Diálogo y definiciones

La Corte mendocina trata de controlar la rebelión de los jueces civilistas

La Suprema Corte de Justicia intenta apagar uno de los tantos incendios que aquejan a la política tribunalicia en las últimas semanas: la rebelión de los 30 jueces civilistas que rechazan el traspaso de parte de su personal al fuero de Familia, tal como se dispuso en una acordada.

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Diálogo restablecido, solución negociada con ganadores y perdedores por igual y final del conflicto. El humo blanco comienza, lentamente, a poblar el cielo del Barrio Cívico.

Lograr otro objetivo es parte del acuerdo: que las partes sufran el menor daño colateral posible porque la vida tribunalicia no debe detenerse.

Entre este miércoles y jueves podrán contabilizarse dos reuniones destinadas a aplacar los ánimos caldeados, lo que derivó en la judicialización del conflicto a través de una acción de amparo.

Este miércoles, Jorge Nanclares, Omar Palermo y Julio Gómez, miembros de la Sala 3 de la Corte, es decir los que firmaron la acordada "de la discordia", según Nanclares, recibieron a los usías quejosos y también a la Asociación de Magistrados.

A la mesa de negociaciones se sumaron los supremos Dalmiro Garay y Mario Adaro.

El cónclave se repetirá este jueves en el cuarto piso del Palacio Judicial.

Destrabar el conflicto es la consigna de la Corte. Pero rápidamente. A más tardar el viernes o el lunes cuando venza el plazo para que el Fiscal de Estado, Fernando Simón, dictamine sobre el planteo que los judiciales llevaron a la Corte y que deberá ser resuelto por el abogado y conjuez de la Corte Sergio Boverman, salvo que haya acuerdo y el caso devenga en abstracto, es decir que no haya litigio que resolver.

La acordada de traspaso de judiciales del fuero Civil a Familia derivó en un conflicto histórico que repercutió, la semana pasada, en la ausencia de los civilistas en el tradicional acto de apertura del año judicial.

Al cierre, Nanclares defendió a capa y espada la legalidad de la decisión de sacarles empleados a los civilistas para dárselos a los juzgados de Familia. Se declaró avalado por la Constitución y la necesidad de defender la oralidad de los procesos en Familia como una estrategia para remontar el colapso en ese fuero, estrategia que había dado grandiosos resultados en el fuero Civil y Comercial.