El francotirador
-¿Cómo se enteró del secuestro?
-A través de la frecuencia policial supimos que había una persecución hacia Dorrego y escuchamos que previamente hubo un enfrentamiento (a tiros entre policías y asaltantes de un local de Godoy Cruz). Alerté al personal y nos preparamos para salir rumbo al comercio de Adolfo Calle casi Cobos. El comisario Oscar Rivas era mi gran maestro, mi comandante. Yo cumplí mi función de sniper, de tirador especial selecto.
-¿El plan se diseñó en el camino?
-Ya cada uno sabe lo que debe hacer en cada intervención, solo nos queda saber la ubicación geográfica para ir y entrar en acción.
-¿Qué hizo entonces?
Recuerdo que debí cambiar de posición cinco veces porque aquel 26 de diciembre era el día más caluroso del año. Cuando llegamos al lugar eran las 10.30 aproximadamente. La primera vez me ubiqué en el techo de una casa vecina, frente al local donde estaba ocurriendo la toma del rehén. El sol calentaba con furia y como el techo de la vivienda esta cubierto de membrana asfáltica se hizo imposible seguir ahí porque, además, el sol me daba en la cara y el reflejo me impedía ver a través de la mira telescópica. Me pasó como en el caso del Morocha en Las Heras, donde el techo era de chapa.
El entrevistado alza un brazo para hacer un gesto, lo que deja ver quemaduras a la altura de los codos. Son "recuerdos" de esos operativos donde debía apostarse en el lugar justo para disparar, aunque eso conllevara alguna dolencia.
-¿Qué fue lo primero que vio a través de la mira telescópica?
-A un hombre muy alto y calvo (por Lencinas) y a otro hombre de mediana estatura, de 1,65 o más, que era Wiecek. Vi en la víctima a un hombre muy angustiado, con mucho estrés y mucho miedo. Era obvio porque lo estaban apuntando con un revólver calibre 38, amartillado y listo para el disparo. Y así fue durante las once horas de cautiverio: Wiecek nunca quitó su arma de la cabeza de Marcelo Lencinas. La pasaba de una mano a la otra. Pero sin dejar de apuntarle.
-¿Cómo tomó la ubicación definitiva frente al lugar del secuestro?
-Rápidamente comencé a sufrir un proceso deshidratación muy severo, así que debí cambiar de posición. Bajé del primer techo y me fui a otro cercano. A la dueña de casa, que era una señora mayor, le pedí que me prestara una manta. La más gruesa, la de mayor espesor que tuviera le pedí. Quería cubrirme sin ser visto desde enfrente. La vecina no podía entender porqué iba a taparme con esa manta, pero fue la que me salvó porque estuve tres o cuatro horas de temperatura muy intensa. Si el captor me hubiera visto su situación de estrés podría haberse alterado.
En la última parte del operativo el tirador se instaló en un jardín maternal decorado con personajes de Disney, que todavía funciona. Los niños y los maestros fueron evacuados por los techos que daban a calle Cobos.
-Estando del otro lado de la calle, ¿cómo logró tener total conocimiento de lo que pasaba entre el rehén y el secuestrador?
-Gracias a que con los años aprendí a leer los labios porque la detonación de tantos disparos en operativos, entrenamientos y competencias deportivas me provocaron una baja del nivel auditivo. Gracias a eso pude saber que Wiecek le estaba diciendo a Lencinas que no se preocupara, que todo sería rápido. Al comienzo le decía eso. Yo transmití todo eso a mis superiores.
-¿Qué es un tirador profesional en un operativo donde la vida y la muerte dominan la escena?
-Un tirador debe ser los ojos del grupo táctico y del personal a cargo de la situación de crisis, en la que intervienen mediadores, negociadores, psicólogos, jueces, abogados, psiquiatras...
"Un sniper debe ser preciso y claro y reportar con naturalidad lo que ve y escucha en la escena de operaciones" "Un sniper debe ser preciso y claro y reportar con naturalidad lo que ve y escucha en la escena de operaciones"