"Cornejo es así", explicó el presidente Mauricio Macri tratando de prender un imaginario split que refrescara el caldeado ambiente político que el radicalismo ha generado en el oficialismo.
La frase presidencial sonó como la de un padre que reta con aprecio a su hijo rebelde. En realidad admitía que no hay con qué darle a ese mendocino tozudo, agrandado como todo petiso, y pícaro todo terreno.
El Presidente suele decir algo similar ("Lilita es así") sobre los dolores de cabeza que le genera Carrió. Dicho sea de paso, la jefa de la Coalición Cívica trató ayer de "hijo de puta" al jefe de bloque del PRO en Diputados, Nicolás Massot, y de "ser un asco" al ministro del Interior, Rogelio Frigerio.
La reacción de Macri sobre Cornejo aludía a que un día antes el gobernador de Mendoza había puesto en duda la nueva postulación presidencial del líder del PRO con una frase que será recordada: "no hay que descartar que el candidato no sea Macri".
Pero eso no fue todo
También Cornejo había reiterado, por si alguien no se había enterado:"Me parece que Urtubey, Schiaretti, Lavagna o Massa podrían contribuir a la ampliación de la base de sustentación de Cambiemos, que incluso podría cambiar de nombre".
Y a todo eso le había puesto un moño al abrir pùblicamente la posibilidad de habilitar las PASO para que el presidente Macri ratificara con votos su intención de postularse para la reelección.
Como se ve, un Cornejo full-full, lanzado de lleno a jugar políticamente para poder copar la parada de la Convención Nacional de la UCR del 27 de mayo, reunión en la que se definirá si los radicales seguirán en Cambiemos (lo más seguro hoy por hoy) o si se bajarán (lo más improbable).
Mendocinos jodidos
Algunos creyeron entrever en los dichos de Cornejo, sobre todo en el "No hay que descartar..." una tenue evocación del famoso "Mi voto no es positivo" con el que el vicepresidente Julio Cobos rompió su sociedad con los kirchneristas.
No obstante el mismo titular de la UCR explicó que su expresión no tenía que ver con una ruptura sino con oxigenar la coalición gobernante.
En realidad lo de Cornejo parece ser aquello que los franceses llaman un tour de force, es decir una gestión difícil que exige gran esfuerzo y habilidad. ¿Para que? Para demostrar fuerza, poder o destreza.
La lucha se bifurca
Cornejo tiene dos frentes de lucha: uno con sus socios en la coalición Cambiemos en donde debe hacer pata ancha para que el radicalismo gane más espacio y no sea sólo "un che pibe" de Marcos Peña.
El otro, con su propio partido ya que debe llegar a la Convención nacional de la UCR, el 27 de mayo, con poder de convencimiento para que un grupo pequeño de díscolos partidarios no termine imponiendo su idea loca de que hay que irse de Cambiemos.
Cornejo ya propuso hace unos días que Cambiemos debía explorar posibles acuerdos electorales (no sólo pactos temporales para aquietar las aguas durante la campaña electoral) a fin de integrarse con el peronismo civilizado y así poder frizar al kirchnerismo.
Esto encrespó al PRO más rancio y generó uno de los habituales ataques de rabia en Lilita quien amenazó: "si entran peronistas yo me voy".
Es un secreto a voces que Cornejo y varios dirigentes radicales verían con buenos ojos que en una segunda etapa de Cambiemos la candidatura presidencial se airee con otro postulante, que ya tiene nombre y apellido: María Eugenia Vidal.
Sin mojar el lecho
Pero en esta movida el gobernador tiene que cuidarse como de mearse en la cama. Por eso es que hace malabares para tirar iniciativas y abrir el debate, pero sin quemar las naves. Si finalmente la realidad manda que debe ser Macri, irán con Macri.
Si hay algo que Cornejo tiene claro es que el radicalismo debe seguir dentro de Cambiemos. Por el momento no hay vida fuera de ese ámbito para los radicales. De la misma manera que no hay vida para el PRO con un Cambiemos desmenbrado, sin radicales ni lilitos ni Lousteaus.
Cornejo ha dicho que ponerse en modo loco sería tirar por la borda todo lo que se ha logrado en estos años de coalición.
El gran mérito de este gobierno nacional es su aporte para modificar esa cultura política que nos había convencido de que sólo los peronistas podían concluir sus mandatos.
Gracias al resguardo de Cambiemos, las opciones no peronistas van a poder terminar un mandato constitucional sin que los hijos de Perón los hagan renunciar y los suban de prepo a un helicóptero.
