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Análisis y opinión

Che, hablá bien: no es global, es glocal

Editado por Manuel De Paz
mdepaz.2015@gmail.com

Atención a esta palabra: glocal. Es una mezcla de global con local y ahora la están usando mucho los avispados que analizan cómo será el mundo después de la pandemia.

La palabreja tiene algunas décadas, no es novedosa, pero hasta ahora se manejaba en cenáculos, sobre todo empresariales. Por ejemplo, las grandes marcas internacionales, como Coca Cola, la enarbolaban ante sus creativos publicitarios exigiéndoles que su mensaje universal se adaptara a la particularidad de cada país o región.

Ahora los visionarios aseguran que el futuro político de la humanidad será glocal o no será nada. Y advierten que los políticos poscoronavirus deberán estar muy atentos a pensar de manera global para luego actuar de manera local. Aunque la gente de izquierda dice que es al revés, primero la patria chica y después el movimiento.

Dos en uno

Ser local y global –todo en un mismo paquete glocal- no será fácil de masticar para los nacionalistas, los populistas de izquierda y de derecha, o de los que quieren “vivir con lo nuestro” como se planteó a modo de religión durante mucho tiempo en la Argentina.

Tampoco lo glocal será fácil, como ha dicho Albert Montagut en el diario español La Vanguardia, “para los que no están dispuestos a convivir con otras culturas, razas, idiomas y religiones”.

El sociológo norteamericano Jeremy Rifkin, aseguró en La Nación, que “los espacios glocales se engendrarán precisamente de los encuentros y desencuentros de lo global y lo local.

Si usted se pregunta qué es lo que hace que este discurso tenga eco, es posible que le contesten con un clásico lugar común: “Es la economía, estúpido”.

Movete, chiquito, movete

La pandemia –aseguran- provocará tal remezón en la economía del mundo que habrá que pensar y desarrollar nuevas infraestructuras de energía, de comunicaciones, de transporte, y de lo que a usted se le ocurra.

Ya se plantea que el petróleo, el carbón y el gas serán suplantados por energías renovables en especial las de tipo solar, que son más baratas y rentables.

El citado Rifkin asegura que estamos ante el fin de la segunda revolución industrial, es decir la que provocó el cambio climático, y que ya nos llevaron a las puertas de la tercera revolución industrial.

La peste acelerará todo ese proceso, ya que una vez más ha quedado demostrado que algo que pasa en la China  puede tener un impacto inmediato en Pampa y la Vía, es decir acá.

Cada uno con su anteojera

Ahora bien, al día de hoy, ese supuesto futuro glocal se analiza desde posiciones ideológicas ya existentes, es decir con libretos viejos.

Para los que se referencian en China, Rusia, Irán, Cuba o Venezuela se corre el serio riesgo de que el imperio (tal palabra le cabe solo a Estados Unidos) nos sofoque con un relato hegemónico y brutal.

Quienes tienen un discurso liberal pero con condimento social (Europa, en particular los países escandinavos, en general las democracias republicanas, Japón) son los más permeables a encarar un new deal humanitario y progresista.

Las satrapías que vivieron y gobernaron a placer por estar sentados sobre millones de barriles de petróleo, deberán poner las barbas en remojo. Para ellos parece que the game is over.

No lo canso más. Ya se la dejé picando. Me voy a practicar el nuevo término que, encima es un acrónimo, con perdón de la palabra..

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