Alberto Fernández ya asumió que su relación política con Juntos por el Cambio sufre la fatiga de la cuarentena, pero aún desea avanzar hacia una nueva fase del confinamiento con el apoyo de la principal fuerza opositora. Los culpa en parte por el cacerolazo por las prisiones domiciliarias a presos pero también a dirigentes propios y ajenos de no salir a los medios a mostrar la posición presidencial.
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Las cifras oficiales de contagiados y muertos, los testeos rápidos en terminales, las progresiones matemáticas que se hacen en el Ministerio de Salud y los chats informales que cruzan Alberto Fernández y su comité de expertos, permiten asumir -hasta hoy- que la curva del coronavirus seguirá aplacada hasta que el 10 de mayo concluya la fase IV de la cuarentena obligatoria.
El Presidente no tiene intenciones de causar falsas expectativas, pero la cuarentena obligatoria puede derivar a optativa si la duplicación de casos es en cámara lenta, el comité avala esa decisión política y la oposición acompaña sin fisuras.
El concepto de cuarentena optativa implica que Alberto Fernández y los líderes de la oposición apelarían a “la conciencia social” para permitir que se pueda salir a la calle, hacer deportes al aire libre o sentarse en el banco de una plaza.
Y si a los catorce días -25 de mayo- la curva al final creció en términos geométricos, los mandatarios provinciales y el jefe de Gobierno porteño tienen que comprometerse a respaldar a Alberto Fernández cuando ordene que la cuarentena regrese de optativa a obligatoria.
Si los principales líderes de Juntos por el Cambio aceptan esta nueva estrategia presidencial, Alberto Fernández deberá decidir qué hará con los grupos de riesgo, las actividades comerciales con fuerte contacto social -espectáculos, restaurantes y bares- y el transporte público.
La decisión científica sobre estos aspectos claves del confinamiento, determinará la amplitud de la cuarentena optativa. La intención es recuperar todos los hábitos cotidianos, pero hacia la búsqueda de ese objetivo ideal, el presidente evalúa métodos que permita usar los colectivos, ir a comer o comprar un par de zapatos sin poner en riesgo el esfuerzo de semanas enteras de cuarentena obligatoria.
En Olivos ya olfatearon un cambio de paradigma, pero Alberto Fernández aún apuesta a preservar el clima de armonía que encuadró las distintas fases del confinamiento. Una decisión política que estará en jaque perpetuo hasta que se anuncie cómo continuará la batalla contra la pandemia a partir del próximo 10 de mayo.




