiones ordinarias. Lo que es una muestra de la debilidad del sistema, ya que en esos 6 meses de sesiones extraordinarias, sólo prosperarán los proyectos oficiales.

Más allá de esos 6 meses de sesiones ordinarias, en teoría los legisladores mendocinos trabajan el resto del año en sesiones extraordinarias, aunque claramente el mes de enero "no se toca" porque es el mes prioritario para tomar vacaciones, algo que se repite un par de semanas en julio, reeditando casi las vacaciones que toma el Poder Judicial en sus ferias. Igualmente será una tarea tediosa seguir su productividad en ese periodo extraordinario, algo que de por sí es dificultoso en el periodo de sesiones ordinarias.

Por tanto hay un debate que nuestros legisladores nos deben, porqué no ampliar ese periodo de sesiones ordinarias y darnos una mayor representación a los mendocinos. Si nos consultasen a los trabajadores, es muy probable que muchos de nosotros nos inclinemos por pedirles que trabajen más.